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Tras la muerte, ¿pseudociencia o fe?
Cosmovisión de lo inaccesible
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Alejandro Álvarez Silva

http://simbiotica.wordpress.com/

Sabed que quien cambia la fe por la incredulidad, deja lo bello en medio del camino. (Corán)


La "potencia" que mueve el universo, reflejada en las leyes universales, desde las leyes físicas a cualesquiera otras, es lo podríamos aglutinar bajo el concepto de Dios.


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En mi opinión, lo que conocemos como universo es la etapa de creación, de desarrollo y /o expansión de dicha "Criatura Suprema" o Dios. Desde tal punto de vista no hay un Dios "monolítico", inmutable, con una naturaleza "completa" desde "su origen". Para nosotros, seres finitos, tal Criatura no es tanto que sea infinita (que lo es), sino que es "visualizada" metafóricamente como un más allá de cualquier número o cantidad medible que podamos concebir. Ahora bien, como nos enseña la teoría de los transfinitos de Cantor, hay infinitos "mayores" que otros, lo que hace posible pasar de un infinito a otro dentro del reino de lo infinito, en otras palabras, el infinito puede "expandirse", y en ese sentido Dios estaría en un desarrollo o crecimiento continuo. Y añado que puede concebirse que los seres al fenecer, podrían acompañar (sumarse) a esa "expansión de Dios", engrandeciéndole de algún modo dentro de esa sublime paradoja de la "Unidad Múltiple". Subsiguientemente, los seres que lo "merezcan" acompañarán a Dios en su gloria; la inmanencia de Dios hace el resto. Dios mantiene el universo "vivo", un "mantenimiento" que se extiende por siempre y por encima del propio tiempo conocido (no desecho la posibilidad de "ciclos sucesivos" de universos, de creación y destrucción, de eterno retorno, etc.); y en ese "mantenimiento eterno" o inmanencia se engrandece continuamente el "Cuerpo Místico" de Dios.

Así que no existe una "inmutabilidad" que podríamos calificar a nuestros ojos de "mortecina", dentro de aquella gloria aludida, pero tampoco ésta sería una etapa de autocreación de la propia esencia (la esencia va "in crescendo" a lo largo de nuestra vida terrenal, dentro de esa vida que con anterioridad definí como "aglomerado sensación-información", y donde la información sí es creciente).

¿Y qué podríamos decir de los seres que, ciertamente, se "autoexcluyen" de acompañar a Dios (como se dice vulgarmente: "los malos de la película")?: ¡Pasarían a "reintegrarse" a la nada de la que proceden (y de la que todos sin excepción procedemos)! O sea, se reincorporarían al "caos básico original" que "espera" la oportunidad de una nueva "revitalización", el "empuje" aportado por la "benignidad" de Dios.

La gran diferencia de toda esta cosmovisión, respecto a la visión atea es que en esta última son las fuerzas del ciego azar, dentro de la infinitud de posibilidades, las que permitirían la aparición de la vida, y por consiguiente, en su evolución, el mismo Dios. En la cosmovisión propuesta es Dios quien desde su aparición (no se descarta la posibilidad de su surgimiento a partir de tal azar ciego) dirige el mundo (universo o ciclos universales) en la dirección del engrandecimiento que supone su "potencia creadora", lo que indirectamente significa la posibilidad de "influencia" de lo posterior sobre lo anterior (en la teoría cuántica ya se vislumbra la posibilidad de tal aparente paradoja), materializada como el establecimiento de leyes universales (físicas, etc.) desde la posición divina (posterior) en el origen del cosmos (anterior).

Viene a colación aquí el concepto del Tao original tan asentado en oriente, que se circunscribiría a esa "inconcebible" fase en la que "la nada y el dios inicial" se identificaban: ¡El dios inicial sería, entonces, un "producto" del azar! ¡Mas, una vez que apareció Dios, todo cambió; la transformación de ese Tao en Dios!

La criatura humana, los seres finitos, nos encontraríamos en medio de un indefinible principio (infinito en el pasado), que sería el Tao del caos original, y el infinito temporal, o eternidad en que se desenvuelve Dios.

El óbito de cualquier criatura supone la desaparición de su "presencia espaciotemporal" (disgregación del cuerpo), y con ello el componente de información que dentro de la definición de vida (agregado sensación-información) poseía. La sensación sería el único componente "a conservar", pero dado que la que corresponde a los cinco sentidos ha desaparecido, así como la que acompaña a nuestra sensación corporal interna, sólo quedaría la correspondiente a nuestra "esencia" en ese reino de "lo inaccesible" (lo más íntimo de nuestro sí mismo, el libre albedrío, nuestra voluntad, etc.). Es decir, esa última sensación es lo único que desde el reino de lo inaccesible podría pasar a la supuesta (y nunca demostrada) "otra vida". Llegar a "saciar" la inquietud o angustia de tal "sensación esencial" ultramundana sería don especial de aquella gloria. No en vano el mayor padre de la iglesia católica reflexiona: "Nos hicisteis, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en Ti". (San Agustín)

¡Estamos ante el reino de la fe, indemostrable desde el terreno "informativo" de la Ciencia!

   



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