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Platonismo sentiente
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Manu Herrán
Sintiencia, Realidad

"Lo poco que sé se lo debo a mi ignorancia" --Platón



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Resumen

Voy a llamar platonismo sentiente a la idea de que las experiencias existen por sí mismas, con independencia de los seres sentientes que las experimentan. Incluso aunque la probabilidad del platonismo sentiente fuera extremadamente pequeña, mientras exista una probabilidad mayor que cero, y teniendo en cuenta que no está muy claro de dónde viene la sentiencia, podríamos pensarlo dos veces antes de ignorar esta idea, ya que en caso de ser cierta, sus implicaciones en cuanto a prevenir el sufrimiento serían inmensas.

Índice

  • Introducción
  • Crítica al platonismo
  • Pseudoplatonismo
  • Las metáforas en ciencia y filosofía
  • Platonismo sentiente
  • Monismo emergentista versus monismo inmersionista de la sentiencia
  • Conclusiones
  • Agradecimientos


Introducción

El filósofo conocido como Platón (Aristocles) vivió entre 427 a. C. y 347 a. C. Fue alumno de Sócrates y profesor de Aristóteles. El adjetivo platónico es habitualmente empleado para referirse a la existencia de universales o ideales. Por ejemplo, la manzaneidad y la rojez son universales de una manzana roja determinada.

El platonismo se considera un dualismo ontológico que propugna la existencia de dos tipos de realidad:
  1. un mundo sensible (el mundo de las cosas percibidas por los sentidos, donde se encuentran las realidades individuales, materiales, que suceden en el tiempo y en el espacio) como por ejemplo una manzana, y
  2. un mundo de las ideas (el mundo de las cosas conocidas mediante la razón, donde se encuentran las realidades inmutables, eternas, invisibles, inmateriales, independientes del tiempo y del espacio) como por ejemplo la idea de manzana.
El platonismo subraya la existencia de este segundo mundo de forma independiente del primero, e incluso propone que el segundo mundo es causa o generador del primero.

Crítica al platonismo

El platonismo propone que el mundo ideal y perfecto es quien genera los objetos del mundo material e imperfecto, pero bien pudiera darse la situación opuesta. Nuestras experiencias con mesas, manzanas, amores y patrias van forjando nuestro concepto mental (ideal) de "mesa", "manzana", "amor" y "patria".

El platonismo puede parecer una complicación innecesaria, además de poco intuitivo. Parece razonable pensar que las cosas que percibimos existen sin necesidad de ser heredadas de algún ideal. Es cierto que las manzanas siguen un patrón, que podemos llamar el "ideal de manzana", pero ¿qué pruebas o indicios tenemos de la existencia independiente de ese ideal? ¿Y por qué la existencia una manzana concreta debería depender de la existencia del ideal platónico de manzana?

El platonismo también puede parecer improbable referido a otras ideas, como por ejemplo los números. Supongamos que tenemos 42 mesas y 42 manzanas. ¿Esto nos debe hacer suponer la existencia del ideal platónico del número 42 con existencia independiente de las 42 mesas y de las 42 manzanas? ¿Acaso si desapareciera el ideal platónico del número 42 dejaríamos de tener 42 mesas y 42 manzanas? ¿Cuántas tendríamos entonces? ¿41+x mesas y 41+x manzanas (siendo x un número "desconocido")?.

Pseudoplatonismo

Incluso si pensamos que el platonismo estricto es algo extravagante e injustificado, debemos reconocer que en el mundo hay cosas muy parecidas entre sí y que parece razonable pensar que de alguna forma han sido generadas "a partir de un mismo molde". Si interpretamos el platonismo de forma suave, como la existencia de un tipo especial de cosas singulares que determinan y son causa de una multitud de otro tipo especial de cosas, podremos encontrar respuestas positivas a las preguntas anteriores.

No todas las manzanas se parecen tanto entre sí. Las hay de distintos tamaños, formas y sobre todo, colores (rojas, verdes y amarillas). Pero las manzanas de un mismo árbol sí son muy parecidas entre sí. Todas tienen el mismo color y forma. Sabemos por qué: tienen el mismo ADN. Una molécula de ADN es como una serie de instrucciones, como un programa de ordenador, y contiene en cierto modo la "idea" de todo lo que ese programa puede generar: células, órganos, flores, manzanas...

Por supuesto que tanto manzanas como moléculas de ADN están compuestas del mismo tipo de elementos: de átomos (o cualesquiera otras partículas inferiores que queramos usar para describirlas) y por eso aquí no encontramos un platonismo estricto (ya que ambos elementos, moléculas de ADN y manzanas, pertenecen al mismo tipo de cosas, y no es necesario invocar un mundo de ideales), pero si algo ciertamente similar, una suerte de pseudoplatonismo.

¿Podría ocurrir algo parecido con los números?

Trenaren txistu adarrak isilarazi du Onofre. Tunelean sartu da laster suge ketsua. Burdinetan hamaika hanka baldarren hotsa errepikatu da.

[El pitido del tren hace callar a Onofre. La humeante culebra entra enseguida en el túnel. En los hierros repiquetea el sonido de miles de torpes patas.]

Azken fusila. Edorta Jimenez

Tal vez porque hablan con dificultad, los niños de dos o tres años acostumbran a responder con los dedos a preguntas sobre su edad. Los adultos también usamos ocasionalmente los dedos para comunicar números. Cada vez que alguien produce el símbolo 9 con los dedos nos transmite la idea de 9. Podemos usar las manos para transmitir el 9 tantas veces como queramos: 9 ovejas, 9 piedras, 9 gritos... Pero si en un accidente perdemos dos dedos, ya no podremos transmitir el número 9 con las manos. De hecho, el número 10 supone un límite, y los números a partir del 11 pueden considerarse "muchos". Así ocurre exactamente en el idioma euskera, en el que la palabra "hamaika" (literalmente, once) es traducida al castellano como "miles" (significando en ambos casos: muchos). Un niño puede aparecer por televisión y si es preguntado por su edad, sus dedos pueden servir para transmitir la idea de "tres" a millones de personas, activándola en sus neuronas.

Adicionalmente, para algunos el platonismo en matemáticas puede ser muy intuitivo y difícil de rechazar. Los números de la serie infinita de los números naturales (1, 2, 3, 4...) parecen tener algún tipo de existencia platónica atemporal e independiente. Números naturales arbitrariamente grandes en los que jamás nadie haya pensado y que jamás nadie haya representado (escrito, hablado...) parecen tener algún tipo de existencia propia, eterna, inmutable. Los números naturales parecen estar en algún lugar ideal, siempre disponibles para a ser invocados o descubiertos, pero no inventados.

Si no parece imposible que exista algún tipo de platonismo en los números ¿por qué no plantear un posible platonismo de las experiencias?

Las distintas percepciones que tenemos (y particularmente, las visuales) convergen hacia un mundo externo material determinado, objetivo, donde el agua pesa más que el aceite. Curiosamente, ocurre algo similar con las ideas platónicas, como las matemáticas, que también convergen hacia un conjunto de verdades determinado, donde la longitud de una circunferencia es igual al diámetro multiplicado por un curioso número al que llamamos Pi. Si es la convergencia de las experiencias subjetivas la que otorga credibilidad al mundo físico ¿no debería la convergencia de las ideas matemáticas otorgar credibilidad al mundo platónico de las matemáticas? Mucha gente está de acuerdo en el primer punto, muy intuitivo (la convergencia de las experiencias subjetivas otorga credibilidad al mundo físico), muchos menos con la segunda (la convergencia de las ideas matemáticas otorga credibilidad al mundo platónico de las matemáticas). Yo propongo adicionalmente una tercera: que la convergencia de las experiencias subjetivas otorga credibilidad a un posible mundo platónico de las experiencias.

Existe una simetría entre emergentismo e inmersionismo. Emergentismo e inmersionismo son dos enfoques o teorías metafísicas simétricas para describir la realidad.

En el enfoque emergentista las cosas materiales (las materias), agrupadas de determinada forma, generan la individualidad (el yo). Adicionalmente, el individuo experimenta la existencia de cosas experienciales, como la sensación de frío o el amor, pero esta realidad subjetiva se considera un epifenómeno o incluso se niega (eliminativismo).

En el enfoque inmersionista las cosas experienciales (las experiencias), desagrupadas de determinada forma, generan la individualidad (el yo). Adicionalmente, el individuo experimenta la existencia de cosas materiales, como un átomo de oro o un planeta, pero esta realidad material se considera un epifenómeno o incluso se niega (espiritualismo). La hipótesis de la existencia de las experiencias, independientemente de los individuos que las experimentan, es análoga y simétrica a la hipótesis de la existencia de las materias, independientemente de los individuos que las experimentan.

No parece del todo descabellado pensar que si de alguna forma las experiencias de los seres concretos tuvieran dependencia de ciertas experiencias platónicas, entonces modificando o incluso eliminando la experiencia platónica, podríamos aliviar e incluso hacer desaparecer totalmente ciertas experiencias negativas para todos los seres.

El platonismo sentiente puede verse reforzado por la idea de que tal vez vivamos en una simulación y los seres seamos "instanciados" a partir de un objeto ideal, de la misma forma que las "instancias" de los objetos software en "Programación Orientada a Objetos". Por ejemplo, podríamos almacenar la variable "felicidad" de nuestros agentes software con 4 dígitos binarios, siendo 0000 el valor más bajo y 1111 el valor más alto. Cambiando el sistema de forma que usemos tres bits en vez de cuatro, podría parecer que automáticamente estaríamos siendo capaces de hacer desaparecer cierto tipo de experiencias. Sin embargo, esto no parece tener mucho sentido cuando hablamos de la sentiencia, ya que el hecho de asignar a una variable informática el nombre "felicidad" no nos da ninguna garantía de que el objeto software que la contiene experimente felicidad dependiendo de su valor. Más bien al contrario, el monismo emergentista es perfectamente compatible con la idea de que aquello que consideramos nuestro mundo material es una simulación, y que la sentiencia puede emerger tanto en nuestro mundo "material" como en los mundos que nosotros simulamos. Esta interpretación del argumento de la simulación se aproxima a la idea de que toda materia es información (las partículas son ondas, campos), pero hay otra forma de ver el argumento de la simulación y es considerar que sólo las experiencias son simuladas (creadas desde el otro mundo). Ciertamente, no es necesario simular todo el universo físico, sino únicamente el universo tangible (aquella parte que alguien va a percibir). Es decir, de hecho, no es necesario simular absolutamente nada material del universo; únicamente es necesario simular las experiencias subjetivas. Y ésta forma de ver el argumento de la simulación sí parece ser más propicia al platonismo sentiente, ya que de la misma forma que nosotros creemos que empleamos materia (ordenadores) para simular materia (aviones y puentes), tal vez en otro mundo platónico alguien esté empleando sentiencia para simular sentiencia.

Una objeción que puede aparecer en este punto es que aún siendo cierta, esta hipótesis no nos servirá de nada ya que las simulaciones, y en general, los seres creados por otros seres siempre serán inferiores y más débiles que sus creadores, encerradas en un mundo estanco, perfectamente delimitado. Pero esto no es cierto. Las simulaciones pueden interactuar con sus creadores. En algún momento, la inteligencia general artificial podría ser más poderosa y flexible que la más poderosa y flexible de las inteligencias conocidas hasta la fecha: la inteligencia humana. Los mundos simulados podrían ser más potentes que sus creadores, y eventualmente modificar y controlar sus creadores.

Las metáforas en ciencia y filosofía

"¡Quién sabe! Tal vez los sonidos se comporten de forma similar a las ondas en el agua. Me refiero a que si tiras una piedra a un estanque, podrás ver unos círculos concéntricos expandiéndose. Y si conectas dos estanques aunque sea mediante un pequeño canal de agua, podrás ver como las ondas lo atraviesan y se extienden de nuevo al otro lado. Tal vez ocurra algo parecido con el sonido, aunque no veamos las ondas".

El platonismo ha sido criticado desde el mismo Aristóteles por ser explicado mediante metáforas, que no demuestran nada. Efectivamente, las metáforas tienen capacidad explicativa, pero no demostrativa.

No pretendo que las metáforas que aparecen en este texto sean consideradas como pruebas ni como indicios de determinadas hipótesis. Su intención es aportar capacidad didáctica y verosimilitud, subrayando que si bien hay determinadas hipótesis que podemos considerar improbables, tal vez no estemos en condición de establecer que son totalmente imposibles; y en caso de ser ciertas, las consecuencias podrían ser colosales. Estos dos argumentos (1: es posible; y 2: sus consecuencias serían muy relevantes) tal vez no sean suficientes para considerar hipótesis descabelladas en relación a aquellos asuntos que creemos entender bien, pero sí podríamos darles una oportunidad si además, las hipótesis tratasen acerca de alguna de las cosas que no terminamos de comprender bien, tal como reflejan los nombres que damos al "problema de la consciencia", el "problema difícil de la consciencia" y el "problema mente-cuerpo".

Platonismo sentiente

Supongamos que tenemos varios cubos de agua con diferentes temperaturas. Imaginemos que existen unas esponjas de plástico que entran y salen de los cubos.

En esta metáfora las esponjas mojadas son seres sentientes, y el agua (a diferentes temperaturas) son las experiencias. Cada esponja junto con el agua contenida en ella conforman un todo coherente, de forma que se identifica la temperatura del agua contenida dentro de la esponja como la experiencia específica que experimenta dicha esponja.

Las altas temperaturas corresponden con experiencias positivas (diferentes satisfacciones o placeres) y las bajas temperaturas con experiencias negativas (diferentes frustraciones o dolores). En cada esponja, cuanto más alta sea la temperatura, tanto más placentera será la sensación, y cuanto más baja, más dolorosa; existiendo una temperatura intermedia en la que se produce un estado de indiferencia, sin placer ni dolor significativo.

Evidentemente, hay diferentes experiencias (aguas), tanto positivas como negativas (calientes o frías), que podríamos valorar de la misma forma (misma temperatura), aun siendo de diferente tipo. Por ejemplo, si este fin de semana quiero dedicarlo a visitar viejas amistades, tal vez podría viajar a Valencia a ver a amigo, o también podría ir a Málaga a ver a otro. Si tengo dudas y no sé cuál de los dos viajes elegir, tal vez sea porque ambas experiencias, aún siendo diferentes, me van a proporcionar una satisfacción similar. Para tener en cuenta esto podemos suponer que los cubos tienen el agua coloreada, de forma que dos cubos pueden tener el agua a la misma temperatura, pero de un color diferente. En la metáfora los dos fines de semana serían como dos cubos con agua de distinto color, pero misma temperatura.

Es muy importante señalar que en esta metáfora el agua representa las experiencias, y estas experiencias (agua) existen independientemente de las esponjas. Por ejemplo, un cubo etiquetado como "dolor de muelas" podría contener agua azul a 4 grados centígrados, y otro etiquetado como "cosquillas agradables" podría contener agua naranja a 27 grados centígrados. Al introducir la esponja en un cubo, la esponja adquiere dicha experiencia (dolor de muelas o cosquillas) y las esponjas (seres) pueden identificar sus propias experiencias y las de otros seres en función del tipo de agua que contienen. Pero el agua existe independientemente de las esponjas.

Las esponjas entran y salen de los cubos. Al cambiar de cubo, la esponja adquiere un agua diferente, de la misma forma que los seres experimentamos diferentes cosas a lo largo del tiempo. En un proyecto para reducir o eliminar el sufrimiento, y según esta metáfora, existe el riesgo de que podríamos estar enfocados en aliviar el sufrimiento llevando esponjas progresivamente desde los cubos más fríos hacia los cubos más calientes. Y suponiendo que existe una mayoría de cubos de agua fría, y que las esponjas son capaces de reproducirse, podríamos dedicarnos a promover evitar la reproducción de las esponjas, como forma de evitar que existan nuevas esponjas en cubos de agua fría. Incluso podríamos plantearnos que el mejor mundo posible es aquel en el que no existen esponjas.

Efectivamente, en ambos casos podríamos comprobar que hay esponjas individuales y muy concretas que han mejorado su bienestar, y que ahora se encuentran en cubos más calientes. O que ya no hay ninguna esponja en ciertos cubos especialmente fríos. El problema es que dichos cubos de agua fría seguirían existiendo, y si la metáfora fuera cierta, no habríamos solucionado realmente nada. Si esta metáfora representase verdaderamente la naturaleza de las experiencias, estaríamos perdiendo el tiempo llevando unas esponjas de unos cubos a otros, o evitando que las esponjas se reprodujeran. Lo que deberíamos hacer es aumentar la temperatura de los cubos fríos. Al hacerlo, ciertas experiencias negativas dejarían de existir, o quedarían aliviadas, instantáneamente, para todos, y para siempre.

El platonismo sentiente es compatible con la idea acuñada como "Individualismo abierto" es decir, que sólo existe una identidad subjetiva que es todos al mismo tiempo.

Monismo emergentista versus monismo inmersionista de la sentiencia

La idea de que la sentiencia emerge sin más bajo ciertas condiciones o configuraciones, y que eso no tiene nada de especial, puede ser muy intuitiva y se puede apoyar en algunas metáforas, animándonos a pensar que el platonismo sentiente es falso.

En su libro "La sociedad de la mente" Marvin Minsky se preguntaba: ¿en qué consiste el concepto de "recipiente"? y ¿cómo se las arreglan las cajas para mantener las cosas dentro? Podemos juntar seis tablas creando la forma de un cubo geométrico, el cual adquirirá gracias a ello la propiedad de "contener cosas". Se convertirá de esta forma en un recipiente. Podemos decir que la propiedad de ser "recipiente" emerge de cierta configuración o interacción entre varios elementos.

La sentiencia, así como la capacidad de ser "recipiente", podría ser gradual. Con la ayuda de la fuerza de la gravedad, que atrae las cosas hacia "abajo", y disponiendo de cinco superficies planas, podemos hacer un recipiente bastante bueno. Incluso con tres puede funcionar si lo sujetamos bien con las manos. No hace falta evocar a ningún extraño mundo platónico para explicar y comprender los recipientes.

Metáforas como la de la caja podrían llevarnos a pensar que comprendemos bien la sentiencia. Marvin Minsky entre otros propone que la sentiencia se produce en la interacción de diferentes agentes mentales en un "mercado" en el que compiten y se seleccionan soluciones a diferentes necesidades que pueden ser contrapuestas, como por ejemplo: tener sueño y hambre al mismo tiempo. La sentiencia se relaciona o identifica con la existencia de una representación neuronal del entorno, subjetiva y egocéntrica.

Se considera la sentiencia la capacidad de crear un mapa del entorno y/o la competencia entre distintas ideas en un "teatro de la mente". Se dice que la sentiencia emerge de ciertas configuraciones o que existe es útil evolutivamente. Pero de la misma forma que he empleado la metáfora de ser "recipiente" para explicar y defender el monismo emergentista, ahora voy a emplear la metáfora del vuelo para defender y explicar por qué es posible un monismo inmersionista de la sentiencia: el platonismo sentiente.

Podemos definir "volar" como "tirarse al suelo y fallar". Planear es una cierta forma de volar y evolutivamente puede haber sido extremadamente útil tener unas rudimentarias alas que sirvan para frenar y dirigir la caída lo mejor posible, hasta desarrollarse los complejos mecanismos de vuelo que podemos ver en un majestuoso cóndor.

La capacidad de sentir podría ser como la capacidad de volar. Sin embargo, nosotros podríamos estar definiendo equivocadamente la capacidad de sentir como la capacidad de tener plumas.

No basta con afirmar que la sentiencia es útil para la supervivencia. También las alas son útiles para el vuelo, pero se puede tener alas y no volar, y volar y no tener alas. Puede haber plumas artificiales que no son creadas para volar, sino para escribir; y también se puede volar en avión, sin plumas. Si sólo nos fijamos en las "alas" de la sentiencia, tal vez nos estemos dejando fuera una gran cantidad de sentiencia en el mundo físico que no somos capaces de reconocer. David Chalmers sugiere que incluso un termostato podría tener experiencias.

Cuando explicamos cómo reconocemos a otro ser sentiente, se habla de criterios conductuales, evolutivos y fisiológicos, pero lo hacemos "a posteriori" de una manera muy egocéntrica. Partiendo de la evidencia máxima "yo siento", parece que realizamos una interpolación entre individuos que tienen aspecto similar y/o comportamiento similar al propio ("Si se parece a mí y se comporta como yo, sentirá como yo"); también parece que hacemos una interpolación entre especies ("Si ha sido creado como yo, sentirá como yo") valorando si tiene el mismo origen (evolutivo) y si es genéticamente próximo a mí. Adicionalmente y dado que la sentiencia tiene una utilidad evolutiva, parece que establecemos -injustificadamente- que tener una utilidad evolutiva es un criterio necesario para existir sentiencia.

Si observáramos un grupo de seres humanos matando un cerdo para después comérselo, podríamos tratar de defender al cerdo argumentando que el animal siente: "mira la expresión de pánico sus ojos", "escucha sus desgarradores gritos", "fíjate como se retuerce de dolor"... pero esto podría ser como decir, para argumentar que un animal es volador: "fíjate que huesos tan ligeros", "qué forma tan aerodinámica" y "qué majestuosas alas". El hecho de que esa descripción encaje con la de un ser volador no quiere decir que todos los seres voladores deban tener dichos atributos. Los aviones son aerodinámicos pero no tienen plumas ni son especialmente ligeros.

En el platonismo se considera que el mundo de las ideas es el mundo real, genuino y perfecto, mientras que mundo tangible es una representación imperfecta del primero, cuya realidad no tiene tanta fuerza. En la metáfora de las esponjas y los cubos de agua, y en cuanto a la sentiencia, sólo existe una sentiencia, el agua, por lo que considero a este platonismo sentiente más monista que dualista y prefiero llamarlo monismo inmersionista. Esto recuerda las metáforas del sufismo que tratan de la gota y el mar:

"Drop the shape, break the form | The shape of mind | The form of this dream of existence. Listen to the ocean | The true song of creation | That there was ocean and nothing else | And now there is ocean and nothing else".

La sentiencia parece emerger bajo ciertas condiciones, pero es que precisamente nos dedicamos a buscarla en seres similares a uno mismo, siendo uno mismo sentiente. El problema de la sentiencia no está bien resuelto y el monismo inmersionista del platonismo sentiente no debería ser descartado, especialmente cuando las consecuencias en cuanto a reducir el sufrimiento serían abrumadoras.

Conclusiones

El monismo emergentista parece una buena explicación de la aparición de la sintiencia pero no deberíamos descartar otras posibilidades más o menos platónicas, análogas a la existencia platónica de los números naturales o a la metáfora de las esponjas y los barreños de agua a distintas temperaturas, en el que las esponjas son los seres, siendo las aguas las experiencias. No pretendo que la metáfora de las esponjas anime a dejar de ser compasivo con seres individuales concretos. Por el contrario, creo que debemos ayudar al máximo número de individuos que podamos ayudar, priorizando el altruismo con aquellos que se encuentren en las situaciones más duras y desesperadas, evitando en lo posible la reproducción de seres vivos sentientes cuando no exista una garantía de la felicidad de los descendientes, y tratando de buscar las formas más efectivas de ayudar al máximo número de seres sentientes, empleando para ello los mejores conocimientos científicos y herramientas tecnológicas que podamos disponer, y como propone David Pearce, empleando la ingeniería genética para mejorar la programación que ha hecho la naturaleza con nosotros, los seres sentientes. Y así como no deberíamos descartar precipitadamente la sentiencia en contextos menos intuitivos, como la sentiencia de los insectos y la sentiencia de las simulaciones, que podrían generar una catástrofe moral, deberíamos también tener en cuenta la posibilidad del platonismo sentiente.

Agradecimientos

Gracias a Janique Behman y Vicent Castellar por las sugerencias recibidas tras la lectura del borrador de este artículo, que me han resultado muy útiles.

Primera versión: 28 Sep. 2016
Revisado: 23 Mar. 2017

   



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