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¿Cómo surge el yo consciente? Parte 3
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Manuel Fontoira Lombos


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Ese algo peculiar que sistemáticamente hagan las neuronas en correlación con el yo consciente, pero no con otro fenómeno, debe ser posible, debe estar dentro de las posibilidades morfofuncionales del sistema nervioso, y a su vez ha de posibilitar la integración de algunas redes de la corteza de asociación, mediante algún tipo de concurrencia temporal entre sus neuronas individuales, o señales simples, que no sea la sincronización en fase, durante la efectividad de la subjetividad.

Dicho mecanismo de integración neuronal ha de explicar que la mente pueda recrear un entrelazamiento de objetos mentales abstractos para dar lugar a un todo patente como tal a escala macroscópica y en el terreno de la abstracción, tal vez de modo análogo a cómo ocurre el entrelazamiento de partículas ultramicroscópicas de acuerdo con la mecánica cuántica, por el que varias partículas, al proceder de un foco común coherente (coherente no en el sentido de congruente, como hasta ahora, sino con otro significado que se desvelará más abajo), pasan a ser una sola cosa a ciertos efectos en la práctica con un error despreciable y en determinada escala, una sola partícula, como si la subjetividad no fuese otra cosa que la recreación a escala de un entrelazamiento cuántico (la palabra entrelazamiento se ha utilizado varias veces de manera intencionada a lo largo del ensayo, y ya va llegando el momento de ir viendo por qué), ora se trate de un isomorfismo, ora de una analogía sin sentido. El caso es que esta analogía sin sentido podría tener algún sentido.

¿Hay algún fenómeno natural capaz de convertir algo múltiple en una sola cosa indivisible a ciertos efectos, fenómeno que además pueda ser recreado por el cerebro para lograr la subjetividad?

Resulta que hay un fenómeno en la naturaleza que consigue que dos objetos, al ligarse, al entrelazarse, sean uno solo, un estado ligado que, a diversos efectos, al efecto de cierta medición según ciertos parámetros en determinada escala, será de hecho un solo objeto con un error despreciable en la práctica. Dicho fenómeno es el entrelazamiento cuántico, la formación de estados ligados. Por ejemplo: un protón es básicamente un estado ligado de quarks (que son un tipo de partículas elementales). El protón no es una partícula, son varias ligadas, y sin embargo en la práctica es una sola partícula a ciertos efectos con un error despreciable. De hecho, durante años el protón fue considerado una partícula elemental a partir de los resultados experimentales de entonces, y a los físicos les costó descubrir que no era elemental, porque lo parecía en sus primeras mediciones.

Ahora bien, el entrelazamiento es un fenómeno propio de la mecánica cuántica, la parte de la física que explica el comportamiento de lo ultramicroscópico, mientras que la subjetividad es macroscópica, por lo que un entrelazamiento de objetos mentales parece otra analogía sin sentido.

¿Será capaz la mente de recrear el trasunto de un comportamiento cuántico a gran escala, aun a sabiendas de tener que aceptar que sería una recreación, no un comportamiento cuántico verdadero, sino una abstracción del mismo mediante la recreación de esa forma en determinada escala (independientemente de si sería un isomorfismo o una analogía sin sentido)?

Tal vez sí, y quizá hasta sea comprobable.

Si el cerebro consiguiese recrear convincentemente un estado ligado entre objetos abstractos conseguiría que la mente tomase la forma de un solo objeto abstracto a ciertos efectos en la práctica, y en determinada escala, y así tendría sentido que el yo consciente dé la impresión de ser una partícula, pues más o menos así se ha descrito metafóricamente desde antiguo al alma (entendida como yo consciente), en ocasiones, en diversas épocas: algo así como una partícula atómica encerrada en el cerebro (aunque la definición de alma ha variado con las épocas, por supuesto, pasando desde ser considerada en el Génesis un soplo vital divino que anima a lo inanimado para dotarlo de vida, el ánima, con la consiguiente posible confusión entre vida y conciencia, hasta la identificación del alma y el yo consciente en ocasiones durante la época de la filosofía escolástica, con las dificultades que entraña implicar al concepto de alma, un concepto religioso, en asuntos del cerebro, un órgano biológico; por ejemplo: ya en el Eclesiastés se afirma que los muertos nada saben, con lo que el alma de sus muertos, que se supone que permanecería en espera de la resurrección del cuerpo, difícilmente podría ser su conciencia, en contra de lo que se ha pensado en otras ocasiones en el pasado, etc.).

Si el cerebro consiguiese recrear un estado ligado, tal vez el sujeto tendría una razón para existir. El sujeto es efectivo, así que tal vez esté ya ocurriendo la recreación de dicho entrelazamiento, y quizá sea esta simple idea la descripción de la solución para este enigma de la mente: cómo surge el yo.

A priori parecerá difícil que el cerebro recree de algún modo un estado ligado, un estado entrelazado, ya que éste es un estado cuántico, y las neuronas no son partículas subatómicas con un comportamiento cuántico, sino células vivas, con un comportamiento biológico (clásico), no cuántico.

¿Ha sido frecuente la concepción de la mente consciente subjetiva como algo que se define por ser único e individual?

Aldous Huxley, en su ensayo Los demonios de Loudun, al hacer un repaso acerca de la concepción que sobre el alma se tenía, por ejemplo, en el siglo 16, según la corriente filosófica mayoritaria en occidente, de acuerdo con las conclusiones tras el estudio de las anatomías del alma que se estilaban en tal época, afirmaba lo siguiente: “El alma es simple, porque no puede descomponerse ni desintegrarse. En cuanto a su etimología, es un átomo psicológico: algo que no puede ser dividido”.

¿Cómo podrían las neuronas recrear un comportamiento cuántico?

La transmisión de información en las sinapsis está cuantificada, así que tal vez haya algún modo de codificar información con el significado de dicha recreación, del mismo modo que se codifican y recrean en el terreno de la abstracción tantas otras cosas con tanta versatilidad en el cerebro.

¿Hay otras recreaciones de comportamientos ultramicroscópicos a mayor escala en la naturaleza, aparte de la posible recreación de un entrelazamiento cuántico entre objetos mentales en el cerebro, independientemente de si se trata de isomorfismos o de analogías sin sentido?

Tal vez haya unos cuantos ejemplos de esta situación. Por poner un ejemplo de un posible candidato: tal vez el agua líquida recree en la escala macroscópica (mecánica clásica) comportamientos análogos a los que se observan en la escala cuántica (mecánica cuántica); véase cómo podría estar teniendo lugar ésto:

Una onda se podría definir como una perturbación transmitida en un medio o en el vacío; pues bien, un movimiento ondulatorio sería la transmisión de un movimiento vibratorio armónico simple (un movimiento vibratorio armónico simple es un vaivén periódico alrededor del punto cero, con velocidad variable proporcional a la distancia al punto cero, de tal modo que en su representación gráfica en función del tiempo aparece con forma sinusoidal, ondulada y regular); y resulta que en el agua, si se sumerge un foco con una vibración armónica simple, se transmite dicho movimiento en forma de una onda (una onda en el agua, literalmente: una ola macroscópica, de hecho); dicha onda u ola en el agua tendrá longitud de onda, frecuencia, amplitud, y será capaz de fenómenos de difracción, refracción e interferencia, y todo ello a escala macroscópica; resulta que las partículas elementales también se pueden categorizar como ondas, según se desprende de algunos experimentos, pues al igual que las ondas en el agua (habría que decir: las ondas en el agua al igual que las partículas elementales, al ser las partículas lo fundamental) presentan longitud de onda, frecuencia, amplitud, y fenómenos de difracción, refracción e interferencia de ondas; pero, a diferencia de las ondas en el agua, los fotones (por ejemplo) se transmiten en el vacío, y a la velocidad de la luz, y llevan una partícula asociada, y son irreducibles (elementales); en cambio, las ondas en el agua no son ondas concretas a cualquier efecto, sino recreaciones de ondas, pues son visibles a simple vista con su forma, pero reducibles a un mecanismo fundamental (el movimiento mecánico de las moléculas de agua), no viajan por el vacío ni a la velocidad de la luz, y no llevan una partícula asociada; entonces tal vez sí que sería aceptable que el agua hace algo así como recrear ondas a mayor escala (del mismo modo que los pixels de una pantalla pueden recrear un rostro a mayor escala), y que las ondas en el agua carecen de la concreción de, por ejemplo, los fotones, a todos los efectos, a diferencia de los fotones, y de algunas de sus propiedades. Ciertas propiedades, sorprendentemente, sí son recreadas en el agua a escala macroscópica, e iguales a las de los fotones, es decir, enunciables con ecuaciones similares aunque a distinta escala, como la propiedad de la interferencia, o como la de la difracción (aunque en el caso del agua sin el paradójico y contraintuitivo comportamiento del fotón en el fenómeno de la doble rendija de Young).

Curiosamente un estado entrelazado es un estado cuántico coherente (coherente no en el sentido de congruente, sino en otro sentido que se verá enseguida), de modo que SOL podría ser la recreación de un estado ligado mediante la recreación de un estado cuántico coherente entre las redes implicadas. ¿Por qué no, si el cerebro es un sistema de osciladores acoplados?

¿Tendría que ver la emergencia de la subjetividad con la formación de redes y un cambio de escala subsecuente?

El modo en que se recrea una escala que sea macroscópica respecto de la escala previa (que será microscópica respecto de la posterior), por ejemplo, una escala correspondiente a la percepción de SOL a simple vista a partir de partes (redes) menores (redes S, O y L), podría consistir entonces en la integración sucesiva de redes menores en redes de mayor tamaño, así de simple. Para que ocurriera así y no de otra manera el fenómeno tendría que ser necesariamente un comportamiento del cerebro posible y peculiar, por su compleja estructura, algo propio por tanto del cerebro, dentro de sus posibilidades, y no de las de un melocotón u otra cosa que no sea un cerebro. Ésto a su vez sería congruente con el posible hecho de la dependencia o vinculación de la emergencia de la subjetividad con la complejidad en el sistema, hasta alcanzarse ese hipotético umbral de emergencia de la subjetividad.

La efectividad de la escala macroscópica de percepción parece por tanto vinculada necesariamente a la formación de una estructura morfofuncional literalmente macroscópica, la red neural: la percepción sería macroscópica y dependería de una estructura macroscópica respecto de las estructuras previas vinculadas con la consumación del proceso de percepción, hasta alcanzarse un umbral de complejidad en el que emergería la subjetividad de algún modo y por tanto la percepción sería efectiva.

El cambio de escala sucesivo tendría que ver entonces, simplemente, con la integración en redes de complejidad creciente (y de tamaño creciente, de hecho). Tendría que ver entonces con la efectividad de las redes como estructuras que son unidades morfofuncionales de por sí de hecho, y macroscópicas de hecho, en la práctica.

¿Hay alguna evidencia de la efectividad de las redes como unidades morfofuncionales del cerebro?

En la actualidad en algunos laboratorios se identifican redes neurales correlativas con ciertas funciones mentales, para lo cual utilizan técnicas de neuroimagen como la tomografía por emisión de positrones, o la resonancia magnética funcional, que no tienen excesiva resolución (no obtienen, por decirlo así, imágenes neurona a neurona), pero sí la suficiente como para identificar lo que se supone que son redes neurales.

Todavía no se han descrito, que se sepa, redes correlativas con S, O, L o SOL, que se están usando en este ensayo como ejemplos ideales de posibles redes, por ser ejemplos fáciles de intuir (cuando se dice fáciles de intuir se quiere decir que son fáciles para el autor, en primer lugar, que es el primero en quedar aturdido y fatigado por lo trabajoso, espeso y denso que está resultando ser este ensayo, y aun falta la parte más difícil).

¿Qué tendría que ver el cambio de escala con la emergencia de la subjetividad?

De alguna manera no es posible la percepción de la separación entre las partes a las que se reduce la subjetividad. Por ejemplo, al pensar en SOL, y por tanto en el sol, se concibe un solo objeto en el cielo, no tres, o, por ejemplo, al percibir una bola de billar roja sobre una mesa de billar, se concibe una sola bola, no varias a partir de los objetos mentales que componen de hecho su percepción, como puedan ser su forma, su color, su brillo, etc.

Para no percibir las partes de algo, y percibirlo como un todo, por ejemplo, para no percibir los ladrillos de una pared, hay que alejarse de la pared lo suficiente, para seguir percibiendo la pared pero sin distinguir ya los ladrillos por falta de resolución del sistema de medición a la nueva distancia (la nueva escala de medición). Ésto es lo mismo que decir que para no distinguir las partes y percibir sólo el todo hay que cambiar la escala de medición, hay que usar una escala mayor (que es lo que ocurre, por ejemplo, al alejarse de la pared), una escala mayor en la que la unidad de medida, la distancia entre las “rayitas de la regla o vara de medir”, sea mayor que la distancia entre los dos extremos de cada ladrillo (en el ejemplo del muro), de modo que el ladrillo ya no pueda ser detectado en esa escala mayor, al no poder ser ya medido con esa unidad (al ser la unidad mayor que el ladrillo), siendo la escala mayor macroscópica respecto de la escala menor previa, y siendo el ladrillo entonces un objeto microscópico e imperceptible como tal a escala macroscópica. Al mismo tiempo, la nueva distancia del observador a la pared no debe ser tanta como para dejar de detectarse la pared todavía, y así será mayor, la pared, que la distancia entre las rayitas sucesivas (la unidad) de la escala mayor, y por éso puede ser detectada en esa escala macroscópica con esa unidad de medida mayor. Cuando uno dirige la mirada hacia la pared desde la escala macroscópica confinada (la escala suficientemente grande como para no detectar ladrillos), uno percibe pared, no ladrillos, y sin embargo son ladrillos lo que está uno viendo (aunque no percibiendo) de hecho, como se comprueba al aproximarse uno otra vez, y son ladrillos lo que la pared es, de lo que está hecha, a lo que se reduce (del mismo modo que al percibir un avión a reacción en el cielo, muy alto, de lejos parece ir despacio, y sin embargo vuela a 800 kilómetros por hora, de modo que si nos pasara de cerca parecería una bala; y del mismo modo que al mirar al mar uno está viendo moléculas de hecho, aunque perciba agua; y del mismo modo que al ver una película de cine se percibe una figura en movimiento, y no una sucesión de imágenes fijas); del mismo modo que al percibir una bola de billar roja esa percepción, ese objeto mental, es actividad neuronal, aunque nos parezca otra cosa dependiendo de la escala, como en los ejemplos anteriores (aunque resulta más difícil de entender en este último caso, entre otras razones, porque, aunque intentemos “acercarnos” a nuestras neuronas desde el yo para percibir nuestra propia percepción de las cosas como actividad neuronal, no podremos, y no sólo porque somos esa percepción y no se puede meter una caja dentro de sí misma, no podremos ser conscientes de si este todo tiene partes microscópicas simplemente porque la percepción está confinada en su escala macroscópica, la percepción no puede ser efectiva a escala microscópica; no obstante, podemos comprobar que las neuronas están ahí con un microscopio).

Acercarse y alejarse de la pared de ladrillos es lo que de algún modo (menos intuitivo que en el caso de la pared y los ladrillos, que es más fácil de visualizar), ha de hacer el cerebro para que al cambiar la escala, pasando de la microscópica a la macroscópica, de neuronas a redes, emerja el todo, la subjetividad, y quede además confinada de modo que no se perciban las partes (los ladrillos, la actividad neuronal), y sí el todo (la pared, el yo consciente). Ésto es lo que tendría que ocurrir para que, por ejemplo, una manzana que está siendo percibida sea patente con carácter único e individual, como si la manzana fuese un objeto mental único e individual (cuando no lo es, pues, sin ir más lejos, está formada por objetos mentales, por ejemplo: forma, brillo, color, etc.), o como si hubiese un yo único e individual contemplando dicha manzana, o dicho de otro modo, y gracias al carácter ilusorio de la percepción, como si yo, cada uno de nosotros, fuésemos un todo único e individual, cuando somos una multiplicidad de neuronas.

¿Ya se había mencionado en el pasado al entrelazamiento al tratar sobre la subjetividad?

Husserl, que vivió de 1.859 a 1.938, escribió una vez: “La conciencia (se supone que en referencia al yo consciente, la experiencia consciente como individuo único) es el entrelazamiento de las vivencias psíquicas en la unidad de su curso.” Resulta llamativo que Husserl achaque la unidad de la experiencia consciente subjetiva al hecho de tener lugar la integración de dicha unicidad en función del tiempo, y resulta interesante que aparezca la palabra entrelazamiento en esta frase, porque parece ser que Husserl afirmó esto en sus Investigaciones lógicas, publicadas antes de 1.935, la fecha de publicación del artículo de Einstein, Podolsky y Rosen en el que se predecía el entrelazamiento cuántico.

Husserl hace referencia al entrelazamiento de las partes, a la ligazón, de la que se ha venido hablando previamente en este ensayo. Husserl hace referencia al entrelazamiento como condición necesaria, se sobreentiende, para que la vivencia sea algo continuo. Parece evidente que Husserl pertenece al grupo de autores que intuyeron que la conciencia (conciencia entendida como experiencia consciente subjetiva) es única, a pesar de tener partes, y es función del tiempo.

¿Cambian las propiedades de un sistema con el cambio de escala?

Thomas, en el artículo: Gases de Fermi atrapados ópticamente, publicado en Investigación y Ciencia, en 1.992, afirmaba que hay un principio universal que establece que el cambio de escala no modifica las propiedades fundamentales del sistema (de modo que, por ejemplo, al emerger la subjetividad en un sistema consciente con un cambio de escala no tendría por qué dejar de ser consciente el sistema necesariamente).

¿Qué tendría que ver la conciencia con que las propiedades de un sistema no se modifiquen con el cambio de escala?

Quizá por ésto la conciencia es una propiedad que persiste a escala macroscópica confinada cuando emerge la subjetividad, razón por la cual en la práctica un sujeto (la parte de la mente que es subjetiva) no sólo consigue ser un sujeto (un solo individuo al adquirir la mente las características de la unicidad y la individualidad de manera emergente a escala macroscópica), sino que además logra ser un sujeto consciente, un yo consciente, gracias a que la propiedad de la conciencia probablemente no desaparece al emerger la propiedad de la subjetividad.

Al integrarse neuronas y circuitos para formar redes, y a continuación las redes en redes mayores, las redes mayores siguen haciendo lo mismo que hacían las neuronas: medir, pues con el cambio de escala, con el paso de la escala microscópica de las neuronas y circuitos a la escala macroscópica de las redes, no se alteran las propiedades fundamentales del sistema. Y una de las propiedades de las neuronas es medir, pensar, computar, y éso siguen haciendo las redes a gran escala, ya que sus neuronas siguen haciéndolo y las redes son neuronas desde otro punto de vista (la pared sigue siendo ladrillos, aunque éstos no se perciban de lejos).

¿Cómo cambia la escala en el sistema?

La escala determina la unidad de medida en un sistema, si cambia la escala, cambia la unidad de medida, y si cambia la unidad de medida, cambia la escala. La escala cambia al variar la unidad de medida. Como las redes son efectivas como un todo en la práctica a ciertos efectos con un error despreciable, la unidad de medida pasa de hecho de ser la neurona, un potencial de acción, a ser la red, un elevado número de potenciales de acción concurriendo temporalmente dentro de un intervalo de tiempo dado que es efectivo como punto a gran escala a ciertos efectos (al efecto de la emergencia de la subjetividad), no como intervalo con varios puntos sino como punto único e individual, por ejemplo, como letra S capaz de actuar como “partícula elemental” para la palabra SOL, un “estado ligado” de esas letras. Con la efectividad de las redes como unidad funcional la unidad de medida pasa de microscópica a macroscópica, simplemente, porque las redes son macroscópicas (mientras que las neuronas y los circuitos son estructuras funcionales microscópicas).

Por éso se entiende que se perciban a simple vista “bultos” macroscópicos, no detalles microscópicos (una manzana, no fotones), por éso se percibe una figura en movimiento en el cine (otro “bulto” macroscópico), no cada fotograma por separado, durante una proyección cinematográfica.

¿Cómo influye el cambio de escala en la percepción?

Al cambiar la unidad de medida varía la escala de medida, y al variar la escala varía la medición, y al variar la medición varía el resultado, que será la percepción en este caso (en vez de ladrillos, se obtiene pared). Y como no se percibe otra cosa que lo macroscópico, la percepción además de ser macroscópica estará confinada: subjetivamente se percibirá sólo a simple vista, se percibirá sólo lo macroscópico (se percibirá pared, pero no ladrillos, se percibirá un rostro en la pantalla del ordenador, pero no los pixels, se percibirán las cosas en forma de yo consciente, no en forma de yo y neuronas).

¿Cómo cambiaría la unidad de medida?

Habría dos maneras por las que la unidad temporal podría ser mayor y así se perdería resolución y emergería lo macroscópico a simple vista: o bien “estirando” la escala del tiempo (“lentificando” el tiempo), o bien cambiando la escala para que parezca que se lentifica el tiempo (por ejemplo, pasando de medir el transcurso de las cosas en milisegundos a medirlo en décimas de segundo, a ciertos efectos). La segunda opción es la que tiene sentido (lo que tiene sentido es que las neuronas se integren en redes, no que el cerebro “lentifique” el tiempo, pues dentro de las funciones de las neuronas no está la de “lentificar” el tiempo, como no está la de “encoger” el espacio, afirmaciones que podrían parecer lógicas como consecuencia de lo dicho previamente, pero que son absurdas y carentes de sentido).

¿Envía la emergencia de lo macroscópico a lo microscópico a la nada (dejan los pixels de ser pixels al emerger el rostro que los pixels recrean en la pantalla del ordenador)?

Al emerger la subjetividad la percepción se hace patente como macroscópica, y se confina en esa escala.

El confinamiento de la percepción incluye la imposibilidad para percibir subjetivamente el carácter ilusorio de este confinamiento: uno no se da cuenta de que sigue siendo microscópico mientras es macroscópico, la pared sigue siendo ladrillos, la figura en movimiento en el cine sigue siendo fotogramas, la velocidad del avión por el cielo sigue siendo elevada, y el rostro en la pantalla del ordenador sigue siendo pixels. Uno sigue siendo neuronas mientras es red, porque la red está formada por neuronas. Uno será capaz de contar sólo hasta las décimas de segundo mientras sus neuronas seguirán de hecho funcionando en milésimas de segundo.

¿Qué vinculación existe entre lo microscópico y lo macroscópico?

Las neuronas y la red no están superpuestas, sino que posiblemente sean complementarias, posiblemente exista complementariedad entre ellas, entre lo microscópico y lo macroscópico; no se trataría de superposición, sino de complementariedad, ya sea dicha complementariedad un isomorfismo o una analogía sin sentido.

¿Hay un principio de complementariedad aplicable al cerebro?

Hay un principio de complementariedad en mecánica cuántica, enunciado por Bohr, y que tiene que ver, parece ser, con la dualidad onda-corpúsculo, en particular, con la imposibilidad de determinar a la vez el carácter ondulatorio y corpuscular de las partículas elementales con un mismo experimento científico (sin embargo, parece ser que, a pesar de la complementariedad, y en caso de ser las partículas “algo”, las partículas no serían ondas o corpúsculos, sino ondas y corpúsculos, por tanto la dualidad estaría en el experimento, no en la partícula, que seguiría siendo una sola naturaleza cuya dualidad estaría en función del experimento con que se la mida: con un experimento para detectar ondas se detectarán ondas y no corpúsculos, y con un experimento para detectar corpúsculos se detectarán corpúsculos y no ondas).

Del mismo modo, es imposible tener una experiencia consciente subjetiva y una experiencia consciente no subjetiva a la vez. Por ejemplo: no se puede ser y no ser a la vez subjetivamente consciente de las excursiones ventilatorias al respirar (de la contracción del diafragma); o una cosa o la otra, o ventilamos sin darnos cuenta (control de la ventilación al margen del yo), o controlamos nuestras ventilaciones “desde el yo”, pero no las dos cosas a la vez.

De modo análogo, ya sea isomorfismo o analogía sin sentido, la conciencia no es macroscópica o microscópica, sino macroscópica y microscópica, pues mientras es macroscópica, mientras las redes son efectivas, mientras el yo cree percibir la realidad como ente único e individual, las microscópicas neuronas que integran el yo siguen interaccionando a escala microscópica (y siendo una multiplicidad).

Nos cuesta intuirlo porque por el confinamiento y la complementariedad no es posible percibir subjetivamente que duran lo mismo diez décimas de segundo, medición macroscópica, que mil milésimas de segundo, medición microscópica; y éso que las dos mediciones están ocurriendo a la vez y duran lo mismo: un segundo. La razón es que a simple vista es perceptible el paso del tiempo hasta las décimas de segundo aproximadamente, pero no hasta las milésimas: no es posible contar en milésimas, es demasiado rápido para la capacidad de resolución propia de la subjetividad, pues el confinamiento establece esa especie de analogía con el principio de complementariedad.

Un ejemplo más sencillo para entender el confinamiento es el siguiente: a simple vista no percibimos objetos microscópicos, sólo los macroscópicos.

¿Qué es la escalabilidad?

El confinamiento de la medición de la realidad en la escala macroscópica es una manera de decir que el cerebro, como sistema de medición, carece de escalabilidad al confinarse.

Ferrero, en un artículo del 2.003 en Investigación y ciencia, titulado: Información cuántica, estado de la cuestión, decía que la escalabilidad de un sistema físico es la capacidad del sistema para adaptarse a tareas de distinta magnitud.

Así mismo, Ynduráin, en su libro Electrones, neutrinos y quarks, explica que el scaling indica lo que cambia una cantidad física al alterar la escala de uno de los parámetros de los que depende.

¿Qué tendría que ver la escalabilidad con la percepción subjetiva?

El observador subjetivo es un sistema físico de medición de información consciente, adaptado a la percepción en determinada escala, la efectiva en el momento en el que el cerebro se encuentre en el peculiar estado morfofuncional correspondiente a la propiedad de la subjetividad.

El observador subjetivo, por su confinamiento, no posee la capacidad de la escalabilidad, por lo que la percepción a simple vista sólo ocurre a simple vista, está confinada en una escala determinada.

El confinamiento, la falta de escalabilidad del sistema de medición en el estado morfofuncional de observador subjetivo, explica la efectividad de la subjetividad en la práctica. Por ello, tan interesante será desentrañar el modo de emerger la subjetividad, como el modo de confinarse.

El confinamiento en la subjetividad, el hecho de poder percibir solamente lo macroscópico como sujetos conscientes, se debe a la falta de escalabilidad del estado dinámico morfofuncional subjetivo del cerebro como proceso de medición sistemático, es por tanto una cuestión de scaling.

¿Cómo influye la escalabilidad en la física?

El scaling es cosa de físicos. Parece ser que indica lo que cambia la magnitud de una medición efectuada en un sistema si cambia la escala de uno de los parámetros de medición.

El scaling en física parece análogo, tenga o no sentido esta analogía, a cómo cambia la percepción al cambiar la escala de medición, por ejemplo, cómo cambian las propiedades de la mente al pasar de escala microscópica a macroscópica (pasando, por ejemplo, de mente consciente pero no subjetiva a mente consciente y subjetiva).

Parece ser que en mediciones físicas groseras, por ejemplo, macroscópicas, el scaling no influye mucho en la práctica en los resultados, pudiendo ser el error despreciable. En mediciones ultramicroscópicas, en las que el margen de error no es aceptable, sí influye de manera importante en los resultados.

Así que la escala influye en la medición. La magnitud medida cambia en función de un cambio en la escala de alguno de los parámetros. Por ejemplo, cuando los físicos hicieron colisionar electrones con protones, a los que hasta entonces consideraban elementales (como se ha dicho más arriba), los resultados de los choques se alejaron de lo previsto. Feynman propuso que se podría tratar de scaling, fruto de haber prejuzgado que electrón y protón se hallaban en una misma escala sin ser así, porque el electrón parece ser que es elemental, y el protón ha resultado no serlo en cambio. Feynman tenía razón. De este modo se empezó a comprobar que el protón no era elemental, como el electrón, sino formado por quarks y gluones (al principio a las partes del protón se las llamó partones, antes de descubrirse los quarks). Y así, al considerar a los protones como no elementales, los cálculos ya se obtuvieron sin tantos errores. Para solucionar este problema con los resultados de los choques entre protones y electrones, entre lo predicho y lo obtenido en la práctica, los físicos necesitaron cambiar la escala, para corregir la diferencia entre ambos, al ser uno elemental, y el otro, no.

¿Cómo amortigua el cambio de escala los errores debidos a la escalabilidad, amortiguamiento del que depende la efectividad del confinamiento en la práctica?

A escala macroscópica, el error en la medición que pudiera ocurrir en uno de los elementos queda amortiguado por una mayoría no errónea, ya que los elementos son suficientemente numerosos. Por ejemplo, ante un plato con comida, a la hora de comer, la mayoría de las neuronas implicadas integrarán como respuesta probable (pues de una probabilidad se trata de nuevo, de modo análogo a lo que ocurre en otros niveles) el comportamiento consistente en ir a comer, y si algunas por error integran lo contrario, quedarán anuladas por una mayoría “decidida” a comer, que será lo que al final se haga con mayor probabilidad, y con un error despreciable (el error correspondiente a las neuronas que llevaban la contraria).

¿Altera el cambio de escala a los objetos mentales?

La subjetividad, en una primera aproximación intuitiva a la solución del problema, emerge y se confina mediante un cambio de escala en el sistema por tanto (el sistema es el cerebro), durante su peculiar y sistemático proceso morfofuncional.

Este cambio de escala probablemente no signifique que el objeto mental cambie de tamaño en el cerebro, no significaría que SOL ocupe una red mayor, por resonancia neuronal, o por algún otro mecanismo neuronal, hasta ser tan intensa que emerja de tanto “empujar desde abajo”, como un iceberg.

Lo que se modificaría con el cambio de escala es la unidad de medida, no el tamaño del objeto mental, no el número de neuronas correlativas con el significado SOL, por ejemplo. No se agrandaría la red SOL con la adición de más neuronas para que el proceso sea subjetivo, no se representaría SOL con una red creciente para lograr tal fin.

¿Cómo se produce el cambio de escala si no se debe al aumento de tamaño de la red SOL?

El cambio de escala debe de tener lugar porque la integración de S, O y L debe de suponer una nueva escala macroscópica al formarse SOL, y por tanto el cambio de escala se deberá a que de hecho con una red mayor habrá una nueva escala, y además macroscópica respecto de la anterior, cuando las redes S, O y L (las neuronas que las constituyen) se correlacionen para dar lugar a la detectabilidad de la red SOL en determinada escala en la práctica, con un error despreciable, lo cual hará posible la efectividad de la emergencia de SOL (por ejemplo) como objeto mental macroscópico, por el simple hecho de que la red SOL será necesariamente mayor que cualquiera de las redes S, O y L, al ser la suma de ellas (y mayor que las neuronas a que se reduce SOL; la clave es que una red neuronal pueda ser efectiva como unidad morfofuncional del sistema nervioso, por tanto, y a ciertos efectos al menos).

Como una red es un todo, y como una red es de por sí una unidad de medida en la práctica, al integrarse SOL la escala de medida cambia, de hecho, mediante scaling. Ésto implica un cambio en la forma final del fenómeno (de la actividad neuronal como fenómeno), incluyendo la posibilidad de que tenga lugar la percepción subjetiva, por ejemplo.

¿Qué vinculación habrá entre el sujeto y la red SOL?

El observador subjetivo se identificará con la red SOL en el momento en que ésta sea efectiva, ya que el observador subjetivo no es un ente concreto dotado de subjetividad, sino que en ese momento será (se identificará con) la percepción consciente y subjetiva de SOL, es decir, el sujeto es un objeto abstracto, en este caso, el objeto SOL (un objeto es lo que un observador, por ejemplo, un sujeto, determina como objeto; el sujeto y el objeto son una sola cosa en este caso, y sin embargo este objeto queda determinado como objeto porque la percepción es un proceso de determinación, ya que se trata de un proceso de memorización, y de determinación objetiva, ya que se trata de un proceso de medición; entonces es una ilusión creer que hay ahí un sujeto determinando el objeto, ésto se dice así en sentido figurado en este caso, por hablar un lenguaje común, afín al sentido común, dada la creencia en la concreción del sujeto a simple vista, la creencia en la concreción del yo que cada uno parece poseer de modo intuitivo natural; todo yo cree ser ese yo; es decir, decimos que el observador determina el objeto, pero no hay un observador haciendo dicha determinación, sino que a dicha determinación se la denomina observador en este caso por la imposibilidad de darnos cuenta intuitivamente de que el sujeto no es concreto a todos los efectos, por ejemplo, al efecto de llevar a cabo una determinación; para que el yo consciente fuese algo concreto a todos los efectos primero habría que ser capaces de meter una caja dentro de sí misma, y no se puede, salvo mediante una convincente ilusión).

¿Por qué es más grande SOL que, por ejemplo, S, O y L?

Al pasar, por ejemplo, de circuito a red cambia la unidad de medida, la distancia entre las “rayas de la regla de medir” (porque se pasa de letras a palabras, y son las palabras las que están hechas de letras, no las letras las que están hechas de palabras, al ser la mente un proceso irreversible), y por tanto cambia la escala, de modo que es por éso que SOL es más grande, más macroscópica, que S, O y L, aparte de por lo obvio: SOL constará de más neuronas que S, o que O, o que L. Cualquiera de estas tres redes era más pequeña que la red SOL, y por tanto eran unidades de medida más pequeñas, eran redes, literalmente, más pequeñas, con menos neuronas, simplemente.

¿En qué consiste el entrelazamiento cuántico?

El cambio de escala debería consistir en la recreación de un entrelazamiento entre objetos mentales, de algún modo, un trasunto en el terreno de la abstracción de dicho entrelazamiento, de la formación de estados ligados entre objetos abstractos, por ejemplo, entre S, O y L durante la percepción de SOL.

Un objeto entrelazado, por ejemplo, un protón, se percibe como si fuera un mismo objeto desde cualquier punto de vista desde el que se le observe (mida) en una misma escala dada, parecerá elemental en todo caso.

El entrelazamiento es un fenómeno descrito por los físicos, difícil de asumir intuitivamente pero sin embargo comprobado experimentalmente, mediante el cual dos o más partículas forman estados ligados y por ello a ciertos efectos se comportan como una sola partícula.

Los objetos mentales, como las letras S, O y L, o como la información sobre el brillo, la forma y el color de una manzana, son abstractos, no partículas elementales, de modo que en principio un entrelazamiento entre objetos mentales consistiría en una recreación de dicho entrelazamiento en el terreno de la abstracción.

Un entrelazamiento, por ejemplo, el entrelazamiento entre dos fotones, consiste en una correlación no local entre ellos (eseguida se verá qué significa ésto).

Y parece ser que para que dos partículas subatómicas procedentes de un foco común coherente (coherente no en el sentido de congruente, como hasta ahora, sino en otro sentido que enseguida se aclarará) se entrelacen han de ser de la misma especie, por ejemplo, fotones.

Parece ser que es necesario un foco común coherente para que los fotones se entrelacen.

¿Qué es una correlación no local?

Al ser no local la correlación entre dos fotones entrelazados les ocurre algo al unísono a ambos, con dependencia entre lo que le ocurre a uno y a otro, pero de manera no local, sin estar uno cerca de otro, así que no pueden estar en contacto, y por tanto no pueden tener una vinculación causal directa como explicación de la correlación en este caso: lo que causa un cambio en uno no puede ser la causa que produce el cambio en el otro, y sin embargo, ambos cambian como si dicha causa fuese común, lo cual no es posible, al ser su correlación no local, al estar separados en ese instante y por tanto no poder estar a la vez en contacto con un mismo agente causal en el momento de la medición de ese cambio.

El concepto de correlación es matemático, aunque aquí se está utilizando de una manera más general, en el sentido de dependencia o vinculación no causal.

En el caso del entrelazamiento se solapa el concepto general con la idea matemática.

Los matemáticos definen la correlación entre dos fenómenos como la existencia de una dependencia entre ellos, por ejemplo, una dependencia en función de una proporcionalidad directa o inversa.

Una proporción es una igualdad entre razones, por ejemplo: A/B=C/D, de modo que A depende de C porque A aumenta si C aumenta, A depende de D, porque A aumenta si D disminuye, etc.

El establecimiento de una correlación entre fenómenos es una descripción del fenómeno, no permite confirmar una relación causa-efecto con seguridad en todo caso, por éso se usa la correlación para describir algunos fenómenos al margen de cuestiones sobre las causas, y la correlación no local en particular como descripción de lo que ocurre durante el contraintuitivo fenómeno del entrelazamiento, y es que en la escala de la mecánica cuántica no está clara la vinculación causal de las interacciones, al ser tan extrañas.

Los estadísticos afinan más la idea de correlación, definiéndola como la teoría que trata de estudiar la dependencia que existe entre las dos variables que intervienen en una distribución bidimensional. Pero aquí se va a hacer un uso más prosaico de la palabra correlación, para prevenir en lo posible un mayor sopor del que ya pueda estar provocando toda esta cantidad de texto.

¿Es no local la correlación entre neuronas?

Las neuronas no mantienen entre sí una correlación no local, su correlación es local, por lo que de entrada se presenta esta primera dificultad: explicar cómo las neuronas conseguirían recrear una correlación no local.

En un circuito de neuronas A-B-C, A establece sinapsis con B, y B con C. La vinculación entre A y B se puede considerar una relación causa-efecto en la práctica con un error despreciable a escala neuronal. En cambio, la vinculación entre A y C es de correlación. Las neuronas intercalares, como la neurona B en el circuito de este ejemplo ideal, establecen en el cerebro un sistema de correlaciones. La correlación entre A y C es a distancia, pero local, pues están conectadas a través de B. Entre neuronas la acción a distancia, pero local, se produce básicamente mediante neuritas (axones y dendritas), formación de circuitos, sinapsis y transmisión de potenciales de acción. La acción a distancia puede tener lugar a mucha distancia, pues hay axones de un metro, pero aun así seguirá siendo local, por lo dicho.

¿Cuál es la causa del entrelazamiento?

No hay causalidad en el entrelazamiento, hay correlación no local; Ynduráin ha dicho: “¿Qué causa la emisión y/o absorción de partículas? ¿Qué mecanismo está detrás (de éste y de otro tipo de procesos similares)…? … La respuesta es: ninguno… tenemos que considerar tales procesos como irreducibles a otros”. En palabras de Freeman Dyson: “… (tras dominar el lenguaje formal de la mecánica cuántica, hay que) reconocer que nada hay que entender”. Sólo cabe la mera descripción de fenómenos que no sólo son contraintuitivos, sino que se reducen a sí mismos, carecen de mecanismo interno, no hay un qué ni un por qué para ellos, carecen de explicación, sólo hay un cómo.

Con la experiencia consciente subjetiva ocurre algo parecido, no hay un porqué (ya que se fundamenta en un sistema de correlaciones, un sistema neuronal), sólo un cómo, sólo la descripción del modo en el que el proceso físico sistemático dinámico correlativo con dicha experiencia evoluciona para que sea posible en la práctica la efectividad del sujeto como ente ficticio pero real. Dicho “cómo” sería, de entrada, el siguiente: la propiedad de la subjetividad debería emerger mediante el cambio de escala en el sistema, y el cambio de escala debería ser la recreación de un entrelazamiento. Esto es lógico, y necesariamente debería haber un tipo peculiar de correlación neuronal compatible con este hecho.

Esta recreación de un entrelazamiento debería tener lugar entre los objetos mentales implicados en la experiencia subjetiva en un momento dado, y no entre los objetos mentales no implicados en la experiencia subjetiva en un momento dado.

Si el fundamento del yo consciente es un cómo, y no un qué ni un porqué, difícilmente será el yo algo concreto a todos los efectos, o algo con esencia de por sí.

¿Por qué es difícil intuir la correlación no local?

Aunque una correlación es un tipo de relación matemática entre dos entes matemáticos, en general se podría considerar como una expresión de la dependencia entre dos sucesos, una vinculación, que no aclarará si es relación (causal) o no, simplemente describirá su vinculación, su dependencia. Por ejemplo: en la práctica sí se puede establecer una relación causal entre el virus de la gripe y la gripe con un error despreciable. En cambio, entre la lluvia y la gente con paraguas bajo la lluvia no se podría establecer una relación causal, así que en este segundo caso sólo se podría plantear una correlación.

En el ejemplo de la lluvia y la gente con paraguas, la correlación ha de ser local: la gente con paraguas ha de estar allí donde esté lloviendo. Lo que no tendría sentido sería una correlación no local entre la lluvia y un individuo con un paraguas, como pudiera ser: siempre que llueve en Londres don Salustiano Romerales, de Sevilla, que nada sabe sobre Londres, abre su paraguas a la misma hora en Sevilla, donde la lluvia es una maravilla. Algo así, una correlación no local, sería contraintuitiva y no tendría sentido.

La correlación no local ya les pareció absurda a Einstein, Podolsky y Rosen, que fueron los que predijeron la posibilidad de la correlación no local (entrelazamiento) entre partículas subatómicas (en 1.935) como parte de la mecánica cuántica. Como la correlación no local parece absurda, parece ser que la presentaron como forma de demostrar que la mecánica cuántica no podía ser la mecánica que explicase la naturaleza en la escala fundamental, ya que la idea del entrelazamiento se derivaba de la propia mecánica cuántica.

Resulta que se ha comprobado que la correlación no local es auténtica, que es un fenómeno verdadero. Por ejemplo: entre fotones se produce en ocasiones una correlacion no local: algo inimaginable, contrario a la intuición, extraño, pero, ¿qué se le va a hacer? cierto y comprobado. Einstein volvió a tener razón una vez más, y a pesar de Einstein.

¿Qué es la interferencia de ondas?

La interferencia de ondas consiste en que dos ondas, dado un punto geométrico del medio por el que se transmiten, si inciden a la vez en dicho punto suman sus efectos en dicho punto.

La interferencia se basa en el principio de superposición, según el cual el valor de la perturbación producido por las dos ondas al llegar a la vez a un punto es el mismo valor que el que producirían cada una de las ondas por separado. Si la amplitud de una onda en un punto vale X, y la otra vale Y, la superposición de ambas ondas en ese punto valdría X+Y. Si una onda causada por una piedra en un charco mueve hacia arriba una distancia X a una hoja de árbol que está flotando (distancia X que es la amplitud de la onda que golpea a la hoja en un punto, es decir, la altura que alcanza a partir del nivel de reposo), y una segunda onda provocada por una segunda piedra llega a la vez que la primera a la hoja (es decir, procedentes de focos coherentes, no en el sentido de congruentes, sino en el sentido de dos piedras que caen a la vez con un error despreciable en ese “a la vez” en esa escala) y la sube una altura Y, la altura final de la hoja será X+Y, por superposición de las dos olas.

Con ondas en un charco es fácil visualizarlo, con ondas electromagnéticas, que se mueven por el vacío, es más difícil, al no percibirse el agua, pero la idea es la misma, siendo el vacío el agua (es más fácil visualizarlo si se entiende que el vacío no es la nada, sino campos de energía con poca energía y poca materia, pero conformando un “entramado” geométrico –espaciotemporal- real, aunque poco activo en lo que a interacciones entre partículas elementales se refiere, es decir, el vacío sería algo así como materia poco probable, no la nada, o, a simple vista, desde un punto de vista clásico, espacio y tiempo vacíos de sucesos), y las ondas se suman al interferirse mutuamente, al establecerse una interferencia entre ellas.

De modo que el principio de superposición explica el fenómeno de interferencia.

¿Qué es la superposición de estados?

Ambas olas del charco, X e Y, estarán en un estado de superposición (una superposición de estados) desde el punto de vista de la hoja cuando la mueven juntas hacia arriba. Para la hoja no habrá diferencia entre una ola y otra, estarán superpuestas a todos los efectos desde el punto de vista de la hoja, serán para ella un ente único.

En el vacío no hay agua, de modo que cuesta un poco más visualizar el estado de superposición entre ondas concretas. Supóngase que el agua fuese invisible para la hoja flotante: en este caso la hoja se encontraría ascendiendo X+Y, en un momento dado, sin saber cómo, pues estaría en el vacío, y únicamente podría concluir que sube no por el empuje del agua, sino por encontrarse, la hoja, en un estado de superposición X+Y, al comprobar que sube una altura X+Y (desde un punto de vista meramente geométrico), sin más datos sobre el suceso. Si no se percibiese el agua, lo único que le quedaría a la hoja, para explicar este patrón de comportamiento, de acuerdo con el cual unas veces asciende X, otras Y, y otras X+Y, sería hablar de su situación no como hoja flotando en agua que se mueve, sino como hoja en un estado: el estado de la hoja; un estado de la hoja sería el estado X, otro, el estado Y, y otro el estado X+Y, el estado de superposición.

La descripción del cambio de su situación dentro de una geometría dimensional sin otra explicación (sin agua), lo explicaría la hoja intuyendo a su propia evolución como un cambio de estado (que no hay que confundir con cambio de escala).

¿Qué parámetros permiten describir a una onda?

Como decía Cicerón (en referencia a la “gente sabia”), Vivere est cogitare, vivir es pensar. La física a veces es tan abstracta que resulta difícil ponerse en el lugar de los sucesos para pensar acerca de ellos y comprenderlos. Cuesta empatizar con los electrones. Ésto ocurre también con las ondas. Para visualizarlas, un truco consiste en trasladar lo que ocurre en cuatro (según parece) dimensiones a dos, en una gráfica sobre un papel; resulta útil imaginar que una onda es una línea sinuosa sobre un papel. Haciendo ésto, se entiende que una onda, representada por una sinusoide en un papel, tenga periodo (tiempo en volver a una misma altura que la de partida), frecuencia (número de vueltas alrededor de un punto durante un periodo de tiempo dado; la frecuencia es la inversa del periodo), amplitud (altura del punto máximo midiendo desde el punto de reposo), etc.

¿Qué es la sincronización de ondas?

Dibujadas dos ondas iguales en paralelo en el papel, también se entiende que si ambas consisten en una línea sinuosa que sube y baja y vuelve a subir y bajar, el punto más alto, al que llamar pico (si se toma la línea por la parte convexa), y el más bajo, al que llamar valle (si se considera la parte cóncava), pueden coincidir en la onda de arriba y en la paralela que está debajo, o pueden no coincidir picos de una y picos de la otra. Si dos ondas coinciden por todos sus picos, estarán sincronizadas, es decir, en fase (y así pueden tener distinta amplitud pero igual frecuencia). Si dos neuronas contiguas coinciden por los picos de sus oscilantes potenciales de acción estarán sincronizadas en fase, y posiblemente codificarán lo mismo. Por tanto, la sincronización en fase difícilmente será el correlato neural de, por ejemplo, la concurrencia temporal entre S, O y L cuando SOL sea efectiva como parte de la percepción subjetiva, ya que S, O y L deben ser distintas (códigos distintos) para que SOL sea efectiva, y por la sincronización en fase se volverían iguales, y no emergería SOL.

¿Qué es la sincronización de fase (que no hay que confundir con la sincronización en fase)?



Ahora supóngase que las dos ondas paralelas que se han dibujado en el papel no tienen la misma frecuencia; por ejemplo, que la de arriba esté a 2 Hz (2 ciclos por segundo, considerando al tiempo en abscisas, en el eje de coordenadas horizontal –y la amplitud en ordenadas, en el eje vertical-) y la de abajo a 3 Hz. En este caso, si cada onda conserva su forma, no pueden sincronizarse en fase, no pueden hacer coincidir todos sus picos y valles, lo cual no quiere decir que no puedan superponerse, coincidir en un punto del espacio, sumar sus amplitudes en ordenadas, sólo quiere decir que no pueden sincronizarse, coincidir en el tiempo sus picos y valles en abscisas; ahora bien, si una va a 2 Hz y la otra a 3 Hz, aunque no puedan sincronizarse sin homogeneizar sus frecuencias (en cuyo caso dejarían de ser cada una un posible código distinto), sí que pueden acoplarse de otro modo en función del tiempo, a lo largo de abscisas; ese modo consiste en hacer coincidir, cada cierto número de vueltas, uno de sus picos; en este ejemplo: cada dos vueltas de la onda a 2 Hz, y cada 3 vueltas de la onda a 3 Hz, ambas coincidirían por un pico.

Dicha coincidencia de cierto pico ocurriría cada cierto número de vueltas, es decir, habría una diferencia entre sus frecuencias constante entre ambas en tal caso (una diferencia de fase constante, que dicen los físicos) y por tanto un acoplamiento en función del tiempo, una concurrencia temporal. Este fenómeno se denomina sincronización de fase, y podría hacer posible la concurrencia temporal entre redes sin necesidad de sincronización en fase (no hay que confundir, por tanto, sincronización en fase o sincronización a secas con sincronización de fase).

El requisito para que la sincronización de fase ocurra es la emisión de ambas ondas en coherencia (otra acepción de la palabra coherencia, por tanto, distinta a la de congruencia), es decir, la emisión de las ondas desde focos coherentes para que pueda tener lugar la sincronización de fase. Para que el foco sea coherente debe tener lugar la emisión en fase, a la vez, de manera que al menos el primer pico de ambas ondas al comienzo de la emisión de ambas esté sincronizado en fase (el resto de los picos de ambas ondas no lo estarán, salvo un pico de cada onda cada cierto número de vueltas u oscilaciones), para que así se produzca la sincronización de fase cada cierto número de vueltas, que será un número de vueltas constante para cada onda pero distinto al número de vueltas constante de la otra onda.

¿Qué consecuencias tendría para el cerebro la diferencia entre la sincronización y la sincronización de fase?

Para que dos ondas estén en sincronización de fase no es necesario por tanto que estén en fase o sincronizadas (la fase es el área debajo de un pico o de un valle, delimitada, por ejemplo, por la línea de base), sino que lo que hace falta es que coincidan sus fases poniéndose en fase, periódicamente, cada cierto número constante de vueltas.

Para que se produzca una interferencia entre ondas, las ondas deben ser coherentes, y por tanto deben ser emitidas por focos coherentes, es decir, emitiéndose ambas ondas en fase (en fase en el primer pico, al comienzo de la emisión).

Para que haya un entrelazamiento, un estado cuántico coherente, los focos deben ser coherentes, y por tanto no es necesaria la sincronización para el entrelazamiento, así que tal vez para la recreación de un entrelazamiento entre objetos mentales no haga falta que las neuronas se sincronicen, que estén en fase a lo largo de su descarga, pero sí que presenten sincronización de fase.

En la literatura internacional es frecuente que el término coherente se utilice también como sinónimo de sincronización, por lo que debe quedar claro que en este ensayo el término coherente no se refiere aquí a la sincronización en fase, sino a la sincronización de fase, que son dos cosas distintas.

¿Qué es un foco coherente?

En el ejemplo del charco, para que las ondas provocadas por las dos piedras que caen en el charco se interfieran entre sí deben ser emitidas a la vez (lo que previamente se ha denominado también, como se recordará, en concurrencia temporal).

Si una piedra cae el lunes, y la otra el martes, no podrán interferirse sus ondas bajo la hoja, no dará tiempo, porque las ondas no permanecerán tanto tiempo en el charco, cuando se produzca la segunda la primera habrá desaparecido; debe ser coherente la emisión, deben ser emitidas a la vez (foco coherente) dentro de una escala de tiempo, las dos piedras deben caer a la vez, con un error despreciable para ese “a la vez” en la escala en la que la superposición de ambas ondas vaya a ser efectiva en la práctica, se sobreentiende, y lo mismo en el caso de la subjetividad, si resulta que al final el entrelazamiento entre objetos mentales va a consistir en la recreación de una superposición entre los estados de los objetos mentales (en función del tiempo).

Un estado de un objeto mental sería, por ejemplo, el estado S, y otros estados los estados O y L, por ejemplo.

Para que las ondas del charco se superpongan bajo la hoja no es necesario que estén sincronizadas, es suficiente con que sean coherentes (que el foco sea coherente, es decir, en su caso, que las piedras caigan “a la vez”), para que sus fases coincidan al menos una vez, no todas, porque con que lo hagan una vez es suficiente (e incluso aunque no sea exactamente por sus picos, ya que en determinada escala la fase no es un punto, es un área, como se recordará, ya que la superposición puede ser más o menos constructiva o destructiva, es decir el resultado de la suma puede medir más o menos al final, dependiendo de las partes de las pendientes de las fases por las que se sumen).

Sólo han de coincidir una vez bajo la hoja, situación para la que, dicho desde el punto de vista de la hoja (en sentido figurado, por tanto): sólo es necesario que la hoja esté en el estado adecuado (el estado de X, o el Y, o el estado de superposición X+Y) para que se verifique uno de sus estados posibles al medirlo (al medir su altura a partir del estado de reposo en un momento dado). Y con la subjetividad ocurrirá lo mismo: sólo es preciso que una red dada esté en el estado adecuado una vez, el estado S, O o L, o estado SOL, para que se verifique efectivamente un resultado u otro, la efectividad de uno u otro estado, durante el proceso de percepción.

¿Es el entrelazamiento una interferencia?

Aczel cuenta en su libro, Entrelazamiento, que la superposición consiste en la interferencia de una partícula consigo misma, y que el entrelazamiento consiste en la interferencia de un sistema consigo mismo (un estado cuántico coherente). Ésto no es fácil de entender. Quizá se esté refiriendo a algo como lo que sigue: las partículas son una contraintuitiva dualidad onda-corpúsculo; a la hoja de árbol se la ha considerado un cuerpo idealizado, una partícula (si se acepta que antes se había idealizado el suceso acaecido a la hoja y se había imaginado todo el rato que la onda de agua la empujaba por debajo en un punto adimensional sin rotación, o sea, transformando mentalmente a la hoja en una partícula). Si a la hoja se la considera una onda, o dicho de otro modo, si su comportamiento, su cambio de estado, se identifica con el comportamiento del agua en ese punto en el que coinciden, entonces el movimiento de la hoja sería lo mismo que el del agua, y el estado X sería lo mismo que la altura del agua en un momento, y el estado Y sería la altura del agua en otro momento, y el estado X+Y sería una superposición del estado X e Y del agua en ese punto en un mismo momento, o lo que es lo mismo, una suma del agua consigo misma, no de dos ondas bajo la hoja, sino de una onda consigo misma, pues es la misma agua la que sube en X+Y (y el instante es el mismo), o desde el punto de vista de la hoja sería una interferencia de la hoja consigo misma, que es lo que parece que viene a decir Aczel sobre la superposición.

En cuanto al entrelazamiento, consiste en la interferencia de varias hojas formando un sistema de hojas, de modo que aunque las hojas no llegan a interaccionar entre sí, sí que se correlacionan al estar sobre la misma ola (en un mismo estado), de modo que suben y bajan a la vez si están en el mismo estado del charco. En tal caso, entre las hojas habrá correlación, y si dicha correlación consiste en la interferencia de un sistema consigo mismo, habrá un entrelazamiento, una correlación entre las hojas por superposición de los estados, no de las hojas.

Ferrero aclara que un estado entrelazado es un estado cuántico coherente, con interferencia de un sistema consigo mismo.

¿Será posible la recreación de estados cuánticos en el cerebro, y de su superposición?

Hofstadter apuntó en su momento que una neurona puede formar parte de más de un símbolo mediante la superposición y el entrelazamiento de los símbolos. Ésto significa en la práctica que es posible que una neurona puede formar parte de más de una red (una sospecha que diversos autores han expresado por su cuenta en ocasiones, y que también se deriva de diversas ideas expuestas en este ensayo, como se verá a continuación).

Los símbolos, en efecto, parecen una recreación de un estado similar (sea isomorfismo, o analogía sin sentido) a un estado cuántico, el estado S, el estado O, el estado L.

Dichos estados tal vez puedan superponerse y entrelazarse entonces, a ciertos efectos al menos.

Por ejemplo, el estado morfofuncional consistente en la percepción subjetiva de la palabra SOL tal vez se deba a la superposición de los estados S, O y L (a una recreación de dicha superposición de estados en el terreno de la abstracción, como se sobreentiende).

La forma en la que una neurona podría formar parte de más de un símbolo sería mediante la pertenencia a redes diferentes en instantes diferentes, que sería como decir que una neurona estaría en un estado morfofuncional diferente en instantes diferentes (algo que parece inevitable, de hecho, dado el ciclo de carga y descarga neuronal), estando su estado definido, entre otros parámetros, por el estado de su relación y correlación con las neuronas con las que mantenga sinapsis en proximidad o a distancia (o ambas).

Si las neuronas pueden estar en diferentes estados, también las redes podrán, y entonces parece que tendría sentido la superposición de los estados de las redes también, como cuando se superponen varios símbolos (S, O y L) en un solo símbolo (SOL).

El modo en el que una neurona, por ejemplo, una neurona en el estado S (una de las neuronas de la red en estado S, como se sobreentiende) podría estar en otros símbolos a la vez, por ejemplo, en el estado O y L también (como ocurre en el estado SOL), sería mediante un fenómeno de correlación neuronal que consistiese en la recreación de un estado ligado entre las neuronas de la red S con las de las redes O y L, la recreación de un estado cuántico coherente, y que, como ya se puede ir adivinando, no necesitará entonces consistir en la sincronización de las neuronas de la red S con las neuronas de las redes O y L, sino en otro tipo de actividad neuronal, posiblemente una sincronización de fase neuronal.

No digamos Eureka todavía, prosigamos con la deducción y comprobemos si ésto tendría sentido.

¿Qué es un estado producto?

Según explica Aczel, en su libro, para que se produzca un entrelazamiento entre los elementos de un sistema cuántico ha de darse en el sistema, en primer lugar, una superposición de los estados observables de dichos elementos. Dada una partícula, en un estado X, o en un estado Y incompatible con el estado X (incompatible de tal modo que si la partícula está en X, la probabilidad de observarla en Y sea nula), entonces, si se produce la superposición de X e Y, constituyendo un estado producto X+Y, al observar ahora la partícula se la encontrará en X e Y con una probabilidad no nula (y aun a pesar de ser incompatibles antes de estar X e Y superpuestos). Cuando X e Y no están superpuestos, la hoja de árbol que flota en el charco está en X o en Y, pero cuando están superpuestos, la hoja está en X y en Y, en X+Y, el estado producto de X e Y.

Como una hoja en un charco no es un objeto cuántico, la probabilidad de estar en X e Y cuando se la detecta en el estado X+Y es del 100%, pero parece ser que con las partículas subatómicas la cosa no tiene por qué ser así: si se hacen mediciones sucesivas de una partícula en el estado X+Y no se la encontrará en el estado X o Y, sino en X+Y, pero no con una probabilidad del 100%, sino de acuerdo con su propio reparto de probabilidades, un tanto por ciento para X y otro tanto para Y. Ésto parece absurdo, pero no lo es, porque lo que quiere decir es que, tras la superposición de X e Y, la probabilidad de encontrar la partícula en un estado que no sea X+Y, cuando está en el estado X o en el estado Y, será nula. Ésto quiere decir que si se diseña un experimento para detectar partículas en el estado X, también será posible encontrarlas en el estado Y con un experimento para Y, pero no en otro estado, aunque se diseñen experimentos para detectar otros estados, mientras que si X no está superpuesto con Y, al diseñar un experimento para detectarla en X, si se la detecta en el estado X la probabilidad de encontrarla en Y sería nula, por éso no es absurdo lo que se acaba de decir, aunque sea contraintuitivo en comparación con lo que nos lleva a pensar la intuición acostumbrada sobre charcos y hojas y demás objetos clásicos.

Más aun: cuando la hoja esté en X, estará en Y si X e Y están superpuestos en el estado X+Y, de modo que si se sigue la ola X para ver que ocurre cuando toque a la hoja, se verá que la hoja estará entonces en el estado X+Y, y lo mismo si se sigue a la ola Y.

Estos comportamientos contraintuitivos relacionados con el fenómeno del entrelazamiento, por absurdos que parezcan, parece ser que han sido comprobados experimentalmente varias veces. Por ejemplo: en el artículo de Molina, titulado Experimento en el Danubio, fotones entrelazados, publicado en Investigación y ciencia, en el año 2.004, se relata alguno de ellos. Se trata de comportamientos contraintuitivos, porque una persona se puede sentar en la silla X, o en la silla Y, pero no en las sillas X e Y a la vez, cosa que sí pueden hacer los fotones, parece ser, o algo parecido. Es contraintuitivo también porque, en el caso de la hoja, el estado de la hoja es el del agua que tiene debajo, hay un medio que transmite la perturbación que agita a la hoja y determina el estado producto de la hoja, pero en el caso de un fotón no hay agua “debajo”, sólo vacío, por éso es tan contraintuitivo y difícil de entender el estado producto también.

¿Qué es una superposición de estados producto?

Aczel sigue explicando el entrelazamiento, y expone que dado un sistema cuántico compuesto, que sería un sistema constituido por 2 partículas (como mínimo, o más), en él podría haber un estado producto X+Y, y otro estado Z+W, de modo que si es efectivo el primer estado producto y se detecta la partícula 1 en X, la partícula 2 estará en Y, y si es efectivo el segundo estado producto y se detecta la partícula 1 en Z, la partícula 2 estará en W.

En caso de producirse ahora una superposición de estados producto, por ejemplo: (X+Y)+(Z+W), este nuevo estado producto sería ya un estado entrelazado, de acuerdo con esta definición del entrelazamiento.

El estado entrelazado implicaría el entrelazamiento de las dos partículas, que entonces estarían entrelazadas, quedaría establecida entre ellas una correlación no local, lo cual tendría como significado práctico el caso siguiente como ejemplo (siguiendo la explicación de Aczel): en caso de detectarse una partícula en el estado X, la otra sólo podría detectarse en Y aun siendo efectiva la superposición de estados producto, y si la partícula 1 se encuentra en el estado Z, la 2 sólo se podrá detectar en el estado W.

Es una situación extraña, porque intuitivamente uno tendería a suponer que durante la superposición de estados producto si la partícula 1 está en X, la otra lógicamente podría estar en Y o W, pero parece ser que no ocurre así en la práctica de hecho a escala cuántica, sino que quedan verdaderamente entrelazadas en el caso de producirse un estado cuántico coherente. Las dos partículas quedan entrelazadas mediante una superposición de estados producto del sistema, que provoca una correlación no local entre las partículas, y supone que, a ciertos efectos, se comporten como una sola partícula, y sin necesidad de que haga falta demostrar un vínculo causal entre ellas, ya que el que la partícula 2 no pueda estar en W cuando la primera está en X, sino sólo en Y, es una forma de decir que la partícula 1 y 2 son ahora una sola partícula al efecto de comprobar el estado (X+Y+Z+W).

De modo que si se sabe que las dos partículas están entrelazadas, y se encuentran cada una en un extremo del universo, y se diseña un experimento para detectar la primera en X, se tiene la garantía, en caso de detectar a la otra con dicho experimento en otro punto el universo, de encontrarla en Y, no en W, sin necesidad de comunicación entre ambas, por el simple hecho de estar entrelazadas, dando la impresión de haberse comunicado entre ellas a velocidad mayor que la de la luz de un punto a otro del universo. No lo habrán hecho; la trampa estriba en que el experimento sólo detecta X, y por tanto sólo detecta Y, y no W; no habrá habido comunicación instantánea por tanto; así que lo misterioso no es la transmisión de información instantánea, la teleportación, ya que no se produce, aunque en la práctica ocurre como si se produjera, dentro de un margen de error aceptable; lo misterioso es que la superposición de estados producto sea cierta, por lo dicho antes: porque el medio es el vacío; de modo que lo difícil de visualizar es que la correlación sea no local, porque no se puede visualizar, por una sencilla razón: es inimaginable a simple vista para el común de los mortales.

Ésto ya no se puede visualizar con el ejemplo de la hoja, así que hay que tomarlo al pie de la letra, porque parece ser que es lo que se ha comprobado que ocurre (por ejemplo, con fotones entrelazados). Hay que entenderlo tal como se cuenta. Si se suman X+Y+Z+W, en el caso de las hojas, si la primera hoja está en X, la segunda hoja se verá en Y, y si la hoja primera está en Z, la hoja segunda se verá en W.

Parece ilógico, ya que X, Y, Z y W están todos juntos, por eso resulta contraintuitivo el entrelazamiento, pues sería algo así como si X e Y estuviesen unidos por un hilo extra a las hojas 1 y 2 por su lado, y Z y W por el suyo, y claro, no habría tal hilo en el charco, ni sería visualizable.

De momento no hay explicación para el hecho, sólo descripción, y éste no es el momento de especular sobre las posibles explicaciones si las hubiera. Únicamente queda, por el momento, la aceptación del entrelazamiento como un comportamiento así de extraño, propio de la mecánica cuántica, y que, por muy contraintuitivo e incomprensible que resulte, forma parte de la naturaleza esencial de la realidad tal como se la conoce en este momento.

¿Se puede recrear en el cerebro una superposición de estados producto?

Es posible que las neuronas recreen este comportamiento, a pesar de lo contraintuitivo que es (éso a las células no tiene por qué “importarles”), de manera correlativa con la emergencia de la subjetividad, es posible que tenga lugar una recreación de un estado cuántico coherente, una recreación de una superposición de estados producto en el terreno de la abstracción a escala maroscópica (sea analogía sin sentido o isomorfismo) en correlación con algún tipo de comportamiento neuronal compatible con esta posibilidad, de tal manera que el hecho suponga en la práctica un entrelazamiento de objetos mentales particulares (redes) que así sean patentes a escala macroscópica con aspecto macroscópico y confinado, y de tal modo que presenten carácter único e individual.

Nadie habría enseñado a las neuronas a comportarse de ese modo, pero es que tampoco nadie ha enseñado a las moléculas de agua a recrear en un charco a escala macroscópica una interferencia de ondas bajo una hoja mediante la variación de las posiciones entre las moléculas dependiendo de la presión mecánica transmitida en su seno al caer en el charco dos piedras de modo coherente (cayendo a la vez, en fase) y aunque las olas no estén después sincronizadas en fase (es decir, en este ejemplo, aunque las piedras tengan distinto diámetro).

¿Y si para recrear un estado cuántico coherente entre objetos abstractos macroscópicos (como S, O y L) se recurriese a una entrada en coherencia entre objetos microscópicos, las neuronas (sea ésto un isomorfismo o una analogía sin sentido)? ¿Y si ésta fuese la clave para entender la posibilidad de la emergencia del yo consciente como fenómeno?

¿Cómo se recrearía una superposición de estados producto en el cerebro?

Supóngase el estado producto S+O+L. Supóngase que una partícula 1 u objeto mental elemental (irreducible a ciertos efectos en una escala dada) 1 está en el estado S (si se está pensando en S, si éste es el objeto del pensamiento, entonces el objeto 1 u objeto S sería también el estado mental S, del mismo modo que la hoja, cuando no se veía el agua, se identificaba con el estado del agua y por tanto la hoja se podía identificar con su estado en algunos casos).

Supóngase también unas partículas 2 y 3 en los estados O y L.

Si SOL es efectivo como objeto subjetivo, la probabilidad de encontrar las partículas S, O y L en otro estado que no sea el estado SOL será nula (por la especificidad de la información consciente, es decir, si se descarga la red SOL la forma efectiva será SOL, no otra, pues ésta es la única posible para esta red en ese momento si es la que se verifica, ya que es la efectiva en ese momento).

Que sea nula la probabilidad de encontrar a S, O y L en un estado distinto a SOL durante la efectividad de SOL como objeto subjetivo no sólo es inevitable por la especificidad neuronal, sino que además curiosamente es análogo a lo que ocurría en un estado entrelazado. De modo que sorprendentemente el estado SOL es análogo a un estado entrelazado en la práctica de hecho, desde este punto de vista.

En la práctica será nula la probabilidad de percibir algo distinto a SOL al activarse la red SOL (por la especificidad de la información consciente).

Así que de este modo sí puede estar teniendo lugar la recreación de una superposición de estados producto en el terreno de la abstracción, mediante la interacción retroactiva entre las redes S, O y L y su concurrencia temporal a ciertos efectos con un error despreciable en la práctica en determinada escala.

Ésto no sería otra cosa que la recreación en el terreno de la abstracción, en un sistema no lineal, del comportamiento de un sistema lineal.

Si ésto es cierto, debería tener explicación, y además demostración, la cual consistiría en la posibilidad de detectarse lo que la posibilidad de esta recreación de una superposición de estados producto permitiría predecir como consecuencia lógica, que sería, básicamente, la existencia de actividad neuronal en sincronización de fase entre las neuronas, por ejemplo, de S y O, y las de O y L, y en correlación con la subjetividad, con la percepción subjetiva de SOL.

¿Qué es la diasquisis?

Las neuronas posiblemente podrían llevar a cabo esta recreación de una superposición de estados producto gracias a sus propiedades morfofuncionales, que incluyen la retroacción descrita previamente, quizás por reentrada, y que probablemente incluyan también la posibilidad de su concurrencia temporal mediante sincronización de fase, que es la hipótesis presentada en el artículo mencionado en el prólogo y cuya exégesis constituye este ensayo.

Además, para que esta recreación sea posible, las neuronas precisan disfrutar de la propiedad de la diasquisis entre neuronas. La diasquisis consiste en la conexión morfofuncional entre regiones separadas del cerebro, conexión a distancia, y con la posibilidad de integrarse en un todo mediante correlación local a pesar de dicha distancia.

Márquez describe la diasquisis en uno de los capítulos del Tratado de Fisiología humana de Tresguerres, en su edición del año 2.000. Según cuenta Márquez, cuando se ejecuta una tarea mental correspondiente a una zona cerebral determinada no sólo se activa esa zona. Así que la diasquisis supone en la práctica una anulación de la separación espacial entre regiones neuronales dispersas por el cerebro, que al funcionar a la vez, en red, y por la diasquisis, actúan en la práctica como si estuviesen todas en el mismo sitio y momento, en el mismo estado, en la misma red, de modo que al correlacionarse entre sí se comportan como un todo desde el punto de vista morfofuncional en determinada escala, como una red neural.

La diasquisis es posible gracias a las neuronas intercalares, y también gracias a que una neurona puede hacer sinapsis con otra alejada, al ser las neuritas largas.

La diasquisis hace posible no sólo la organización en red, sino también la correlación local entre neuronas, necesaria para recrear una correlación no local en el terreno de la abstracción. Sin correlación local entre neuronas no habría interacción entre neuronas, y sin interacciones, y muchas, no habría un sistema suficientemente complejo como para que tuviese lugar la recreación en el terreno de la abstracción de cosas como la correlación no local.

De hecho, existe evidencia diversa del acoplamiento de las descargas neuronales simples independientemente de la distancia entre las neuronas (véase, por ejemplo: Canolty RT et al. Oscillatory phase coupling coordinates anatomically dispersed functional cell assemblies. Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 2.010; 107: 17356-17361).

Esta actividad a distancia daría lugar a la aparición de las redes neurales funcionales macroscópicas que se observan en los cerebros de los mamíferos (véase, por ejemplo: Mesulam MM. Large-scale neurocognitive Networks and distributed processing for attention, laguage, and memory. Ann Neurol 1.990; 28: 597-613; y véase al respecto también el trabajo de Varela citado más abajo en el Epílogo), aunque todavía no se sepa exactamente cómo.

¿Cómo tendría lugar el confinamiento en la escala macroscópica durante la recreación de una superposición de estados producto en el cerebro?

La probabilidad de encontrar el objeto mental-partícula S en un estado distinto al estado S, mientras SOL está siendo efectivo como percepción subjetiva, es nula. Es fácil de asumir, S es parte de SOL, es parte del estado producto SOL. Si SOL fuera análogo a un estado entrelazado, y la partícula S estuviera en el estado S, las partículas O y L deberían estar en los estados O y L con una probabilidad no nula, y tendrían una probabilidad nula de estar en otro estado que no fuera el subjetivo con el que se identifica el estado SOL en ese momento (dado que sujeto y objeto son una sola cosa). Es decir, el estado SOL es reducible, pero constituye un todo a ciertos efectos en determinada escala y con un error despreciable en la práctica, se comporta como una sola partícula, un solo yo consciente. Ésto es análogo a lo que ocurre durante un entrelazamiento, como se ha visto más arriba.

Por tanto, la probabilidad nula del objeto mental-partícula SOL de estar fuera del estado morfofuncional denominado SOL es la clave para conseguir que el fenómeno sea efectivo a escala macroscópica y confinada: no puede dejar de ser macroscópica y confinada mientras SOL sea efectivo, así de simple, porque SOL es una red macroscópica de hecho, y la probabilidad de la partícula SOL de ser detectable en otro estado es nula, pues la actividad sináptica es verdadera, ocurre si ocurre, y es específica. Como es nula la probabilidad de estar en otro estado si está en ese estado (es nula la probabilidad de ser falsa la efectividad de la descarga de un potencial de acción que se está produciendo donde se está produciendo y cuando se esté produciendo) de ahí que el objeto esté confinado, confinado en SOL, en el estado SOL, y por tanto en la escala SOL.

Como SOL es una red macroscópica, es una escala confinada macroscópica. Por éso la emergencia y el confinamiento de la subjetividad puede ocurrir, y así es cómo ocurre, probablemente.

¿Por qué sería nula la probabilidad de encontrar una red en un estado distinto al estado en el que está?

En el caso del objeto S, como no es una partícula a todos los efectos, sino sólo un conjunto numeroso de neuronas recreando el comportamiento de una partícula a ciertos efectos en determinada escala y con un error despreciable en la práctica, la razón por la que S corresponde sólo a ese grupo de neuronas no se debe a que sea una partícula (que no lo es a todos los efectos, o dicho de otro modo, no lo es), sino que se debe a que la S sólo puede ser conformada por el grupo de neuronas que se configuren con esa forma, pues las formas configuradas por las neuronas están organizadas no de cualquier manera en el cerebro, sino, entre otras cosas, con especificidad espaciotemporal, en un lugar específico y en un momento específico, conformando, probablemente, un código específico, único e irrepetible.

El estado S debe corresponder entonces a una red neural integral dada, de modo que esa red tampoco estará en otro estado en ese momento, porque sólo tiene una forma en cada momento, por su especificidad, y además de su especificidad también por su carácter proposicional (verdadero), irreversible (caótico), no ergódico (no repetitivo) y mnésico (memorístico).

¿Cuál podría ser el correlato neural de la subjetividad?

Aparte de la diasquisis, para la percepción subjetiva de SOL parece necesaria la existencia de tres redes, cada una codificando específicamente cada letra, algo posible por la especificidad espaciotemporal de las redes y por tanto de lo que las redes significan con sus códigos.

Además, las redes S, O y L deberían estar conectadas entre sí por sinapsis recíprocas, tal vez por reentrada.

Estas redes además deberían poder activarse de este modo retroactivo con preferencia, deberían ser vías facilitadas de antemano, para que la integración de SOL esté facilitada; dicha facilitación requeriría por un lado una predisposición innata, genética, a dicha facilitación, y por otro lado el aprendizaje de dicha facilitación gracias a la plasticidad de las sinapsis, a la interacción con el medio, y al fenómeno de la memoria.

La predisposición genética de las redes y su disposición adquirida ha sido revisada recientemente por Stam y Straaten en un artículo en el que revisan el modelo sobre la organización de las redes neurales (Stam C. J., Straaten E. C. W. The organization of physiological Networks. Clinical Neurophysiology 2.012; 123: 1067-87).

La correlación entre las redes S, O y L (o entre las redes forma, brillo, color, etc., de una bola de billar roja), tal vez reentrando cada red en sincronización de fase de sus señales simples con las señales simples de las otras redes, haría posible la compatibilización de las tres redes (compatibles: que sean verdaderas al mismo tiempo, coherentes entre sí), y haría posible también la simultaneidad (concurrencia temporal) de su activación, simultaneidad posiblemente efectiva a escala macroscópica (en forma de yo consciente que percibe SOL, o que percibe bola de billar roja y todo lo que ello signifique) por la falta de resolución a escala macroscópica con un error despreciable en la práctica de manera correlativa con esa sincronización de fase entre las señales simples de las redes implicadas y de manera correlativa con el resto de la actividad neural correlativa necesaria a escala microscópica.

De modo que la sincronización de fase entre señales corticales simples podría ser una pieza necesaria para completar el “puzzle” que permitiría comprender cómo surge el yo consciente.

De este modo podría tener lugar la integración a ciertos efectos de las redes S, O y L en una sola red SOL, en particular al efecto de la emergencia de la propiedad mental de la subjetividad.

Las redes S, O y L, al integrarse en SOL, y como cada red es un estado, si lo hicieran mediante una entrada o reentrada transitoria en sincronización de fase entre sus neuronas, las neuronas estarían entrando en interferencia entre ellas (para que haya interferencia los focos deben ser coherentes, y no es necesario que estén sincronizados –en fase-, y quizá la reentrada talamocortical tuviese alguna influencia en este extremo). En consecuencia, los estados de las redes S, O y L, en el estado SOL, se estarían superponiendo, y lo estarían haciendo mediante una recreación del fenómeno de superposición (la recreación de la interferencia de un sistema consigo mismo, la recreación de un entrelazamiento). Y si se superponen, se suman, es decir, se integran, con lo cual tal vez sea así como la nueva red, SOL, conseguiría ser efectiva como red, mediante este nuevo e hipotético mecanismo de formación de redes neurales que se está describiendo y proponiendo y que debería incluir la sincronización de fase transitoria entre señales neuronales simples de redes compatibles en corteza de asociación.

Téngase en cuenta que esta sincronización de fase hipotética que se está proponiendo debería tener lugar neurona a neurona, es decir, entre señales simples, y por tanto debería ser detectable entre señales simples, no mediante la detección de la actividad de grupos neuronales grandes, sino neurona a neurona, mediante microelectrodos capaces de detectar la actividad neuronal neurona a neurona, técnica que está en la actualidad disponible (véase, por ejemplo: Acuña C, Pardo J. Ventral premotor cortex neuronal activity matches perceptual decisions. Eurpean Journal of Neuroscience 2011; 33: 2338-48; o véase también, por ejemplo: Pardo J, Acuña C. Bases neurales de las decisiones perceptivas: papel de la corteza premotora ventral. Revista de Neurología 2014; 58: 401-410).

¿Tiene sentido esta hipótesis?

Las redes S, O y L no serían compatibles ni se integrarían si no se superpusieran. Se percibe SOL, y SOL es reducible a neuronas que hacen algo, por tanto la recreación de la superposición (la entrada en coherencia) debería ser cierta.

Así mismo, S, O y L no se superpondrían si fuesen incompatibles, así que deben ser compatibles (deben estar interconectadas por sinapsis, de modo facilitado, retroactivo, etc.). Curiosamente, los estados deben ser compatibles para que haya un entrelazamiento, así que, hasta ésto se cumpliría de manera análoga también en esta hipotética recreación del entrelazamiento en el cerebro.

¿Es compleja la subjetividad?

Supóngase que las neuronas fuesen capaces de llevar a cabo una recreación de un estado entrelazado en el que ciertas redes constituyesen a ciertos efectos estados producto que se superpusieran, constituyendo sistemas de redes de complejidad creciente. Al percibirse SOL subjetivamente ha de estar teniendo lugar la recreación de un estado producto S+O+L, mediante la integración de las redes S, O y L. El estado entrelazado efectivo en ese momento sería el equivalente de la mente subjetiva en ese momento. Y ahora hay que percatarse de otro detalle: cuando la mente subjetiva esté siendo efectiva, y SOL esté siendo efectiva como percepción subjetiva (en sentido figurado: cuando el sujeto sea consciente de estar pensando en la palabra SOL), el sujeto no puede limitar el contenido de su conciencia subjetiva a la palabra SOL, o a una bola de billar, o a una manzana, sino que estará ocupando su mente subjetiva con un gran número de objetos a la vez, ya que torrentes de datos estarán incorporándose a su subjetividad, no sólo SOL, sino también sonidos, olores, sabores, recuerdos, sentimientos, ideas más o menos abstractas asociadas a SOL, y un largo etcétera, la mesa de billar, el árbol del que cuelga la manzana, etc. De modo que aunque se esté utilizado SOL, o manzana, o bola de billar como ejemplos simples para ir describiendo cómo hipotéticamente funcionaría el cerebro, debe quedar claro que se sobreentiende que el cerebro es más complejo que el ejemplo expuesto. Así que el análogo a un estado entrelazado llamado subjetividad consistiría en diversos estados producto superpuestos en ese momento.

La prueba es que no se podría ser subjetivamente consciente sólo de SOL, o sólo de una bola de billar, etc., por mucho que uno se empeñase: la subjetividad es compleja a pesar de su aparente simplicicad. No se puede mirar a la bola de billar sobre la mesa de billar y percibir sólo a la bola.

Por otro lado, es lógico que sea así de compleja, ya que es una propiedad emergente, y la emergencia de propiedades y objetos depende de la complejidad del sistema.

Gracias a que la subjetividad es fundamentalmente compleja es posible que emerja, y gracias a la emergencia es posible que la subjetividad compute lo simple también, como la relativamente simple palabra SOL (relativamente, porque parece una, un solo objeto, un objeto simple, pero estará formada por los miles o millones de neuronas que la codifiquen).

SOL será perceptible subjetivamente precisamente gracias a que se integra con el resto de los contenidos de la subjetividad, gracias a que dicha red neural adquiere la propiedad de la subjetividad mediante la integración peculiar con otras redes.

¿Se conocía ya la posibilidad de la sincronización de fase entre señales simples corticales, y su posible correlación con la subjetividad?

Hasta ahora no se había predicho ni se había observado la existencia de sincronización de fase entre neuronas de áreas de asociación corticales compatibles, que yo sepa.

Es posible que Elías Manjárrez haya observado sincronización de fase en niveles subcorticales, según me comunicó en una ocasión y si yo he entendido bien lo que me dijo (tuvo la amabilidad de cartearse conmigo), lo cual indica que, dado que los niveles subcorticales son más primitivos que los corticales, en dichos niveles la sincronización de fase entre señales simples podría ser una preadaptación que a lo largo de la evolución podría haber terminado haciendo posible la emergencia de la subjetividad cuando dicha sincronización de fase entre señales simples ocurriese en un terreno lo suficientemente complejo, la corteza de asociación, un fenómeno quizá con la complejidad suficiente como para correlacionarse ya con la subjetividad, por la peculiar estructura morfofuncional de la corteza, que incluiría por un lado su tamaño, y por otro su compleja estructura telencefálica, incluyendo probablemente la reentrada entre varios niveles y las demás piezas del “puzzle” que se han ido mencionando a lo largo del ensayo.

La sincronización de fase entre señales complejas (no entre señales simples) sí había sido descrita, por Varela y colaboradores, en trabajos como el que se cita a continuación: Varela FJ, Lachaux JP, Rodríguez E, Martinerie J. The brainweb: phase synchronization and large-scale integration. Nat Rev Neurosci 2.001; 2: 229-39. Pero la que interesaría para el correlato neural de la subjetividad probablemente sea la sincronización de fase entre señales simples, que se propone aquí como hipótesis al respecto, ya que no había sido predicha previamente, que se sepa, ni observada, según parece, de ahí que se considere oportuno hacer pública esta idea.

¿Se conoce ya el correlato neural de la subjetividad?

No se conoce el correlato neural de la subjetividad, no se ha comprobado cuál es.

Si fuera cierto que existe tal sincronización de fase transitoria entre señales simples de redes compatibles en corteza de asociación en correlación con la subjetividad, para que dicha actividad hipotética fuese la explicación o la clave de la explicación de la emergencia de la subjetividad interesaría que fuera compatible con la descripción de dicha emergencia tal como se ha hecho aquí, como algo dependiente de un cambio de escala y un confinamiento en el sistema durante la percepción a simple vista, y además debería tal descripción tener sentido de algún modo como la recreación de un entrelazamiento de objetos mentales para su unificación en ese todo único e individual a simple vista que es el sujeto, el yo consciente. Veamos cómo a continuación.

¿Cómo superar las dificultades que debe afrontar la hipótesis aquí propuesta, desde el punto de vista de la lógica, para que tenga sentido; cómo compatibilizar a una hipotética sincronización de fase entre señales simples corticales con una posible recreación de un entrelazamiento cuántico entre objetos mentales?

Para que la recreación de un entrelazamiento entre objetos mentales en el cerebro tenga sentido como descripción a escala macroscópica del modo en que emerge la subjetividad, tiene que ser compatible con la hipótesis según la cual la sincronización de fase transitoria entre señales simples corticales sería una pieza clave para la explicación a escala microscópica del hecho (lo cual por otro lado convierte a la hipótesis en algo comprobable científicamente, y falsable), y para que tenga sentido tiene que ocurrir también que la compatibilidad entre ambos suponga además ese cambio de escala que se intuye, de microscópica a macroscópica, y ese confinamiento en dicha escala durante la efectividad de la subjetividad, dado que la propiedad de la subjetividad es efectiva o detectable a escala macroscópica confinada, es decir, sólo a simple vista, que se sepa.

Si la emergencia de la subjetividad se explicase por la formación de un cierto tipo de red neural peculiar en corteza de asociación mediante cierto mecanismo de correlación neural hipotético, siendo la clave la sincronización de fase entre señales simples, el cambio a una escala macroscópica sería fácil de entender, dado que una red es de hecho macroscópica respecto de las neuronas que la constituyen, que son, de hecho, microscópicas.

En cambio, parece más difícil entender el confinamiento en dicha escala, del que dependería que dicha correlación neuronal se pudiese describir como la recreación de un entrelazamiento y que así la hipótesis tuviese sentido. Veamos cómo.

El cerebro presenta una estructura morfofuncional compleja. Gracias a dicha complejidad y peculiaridad, en el cerebro posiblemente se configura la recreación de una superposición de estados en el terreno de la abstracción, con el resultado de la formación de estados producto (por ejemplo, el estado producto S+O+L).

Supóngase que un estado producto en el cerebro fuese una red que está entrando transitoriamente en sincronización de fase de sus señales simples con las neuronas de otra red compatible, por ejemplo, supóngase que S+O+L fuese transitoriamente un estado producto por sincronización de fase entre las señales simples de S, O y L. Cuidado, no por sincronización de fase entre las neuronas de S con las de S, las de O con las de O y las de L con las de L, sino entre las señales simples de cada red con las de las otras redes. Dicho estado producto, dicha red SOL (por ejemplo) recién formada, definiría una nueva unidad de medida (por ejemplo, SOL sería una nueva unidad de medida). Dicha nueva unidad de medida definiría también una nueva escala por tanto, que sería macroscópica por dos razones, uno, por ser SOL una red neural macroscópica (las redes neurales son macroscópicas), y, dos, por ser SOL macroscópica respecto de S, O y L, al ser más grande.

De modo que otra de las claves que haría posible la emergencia de la subjetividad sería la propia estructuración morfofuncional de la corteza en redes neurales como unidades funcionales a ciertos efectos de hecho.

Dicha escala macroscópica definida por, por ejemplo, la red SOL podría ser la efectiva durante la subjetividad si la red SOL fuese el correlato (parte del correlato, se sobreentiende) neural de la subjetividad en un momento dado (es decir, si, por ejemplo, S, O y L, redes compatibles, presentasen sincronización de fase transitoria entre sus señales simples y se formase así la red SOL).

Por supuesto que, además de la reentrada entre S, O y L por sincronización de fase transitoria (transitoria porque tendría lugar sólo mientras durase la efectividad de SOL) entre sus señales simples, SOL necesitaría cruzar el umbral de emergencia (en la práctica, ésto precisaría que el estado producto fuese no sólo S+O+L, que se pone como ejemplo ideal para ir avanzando en la deducción, sino, tal vez, S+O+L+un número indeterminado y difícilmente predecible de objetos mentales necesarios para lograr la complejidad suficiente como para cruzar dicho umbral de emergencia de la subjetividad).

Por tanto, parte de la clave de la emergencia de la subjetividad, parte de la respuesta, reside también en la complejidad propia del cerebro.

Si SOL (en referencia tanto a la palabra-estado-partícula SOL perceptible a simple vista como a la correspondiente red neural SOL correlativa) consiguiese ser efectiva como percepción subjetiva, y dado que SOL sería S+O+L, entonces la probabilidad de que tuviese lugar la percepción consciente y subjetiva de la palabra SOL fuera de la escala determinada por la red SOL debería ser nula si fuese la recreación de una superposición de estados producto. Y debería ser nula, dicha probabilidad, porque recuérdese que un estado producto implicaba la probabilidad nula de la detección de, por ejemplo, S, O o L fuera de S+O+L durante la efectividad del estado producto, aun cuando previamente fuesen incompatibles, es decir, por ejemplo, aun cuando previamente no estuviesen correlacionadas mediante sincronización de fase entre sí sus señales simples mientras el estado producto no fuera efectivo (lo cual, por cierto, cumpliría el requisito de la hipótesis de ser falsable para que tuviese carácter científico, pues no debería detectarse sincronización de fase entre esas neuronas en ausencia de un estado producto recreado entre ellas; y por otro lado: como una neurona puede pertenecer a más de una red, habría que estar seguros antes de confirmar que una neurona dada no estaría formando parte de algún estado producto sin identificar, en caso de observarse sincronización de fase de manera imprevista). Y obsérvese que ésto tiene sentido para SOL tanto tomada como palabra, es decir, como objeto mental, abstracto, como si se toma como red neural, es decir, como estructura morfofuncional a base de neuronas e interacciones sinápticas correlativas con dicho objeto mental, porque como palabra la S, la O y la L juntas sólo significan SOL, pues no pueden significar MANZANA, y con SOL tomada como red neural debería ocurrir lo mismo, por la especificidad de la codificación espaciotemporal de la actividad neuronal (hé aquí el quid). Por tanto desde ambos puntos de vista dicha probabilidad será nula (y la hipótesis aquí presentada sería compatible tanto con la explicación de la subjetividad a base de sincronización de fase entre señales simples, como con la descripción de la subjetividad como un fenómeno emergente peculiar), y por tanto el confinamiento de S, O y L en SOL tendría que ser efectivo necesariamente, por lógica, y en consecuencia el confinamiento en la escala macroscópica que SOL determina tendría que ser efectivo (como así ocurre de hecho).

Como se ve, la especificidad de la codificación neuronal es crucial.

El que este razonamiento sea válido tanto para SOL como palabra, como para SOL como red neural, hace a la explicación a escala microscópica del correlato neural de la subjetividad, basada en la predicha sincronización de fase transitoria entre señales simples de redes compatibles en corteza de asociación, compatible con la descripción a escala macroscópica de la emergencia de la subjetividad basada en la recreación en el terreno de la abstracción de un entrelazamiento entre objetos mentales quod erat demonstrandum.

Así que, como de hecho somos efectivos con la forma de yoes conscientes en la práctica, sería sorprendente que la sincronización de fase transitoria entre señales simples de corteza de asociación, durante la efectividad de la subjetividad, no estuviese ahí esperando para ser descubierta por alguien con los medios técnicos adecuados y un poco de… “olfato”.

¿Cómo conseguiría ser nula la probabilidad de SOL de estar en un estado distinto a SOL por la especificidad de la red neural correspondiente, tanto desde el punto de vista de SOL como objeto mental, como desde el punto de vista de SOL como red neural correlativa, y de ese modo justificar el confinamiento en la escala macroscópica?

Mientras SOL (por ejemplo) sea efectiva como forma de percepción subjetiva, la probabilidad para la palabra-objeto mental SOL de estar siendo subjetiva por la actividad de otra red que no sea la red SOL será nula (porque no se pensará en SOL si se activa la red MANZANA, sólo si se activa la red que simboliza y significa específicamente SOL). La palabra SOL no estará en otro estado que no sea el estado red-SOL (que sería un estado producto S+O+L) mientras la percepción subjetiva de SOL sea efectiva. La probabilidad de SOL de ser parte de la subjetividad durante la actividad de otra red que no sea SOL, o durante la inactividad de la red SOL, será nula, por la especificidad espaciotemporal de la red SOL, que codifica específicamente SOL (la red que codifica SOL sólo codifica SOL, sólo es información consciente referente a SOL, no a MANZANA).

Dicha probabilidad de estar SOL en otro estado que no sea S+O+L, será nula. SOL podría entonces ser algo así como la recreación de un entrelazamiento entre S, O y L, y, por tanto, S+O+L podría ser efectivo como la recreación de un estado producto a escala macroscópica con un error despreciable en la práctica, ya que por ser nula la probabilidad de tener otra cosa que SOL en S+O+L, el fenómeno podría ser efectivo como análogo a dicha superposición de estados producto, pues dicha probabilidad nula es el requisito para tener una superposición de estados producto, un entrelazamiento, o una recreación del mismo en este caso.

De este modo no sólo la subjetividad sería efectiva como propiedad emergente con el cambio de escala (cambio de escala que tiene sentido por el hecho de ser, la red SOL, macroscópica respecto del estado anterior), sino que, además, si fuera nula la probabilidad de SOL de estar en otro estado que no fuera SOL, es decir, el estado S+O+L (otro estado que no fuera SOL podría ser, por ejemplo, el estado S, O y L), la subjetividad estaría, de hecho, confinada en la práctica en dicho estado y por tanto en dicha escala macroscópica, y con un error despreciable a ciertos efectos en la práctica en determinada escala. De modo que SOL estaría confinada (por ejemplo, a simple vista, por la pérdida de resolución temporal y el confinamiento, SOL parecería una sola cosa, una sola palabra, un solo concepto en referencia a un solo objeto, el sol, no una multiplicidad de neuronas, ni de letras, ni de conceptos, ni de soles, ni de yoes) y así la percepción subjetiva estaría confinada, y de este modo la experiencia consciente subjetiva, con su peculiar carácter de unicidad e individualidad, podría ser efectiva, quod erat demonstrandum. Usted ya habrá notado que, de hecho, sí puede ser efectivo como un yo consciente que percibe el entorno (o no estaría leyendo este ensayo).

¿Es lógica la hipótesis aquí propuesta?

La hipótesis que describe a la propiedad mental de la subjetividad como resultado de la recreación de una superposición de estados producto en el cerebro, y que trata de explicar el hecho mediante un correlato neural que por deducción lógica debería incluir la predicha sincronización de fase transitoria entre señales neuronales simples de redes compatibles en corteza de asociación en correlación con la percepción subjetiva, por todo lo dicho, parece lógica.

¿Es comprobable esta hipótesis?

Parece lógico intentar comprobar en un laboratorio si esta hipótesis es correcta o no. La hipótesis sería comprobable mediante la detección de la actividad neural predicha en correlación con la percepción subjetiva, y falsable mediante la ausencia de dicha actividad en presencia de percepción subjetiva. Es una hipótesis científica, por tanto.

Se podría buscar esta actividad predicha, por ejemplo, en las áreas V1 y V2 de corteza occipital, pues en ellas parece ser que podría codificarse la forma y el color de un objeto perceptible como un todo.

¿Cómo se explicaría entonces la emergencia de la subjetividad?

Si esta hipótesis fuera correcta, la sincronización de fase transitoria entre señales neuronales simples de, por ejemplo, V1 y V2, haría posible la concurrencia temporal de, por ejemplo, forma y color, conservando su heterogeneidad, para formar parte de un todo único e individual, por ejemplo, de la idea que un sujeto, por ejemplo, Newton, se formaría sobre una manzana que cae por efecto de la gravedad, pero conservándose la heterogeneidad de la forma respecto del color, y así quedaría resuelto el problema de cómo podría surgir la propiedad mental de la subjetividad. Es lógico.



Epílogo

¿Cómo se resumiría la idea central de este libro en una exposición final, en caso de que no haya quedado clara todavía?

Como dijo Einstein, lo importante es no dejar de hacerse preguntas, y como quizá dijese un primo de Sócrates, que citase a su primo ilustre para darse importancia (en vez de procurar ser útil), sólo sé que no sé todo.

En la época de Sherrington se investigaba la fisiología del sistema nervioso. ¿Qué investigadores se ocupaban de esta investigación? Pues Sherrington, por ejemplo. Se paraban en la fisiología de la visión especialmente, quizá por ser un sentido que se experimenta con gran intensidad, que permite un “contacto” con la realidad tan intenso como para que la realidad parezca algo muy… real, es decir, muy patente, muy efectivo, muy detectable, algo nada virtual o irreal, desde luego, y a la vez por ser más accesible a la investigación que otros contenidos de la mente, por estar localizado su procesamiento en gran parte en una vía neural concreta que va desde los ojos hasta la corteza occipital, que está “a tiro”, por decirlo así.

Si uno percibe como sujeto consciente, o sea, subjetivamente, por ejemplo, una bola de billar roja que uno tiene delante de sí encima de una mesa de billar, percibirá en cada instante a toda esa bola roja como un… todo, objetivamente, como algo, único e individual, o dicho de otro modo, único e indivisible (una sola bola y que sólo parece ser éso, una bola, no otra cosa u otras cosas), redondo y rojo por toda su superficie, un objeto sin interrupciones en la continuidad de ese todo y de esa superficie redonda, y de esa rojez.

Nótese que también la rojez, una de las partes de las que sabemos que consta ese objeto mental en forma de bola de billar redonda y roja, constituirá a simple vista un todo único e individual, indivisible en partes menores durante su percepción como un todo (y más claro quedaría ésto aun si se pudiese percibir la bola sólo por su rojez).

La continuidad, unicidad e individualidad de la rojez de esa gran superficie, percibida de ese modo, tendría que deberse a que la percepción de la rojez, en ese instante en que dicha rojez fuese percibida como un todo continuo, único e individual, tendría a su vez que deberse a una integración de ese proceso de percepción en función del tiempo, no del espacio, ya que la superficie de la bola tiene una extensión dada, y su representación en el cerebro también tiene lugar en un grupo de neuronas con una extensión dada en el espacio del cerebro. Ésto quiere decir que la rojez, para tener unicidad e individualidad de por sí a simple vista con un error despreciable en la práctica a escala macroscópica, no estaría integrada en un punto del espacio. Por tanto, la rojez debería estar integrada en un punto del tiempo para ser un todo. Ese punto es el ahora, el tiempo presente, que es el punto en el que el yo consciente se diría que se mueve a lo largo de la línea del tiempo para ser efectivo, como ya analizó Husserl en su momento.

Luego, la rojez parece ser un todo puntiforme sin fisuras, indivisible, irreducible, sin partes visibles (¿de qué partes estaría compuesta la rojez a simple vista?). Para que lo sea, su integración durante la percepción (siendo la percepción la integración peculiar de esa información sensorial múltiple sobre el color rojo de la bola, la integración de la información sobre los millones de fotones “rojos” que llegan a la retina y que van a dar lugar a la sensación “rojo” mediante el procesamiento de esa información por millones de neuronas), debería tener lugar en función del tiempo, no del espacio, porque dicha rojez no provendría de un todo único, sino, para empezar, de una enorme multiplicidad de fotones “rojos” reflejados en la bola que inciden en una multiplicidad de neuronas “rojas” de la retina que envían hacia el cerebro información sobre ese color rojo a lo largo de una multiplicidad de axones que van a hacer conexión con innumerables neuronas del cerebro, cada una con algo así como una “porción” de ese color rojo que va a constituir al cabo de poco rato un todo único e individual, una sola rojez sin aparente estructura interna a simple vista, sin partes menores a simple vista.

Dicha rojez conseguiría por tanto ser una y ser indivisible (individual). De hecho, se diría que por ésto se caracteriza la subjetividad (o su manifestación patente en la práctica, el yo consciente que cree percibir, por ejemplo, la rojez), porque la información múltiple se unifique e individualice de tal manera que a cambio, desde un punto de vista solipsista e ilusorio, parezca haber un sujeto único e individual llevando a cabo la percepción de esa multiplicidad que nos rodea, gracias al cambio de escala y el confinamiento por el que el sistema pasa a ser macroscópico confinado, y por ello las partes pasan a ser efectivas como un todo cuyas partes caen fuera de la capacidad de resolución del sistema (el sistema a escala macroscópica no consigue suficiente nitidez o definición como para que se perciba lo microscópico).

El cerebro que percibe la bola roja está formado por una multiplicidad de neuronas, miles de millones de neuronas (por tanto, la unicidad, indvidualidad e irreducibilidad de la rojez probablemente es una ilusión por falta de resolución a escala macroscópica para percibir las cosas de otro modo).

Para que los códigos supuestamente procesados por algunas de esas neuronas con el significado “rojo” se integren en función del tiempo, y para otro tipo de fenómenos similares, a Sherrington se le ocurrió en consecuencia que debería tener lugar algún tipo de “concurrencia temporal” entre esas neuronas en este tipo de casos (sobre lo que investigó Sherrington en particular no fue sobre la rojez, sino que fue acerca de la fusión de la imagen de los dos ojos en una sola imagen, que es lo que percibimos si todo va bien), concurrencia temporal necesaria para que se integren en función del tiempo las partes implicadas, de tal manera que la sensación de rojo procesada por esas neuronas al integrarse de este modo significase su unificación e individualización en una rojez, única e individual, la de una bola roja (y por tanto, en la práctica, lo mismo que decir: la rojez de una bola única e individual, al identificarse la rojez con la bola una vez integrada la rojez con la información sobre forma, brillo, etc.), concurrencia temporal necesaria para que la rojez emerja entonces como una sola cosa, o, dicho de otro modo, como el color de una sola cosa irreducible desde el punto de vista de la percepción, desde el punto de vista de la interpretación de lo que se ve, que además se hace a escala macroscópica y confinada (no se perciben fotones rojos, invisibles a simple vista, sino solamente una bola roja macroscópica).

Algunos investigadores llegaron a la conclusión de que esas neuronas correlacionadas en función del tiempo, para ser efectivas como un solo objeto a ciertos efectos, como al efecto, por ejemplo, de percibir una sola bola individual de un solo color, deberían correlacionarse mediante su sincronización.

La sincronización es una manera de que tenga lugar la “concurrencia temporal” entre neuronas, y consiste en que las descargas de esas neuronas sincronizadas se produzcan a la vez, en fase, coincidiendo cada descarga bioeléctrica de cada neurona con las del resto con las que esté sincronizada. La verdad es que a primera vista ésto parecería tener sentido, porque, del mismo modo que en un concierto el público tiende a sincronizar sus aplausos oyendo los del vecino y acoplándose con él, o del mismo modo que las aves de una bandada sincronizan sus movimientos y se mueven como un solo cuerpo, un todo, detrás del líder, también las neuronas, por mera proximidad, por el simple hecho de estar próximas y compartiendo un medio iónico común, disponen de la posibilidad de sincronizarse, pues de hecho se las considera a veces un sistema de osciladores acoplados.

De manera que la sincronización parecía una buena explicación en el camino de llegar a explicar este tipo de situaciones en las que se consigue que muchas partes (muchas neuronas) se comporten a ciertos efectos como un todo (una red neural), como en el caso de la percepción de una sola bola de billar roja individual (indivisible), una bola a simple vista esencialmente indivisible, con un error despreciable en la práctica.

Que en la mente sea efectiva la idea de una bola individual implica que esa bola es una sola cosa individual, única e indivisible, a ciertos efectos en determinada escala con un error despreciable en la práctica, de tal manera que, por más que nos empeñemos, si tenemos delante de nuestros ojos una sola bola de billar, y percibimos una sola bola de billar porque nuestro sistema visual funciona correctamente, percibiremos una sola bola de billar roja, no dos, ni tres, y esa bola será por tanto individual, indivisible, es decir, por ejemplo, su color rojo será sólo rojo, no seremos capaces de percibir de qué partes estaría compuesta su rojez; su silueta será sólo redonda y tampoco parecerá estar compuesta de partes menores (el solo planteamiento de ésto ya nos parecerá absurdo, ¿cuál sería la estructura interna de la rojez?).

Ésto llevó a los investigadores a darse cuenta de otra cosa: la rojez tal vez no tenía partes a simple vista, pero la percepción de la bola, rojez incluida, de hecho, sí tenía partes, aunque se percibiese el objeto como una sola bola roja. Las partes eran su forma, su color, el brillo, el movimiento, etc. Y consiguieron localizar en diferentes áreas del cerebro las neuronas que específicamente procesaban y supuestamente codificaban algunas de dichas partes, el área V1 de la región occipital, el área V2, etc. Pero como sujeto consciente las partes no se perciben individualmente, sino que se perciben como partes inseparables de ese todo. Si se percibe la bola no se puede percibir sólo su redondez, o sólo su rojez (ni se perciben dos bolas, una redonda pero sin color y otra roja pero sin forma), se percibe todo a la vez, y es ese todo lo que se entiende por bola (y es gracias a que se integra en un todo el que sea posible la percepción de la bola, al interpretarse esa información integrada con ese significado, el de bola). No es la suma de sus partes lo que se entiende como bola, sino el que esas partes constituyan un todo, una bola de billar, mayor que sus partes, redondez y rojez (mayor en el sentido de que sólo redondez o sólo rojez no son bola de billar roja).

En el proceso de la visión las sensaciones implicadas eran varias en cada todo.

El problema de cómo se perciben las partes diferentes del objeto (por ejemplo, color, forma, etc.) como un todo, es lo que se conoce como el binding problem.

En el caso de la bola de billar roja el sistema visual procesa por un lado la forma de la bola, por otro su color, por otro su brillo, etc. Se dieron cuenta de que cada uno de estos procesos sensoriales individuales, el procesamiento de la forma, del color, etc., no eran la percepción todavía, sino un paso previo, y que dentro del cerebro el proceso sensorial culminaba con la percepción, la integración de toda esa información diversa y la interpretación de su procedencia a partir de lo que se percibe entonces, en la culminación de este proceso, como una bola de billar roja, con su forma, color, brillo y demás sensaciones sumadas en un todo con un significado perceptible: el significado de una bola de billar roja individual. La percepción hace posible interpretar esa información sensorial como algo concreto en la práctica en determinada escala con un error despreciable: una bola roja en una mesa de billar con la que jugar al billar, momento en que se considera culminado el proceso de percepción en lo que a la bola se refiere.

La inevitable tentación que surge ante este análisis del proceso sensorial y perceptivo es la de preguntar lo siguiente: ¿no parece evidente que yo me considero a mí mismo un yo consciente único e individual, y no es evidente que el proceso de percepción, por el que se integra la percepción de una bola de billar única e individual, parece entonces idéntico al proceso por el que yo me considero un yo único e individual consciente de esa bola de billar única e individual? Diversas investigaciones sobre la visión, llevadas a cabo por Zeki, han corroborado este corolario, que podríamos formular como: sin objeto mental no hay sujeto consciente, o, sin objeto no hay sujeto (véase, por ejemplo: Zeki S., Bartels A. The asynchrony of consciousness. Porceedings of the Royal Society B 1.998; 265: 1583-85; donde presenta alguna evidencia acerca de la ligazón directa entre las áreas que codifican el movimiento y el color a la hora de explicar la percepción visual), o, como diría el primo imaginario de Sócrates, sólo sé que no se todo, pero, si sé, necesariamente hé de saber algo, pues posiblemente no se puede saber nada (y, por tanto, también por ésto la idea de la dualidad mente inmaterial-cerebro material es absurda, además).

Volviendo con la bola roja y las partes en las que el proceso de la sensación visual la divide a partir de lo que sobre ella entra por los ojos: forma, color, brillo, etc. Los investigadores, siguiendo la estela de Sherrington, empezaron a preguntarse cómo es que se integraban dichas partes para llegar a la percepción de, por ejemplo, una bola individual. Pensaron, como se ha dicho, que la sincronización neuronal podría ser la respuesta para la integración de dichas partes en función del tiempo, y así quedó la cosa durante décadas… Pero, meditemos por un momento acerca de la sincronización:

Supongamos que en efecto la forma redonda de la bola posee en el cerebro el significado “redonda” porque el cerebro es capaz de codificar el significado redonda. Ésto supondría que tendría que haber un código neural más o menos complejo con ese significado específicamente, el código que fuera. Supongamos entonces que el cerebro dispone también de un código neural para el color rojo, con el significado específico “roja”. Si las neuronas codificando el código neural espaciotemporal específico redonda se sincronizasen con las neuronas codificando el código específico roja (que con bastante certeza se sospecha que podría estar ocurriendo en dos zonas distintas del cerebro), para integrarse estas dos redes y dar lugar a la nueva red “cosa redonda y roja (y brillante, y moviéndose ruidosamente encima de una mesa de billar, etc., con lo cual difícilmente podrá confundirse con otra cosa)”, la bola de billar roja, entonces las descargas de ambos tipos de neuronas al sincronizarse tendrían que coincidir una a una, y en tal caso ambos códigos se volverían iguales, y de este modo perderían su especificidad… pasarían a significar otra cosa, ni redondo ni rojo, porque rojo dejaría de significar rojo al convertirse en redondo, y redondo dejaría de significar redondo al convertirse en rojo si ambos códigos se sincronizasen en fase.

Los códigos deben de ser específicos, por lógica, pues han de ser distintos para poseer significados distintos (debería investigarse ésto más a fondo, pues no se sabe de manera fehaciente, no se ha comprobado, aunque parezca obvio que debería ser así).

De manera que la sincronización tal vez sea importante para la integración de sensaciones y otras funciones del cerebro (por ejemplo, para que una descarga sincronizada de neuronas ordene a todas las células de un músculo dado con las que se conecten que se contraigan sincronizadamente y así ese músculo pueda funcionar como tal músculo a escala macroscópica al contraerse todo él de una vez –o como se contrae el útero como un todo durante el parto por la contracción sincronizada de sus células musculares en respuesta a la oxitocina-)… pero parece difícil que la sincronización permita explicar a fondo la integración de otras funciones, como la de la percepción, por lo dicho, y por tanto parece difícil que la sincronización sea la pieza clave para entender el yo consciente. Los investigadores no se dieron cuenta de este detalle durante décadas. La actividad neural durante la percepción no puede basarse fundamentalmente en la sincronización solamente. Con o sin navaja de Occam, debería haber otro mecanismo neural implicado.

Hay que decir que en la actualidad sí han empezado a percatarse de este detalle importante. Cuando yo me dí cuenta de este problema estuve indagando sobre ello, para comprobar si se le había ocurrido a alguien más, y, por ejemplo, en conversaciones con Alfredo Pereira Jr. en un foro de Internet sobre el cerebro, él me contó que ya había pensado en ésto hace años, y que lo había publicado en un libro (Pereira Jr. A., Rocha A. F. Temporal aspects of neuronal binding. In: Buccheri R., Soniga M. and Gesu V. (eds.), Studies in the estructure of time: From Physics to Psychopathology, Kluwer, New York, 2.000).

Hay algo más, también interesante: si la sincronización no permitiría explicar la percepción, tampoco debería ser la clave de la explicación del yo entendido como sujeto consciente, único e individual, que percibe de manera patente.

La explicación del yo, desde el punto de vista neural, es lo que podríamos denominar el problema del correlato neural de la subjetividad, uno de los asuntos más entretenidos en ciencia (normalmente se le conoce como el problema del correlato de la conciencia, pero no me parece totalmente correcto denominarlo así, como se comprenderá a estas alturas del ensayo). La lista de investigadores y divulgadores que se han ocupado de este asunto es larga: Crick, Changeaux, Damasio, Edelman y Tononi, Llinás, Zeki, Schrödinger, etcétera. Hay una creciente lista de obras de divulgación más o menos serias tratando de refilón, o de lleno, el asunto del correlato neural del sujeto consciente. Cada uno aporta pistas interesantes dirigidas a resolver el puzzle. Por ejemplo, a Schrödinger se le ocurrió decir que sujeto y objeto (mental) son una sola cosa. Crick aportó la idea según la cual la respuesta está en la materia del cerebro, y que es un fenómeno emergente. Changeaux, Damasio y otros han aportado la idea de acuerdo con la cual la respuesta estaría en cómo el cerebro hace las cosas, como se produce la correlación temporal entre redes. Llinás aportó la idea del encéfalo como un todo por reentrada talamocortical, posiblemente siguiendo la vieja idea de Bishop del tálamo como “marcapasos” del cerebro. Edelman y Tononi trajeron la idea de la sincronización entre redes por reentrada corticocortical. Y así llegamos una y otra vez a la sincronización como la posible respuesta, hasta ahora. Pero se diría que aún falta algo para que todas estas piezas encajen y tengan sentido.

Durante años, dado que las neuronas parecen osciladores acoplados, se han elaborado modelos de cómo podrían correlacionarse las neuronas por sincronización. Son conocidos por ejemplo los modelos presentados por Eurich, en los que la sincronización parece posible en el cerebro, y tan fácil que casi parecería necesaria también. Sin embargo, recientes investigaciones, como las llevadas a cabo por Alfonso Renart y Jaime de la Rocha por un lado, o por Alexander Ecker por otro, han demostrado que tal vez las neuronas no tiendan por sistema a sincronizarse al encontrarse en proximidad, sino al contrario, es decir, que la sincronización no se verificaría de manera necesaria e inevitable. Estas demostraciones son interesantes porque serían compatibles con lo que se está diciendo en este ensayo: que la sincronización no debería ser la clave para la explicación de lo que el cerebro hace durante la percepción subjetiva, durante la integración de su actividad en forma de yo a escala macroscópica, y, de hecho, ni siquiera sería lo que el cerebro tendería a hacer inevitablemente por sistema entonces, lo cual es conveniente, dado que difícilmente será la sincronización la pieza clave de la percepción subjetiva que falta por descubrir.

Hace años me dí cuenta de que lógicamente podría haber una forma de integrar, por ejemplo, forma y color (en referencia a la actividad neural correlativa) en una sola cosa indivisible (a ciertos efectos en la práctica en determinada escala con un error despreciable) sin recurrir a la sincronización si la bola percibida consiguiese ser efectiva en la práctica como un todo único e indivisible a pesar de tener partes mediante la recreación de un entrelazamiento en el cerebro: la sincronización de fase. Se denomina casi igual que la sincronización en fase, pero no es lo mismo, la sincronización consiste en poner a las neuronas en fase en todas sus descargas, es una sincronización en fase, y la sincronización de fase consiste en otra cosa, en ponerlas en fase sólo en la primera descarga de las neuronas, como ahora se verá.

La sincronización de fase tiene algunas ventajas: no es sincronización (en fase), y, por tanto, los códigos de forma y color posiblemente no quedarían eliminados al integrarse de este otro modo.

La sincronización de fase entre neuronas organizadas como osciladores acoplados consistiría en que un tren de descargas de dos neuronas (dos, por poner un ejemplo) coincidirían en una primera descarga de ambas, es decir, descargarían como un foco coherente, en fase sólo en la primera descarga, pero después cada código seguiría descargando con su forma espaciotemporal, aunque vinculados por esa primera descarga por la que coincidieron (como se sobreentiende, ambos trenes de descarga serían distintos, con frecuencias distintas, por ejemplo).

Esta forma de enlazarse dos descargas oscilatorias se denomina foco coherente, y es un fenómeno físico frecuente en sistemas oscilatorios, y las neuronas lo son, su carga oscila (oscila entre carga y descarga).

Resulta que para que haya un foco coherente y sincronización de fase no hace falta que haya sincronización, lo cual es otra ventaja, porque, como se ha dicho, recientes investigaciones han puesto de manifiesto que las neuronas no tenderían a sincronizarse por sistema por proximidad tanto como se pensaba, lo cual abre la puerta a que algo como la sincronización de fase tenga sentido.

Dos neuronas descargando en sincronización de fase conseguirían sin embargo llevar a cabo su necesaria concurrencia temporal (necesaria para la integración en función del tiempo de, por ejemplo, forma, brillo y color), porque por la sincronización de fase cada cierto número de vueltas volverían a coincidir por una fase, a estar en fase otra vez, periódicamente, de manera regular, por lo que quedarían vinculadas en función del tiempo, estarían en esa necesaria concurrencia temporal, aunque no sincronizadas.

Por ejemplo, imaginemos un modelo utópico simple: supongamos que una neurona de la red que codifica la forma produce 2 descargas por segundo (2 hertzios) y que otra de la red que codifica el color, y que quizá va a ponerse en sincronización de fase con la primera neurona, produce 3 descargas por segundo. Pues bien, si coinciden por una primera descarga, volverían a coincidir por sucesivas descargas cada 2 descargas de la primera neurona y cada 3 descargas de la segunda.

Cuando caí en la cuenta de la posibilidad de achacar a la sincronización de fase de la actividad neuronal simple la concurrencia temporal que parecía obvio que la sincronización tenía difícil llevar a cabo en corteza de asociación para explicar la percepción (por no decir imposible), me pareció tan lógico que supuse que ya habría sido predicha, descrita y observada por alguien… pues no; rebusqué durante años y no la encontré por ningún lado. Mejor dicho, sí la encontré, pero no tal como lo imaginaba.

Yo imaginé la necesidad de la sincronización de fase neurona a neurona, dado que la neurona es la unidad funcional fundamental y se conectan una a una por las sinapsis, tal como describió y comprobó Ramón y Cajal, de tal manera que una neurona de una red neural dada en corteza de asociación implicada en un código dado tendría que entrar transitoriamente en sincronización de fase con otra neurona de otra red neural dada en corteza de asociación compatible con la primera e implicada en otro código dado, y transitoriamente, porque sólo transitoriamente percibiremos una bola roja, no continuamente (y porque las descargas neuronales son transitorias, a veces descargan y a veces no).

Es decir, la sincronización de fase debería tener lugar entre señales neuronales simples, probablemente de neuronas pertenecientes a redes diferentes pero compatibles, y tal vez por la reentrada descrita por Edelman y Tononi, y tal vez puestas en sincronización de fase por un marcapasos de un nivel inferior como en la reentrada talamocortical propuesta por Llinás, pero una reentrada para dar lugar a una sincronización de fase transitoria entre señales simples en corteza de asociación no para dar lugar a una sincronización (la percepción subjetiva ha sido localizada experimentalmente en corteza de asociación por Maestú et al., entre otros, así que allí supuse además que podría producirse esta sincronización de fase transitoria entre señales simples).

Lo que encontré sobre sincronización de fase en corteza fue lo investigado por Varela (véase, por ejemplo: Varela F. et al. The brainweb: Phase syncrhonization and large-scale integration. Nat. Rev. Neurosci. 2.001; 2: 229-239), que se ocupó en efecto de la sincronización de fase, pero entre señales complejas, que por tanto no explicaría la integración de forma y color, o difícilmente lo haría, al no detectarse mediante el recurso a señales complejas las señales correspondientes a, por ejemplo, forma y color, precisamente por realizar sus detecciones sobre señales complejas, es decir, sobre grupos neuronales demasiado grandes como para afinar lo suficiente en este otro sentido.

También encontré un artículo de Elías Manjárrez en el que parecía haber indicios de la observación de sincronización de fase entre señales simples en el sistema nervioso. Me puse en contacto con él, y, si yo conseguí explicarle bien esta idea, y si conseguí entender correctamente sus respuestas y explicaciones, resulta que Elías Manjárrez sí habría encontrado sincronización de fase entre señales simples en el sistema nervioso central del gato, pero no en corteza de asociación, sino subcortical. Por tanto, no parece imposible conseguir hallar esta cada vez menos hipotética pieza del puzzle en corteza de asociación, dado el fenómeno de la telencefalización.

En diversos centros de investigación se están registrando ya señales encefálicas simples, y midiendo sus patrones de descarga, y comparando los patrones de descarga de diversos conjuntos de señales neuronales simples. Por ejemplo, aparte de los ya citados más arriba, Acuña y Pardo, también Weinberger sigue esta línea de trabajo (véase, por ejemplo: Weinberger M. et al.: Oscillatory activity in the globus pallidus internus: Comparison between Parkinson´s disease and dystonia. Clinical Neurophysiology 2.012; 123: 358-368). Y hay diversos trabajos de investigación que pasan una y otra vez cerca de la sincronización de fase entre señales simples (véase, por ejemplo: Vicente R. et al. Dynamical relaying can yield zero time lag neuronal synchrony despite long conduction delays. PNAS 2.008; 105: 17.157-17.162). Con Pardo me he puesto en contacto recientemente para proponerle la verificación de la hipótesis; me ha dicho que va a considerarlo, para ver si es factible el experimento, o no.

Y si todo ésto es cierto, posiblemente sólo sea cuestión de tiempo el que se publique la noticia sobre alguien que ha detectado sincronización de fase transitoria entre señales simples de redes compatibles en corteza de asociación. Y cuando tal noticia llegue a sus oídos, si llega, recuerde que parecía inevitable que tal hecho se produjera, porque era predecible, y era lógico.

Cuando alguien publique tal hallazgo, si ocurre el hecho, tal vez ese investigador ignore, o tal vez sepa, que probablemente le habrá hecho, por primera vez, una “fotografía” al sujeto consciente, a ese yo consciente único e individual que algunos intuimos que podría definir en la práctica la esencia de nuestro ser… dentro de un margen de error aceptable.

Glosario de términos

Abstracto: representativo, inconcreto.

Aplicación: programa informático que sirve para llevar a cabo alguna tarea.

Aporía: problema lógico de difícil solución.

Autoconciencia: conciencia del yo. Y por extensión, también, el hecho de ser consciente de que se es consciente. Algunos investigadores sospechan, con fundamento, que hay simios antropoides capaces de reconocerse en un espejo, lo cual sería ya tomar conciencia del yo, aunque sea rudimentariamente, y por tanto podría no ser patrimonio exclusivo del ser humano esta facultad.

Automatismo: comportamiento integrado en corteza. Se opone a reflejo (comportamiento con integración subcortical).

Caos: en el universo el cambio sistemático es fundamentalmente caótico, parece ser. Con esta expresión se quiere reflejar el hecho de que todo sistema tiende a lo largo del tiempo, como resultado de su evolución dinámica, a desordenarse hacia estados de mayor complejidad e impredecibilidad.

Los sistemas caóticos se denominan no lineales, y los deterministas, lineales.

Circuito neural: unidad funcional del sistema nervioso, microscópica, como la neurona, y a diferencia de la red neural, que es una unidad funcional macroscópica.

Código: conjunto de símbolos, compatible para emisor y receptor, y mediante el que estos intercambian información.

Comportamiento: los seres vivos se caracterizan por su comportamiento, su actividad motora. Los que carecen de sistema nervioso presentan un comportamiento al que se considera convencionalmente propositivo. Tal comportamiento es posible por la capacidad de autoorganización de los seres vivos. Se considera propositivo no porque un ser vivo e inconsciente (como un protozoo) pueda tener un propósito deliberado al aproximarse al alimento y alejarse del depredador, sino porque ir a por el alimento parece seguir un propósito (la supervivencia, por ejemplo), desde el punto de vista del observador macroscópico. Al comportamiento integrado en un sistema nervioso se lo considera consciente, además de propositivo.

Computación: tratamiento de símbolos. Computar es pensar.

Concreto: aquéllo que es de por sí, que tiene entidad de por sí, que no es reducible a partes menores, que es reducible sólo a sí mismo, que es lo que es y no es otra cosa. En la práctica diversos objetos pueden ser efectivos como concretos a ciertos efectos en la práctica con un error despreciable en determinada escala. Ésto podría ser función de la escala, por tanto, como es el caso de un vaso de agua que uno se bebe, algo concreto en la práctica a escala macroscópica dentro de un margen de error aceptable, o una manzana que uno se come, o el “yo consciente” que cada uno tal vez cree ser.

Se desconoce si hay algo verdaderamente concreto a todos los efectos, irreducible a partes menores desde cualquier punto de vista; lo más concreto que se conoce son las partículas elementales, fermiones y bosones, como electrones, quarks y fotones, que se consideran en la actualidad irreducibles, elementales, y por tanto fundamentales para el resto de los objetos conocidos.

Conciencia: propiedad de la mente por la que la información abstracta que procesa en forma de objetos mentales es efectiva como si no fuese idéntica a su sustrato neuronal y como si por tanto dichos objetos tuviesen entidad de por sí a ciertos efectos. Por ejemplo, si percibimos una manzana sobre una mesa percibiremos la manzana pero no las neuronas que recrean dicha imagen objetiva. Lo lógico sería percibir también las neuronas, el no percibirlas no deja de ser un fallo de la percepción, pero desde el punto de vista evolutivo lo conveniente es que la imagen de la manzana parezca así, concreta, pues así se puede tomar por algo concreto a la manzana que está sobre la mesa, que es el tipo de interpretación más conveniente desde el punto de vista evolutivo, el tomar por concretos a los objetos macroscópicos, para obrar en consecuencia de un modo congruente con una realidad que tiene sentido interpretada así a escala macroscópica (a simple vista tiene sentido interpretar que una manzana es comida, o que tener pirañas en el bidet es peligroso).

Consciencia: conciencia.

Control y regulación: los sistemas se ajustan al dirigirse al equilibrio por el aumento de entropía. Pues bien, en fisiología al ajuste inconsciente se le llama regulación, y al consciente, el llevado a cabo por el sistema nervioso, por la mente, se le llama control.

Correlación: cuando en un fenómeno se encuentra una vinculación entre objetos, pero no se encuentra una vinculación causal entre ellos, sino tan sólo dependencia entre ellos, se hablará de correlación, para distinguirlo de una relación causa-efecto.

Creer: dar algo por sabido sin haberlo comprobado.

Efectivo: que tiene efecto, que ocurre, que tiene lugar, que es real, detectable, patente. No hay que confundirlo con eficaz (que hace efecto), ni con eficiente (que reduce costes para lograr dicho efecto).

Elemento: parte mínima de un sistema.

Escala: un objeto es lo que un observador determina como objeto.

Determinar es ubicar algo en el espaciotiempo, o sea, otorgar unas magnitudes definidas a un fenómeno dentro de unos parámetros físicos dados.

La magnitud es el nivel alcanzado en una escala.

El parámetro es el tipo de sistema usado como soporte para la unidad.

La escala es el sistema de medida, una cantidad de un fenómeno físico dado dividida en una escala, una escalera, un número de peldaños o partes iguales, siendo cada parte la unidad.

La unidad es una cantidad dada (fija y elemental en una escala dada), que se toma como referencia para medir un fenómeno compatible con dicha escala de medición. Por ejemplo, si la distancia en centímetros entre dos puntos es compatible con la longitud de una cinta métrica al estar dividida en centímetros, una cinta métrica sirve para medir dicha distancia en centímetros.

La magnitud es el número de unidades que el fenómeno alcanza en la escala.

Explicar: describir un fenómeno a una escala menor a la que dicho fenómeno se considera efectivo. Por ejemplo: si uno añade una cucharada de agua fría en un cazo lleno de agua hirviendo, el agua fría se calentará y se pondrá a hervir también en cuestión de tiempo. Ésto sería una descripción de lo que le ocurre al agua de esa cucharada. La explicación del fenómeno consistiría en describir lo que ocurre a menor escala, en una escala fundamental. En este caso, la variación en la temperatura de ambas masas de agua se debería probablemente a la variación del movimiento o vibración molecular de ambas al mezclarse, de manera que las moléculas del agua más fría vibran con menor frecuencia y las de agua a mayor temperatura vibran con mayor frecuencia, y al interaccionar ambos conjuntos de moléculas varían las frecuencias de vibración y por tanto la temperatura de esa agua.

La explicación suele servir para saber cómo ocurre lo que se describe.

Una explicación, al ser una descripción del mismo fenómeno a menor escala, precisa de una nueva explicación para saber cómo ocurre a su vez.

Fenómeno: aquéllo que ocurre objetivamente y que por tanto puede describirse mediante los objetos que forman parte del fenómeno y las interacciones entre ellos.

Filogenia: La filogenia consiste en los cambios entre padres e hijos, por ejemplo, el cambio filogenético por el que el cerebro del ser humano se ha ido haciendo progresivamente más voluminoso.

Gradiente: medida del cambio de una magnitud en un sistema.

Hipótesis: una hipótesis científica es una propuesta científica, que debería ser razonable, fundamentada, y que está pendiente de comprobación. Interesa, siguiendo la idea de Karl Popper, que las hipótesis sean comprobables y también “falsables”, es decir, que se cumplan cuando se den las condiciones previstas, pero también que no se cumplan en caso contrario. Por ejemplo, en el caso de la hipótesis presentada en este ensayo, según la cual debería observarse una sincronización de fase transitoria entre señales neuronales simples de redes compatibles en corteza de asociación, en correlación con el fenómeno de percepción consciente subjetiva, también debería suceder el contraejemplo, que no se observe dicha sincronización de fase cuando no esté teniendo lugar la percepción.

Ilusión: una ilusión es una percepción equivocada de un objeto por un error de los sentidos justificada por algo, por ejemplo, es una ilusión confundir un objeto por otro en la oscuridad de la noche.

Información: medida del cambio (de la forma de la materia en un sistema). Se cifra mediante la inversa de la entropía del sistema.

Isomorfismo: en su definición matemática consiste en la correspondencia biunívoca entre dos conjuntos de cosas. El concepto de isomorfismo indica que, dados dos conjuntos, 1 y 2, entre sus elementos se establece una correspondencia biunívoca, lo cual quiere decir que, por ejemplo, a un elemento A, del conjunto 1, le corresponderá el elemento B, del conjunto 2, y no otro, o sea, implica una interacción peculiar, sistemática, entre 1 y 2. Habrá un isomorfismo entre 1 y 2, si al evolucionar 1, por ejemplo, si en 1 tiene lugar una interacción entre A y A´, entonces, al observar 2, se comprobará que a la vez habrá tenido lugar en 2 una interacción entre B y B´ con correspondencia biunívoca. En tal caso, 1 y 2 serán isomórficos.

Magnitud: véase escala.

Medir: el objetivo de la física (de los físicos) es medir. Medir es averiguar la magnitud del cambio de estado en un sistema, de acuerdo con algún parámetro, tras la interacción de los elementos del sistema. Medir es comparar una cantidad con otra de referencia.

Mente: información abstracta computada en el tejido nervioso.

Neural: compuesto por neuronas y glía.

Neuronal: compuesto por neuronas. Cuando se hace referencia a redes del cerebro se suele hablar de redes neurales, y al hacer referencia a redes en modelos de inteligencia artificial suele hablarse de redes neuronales, pero como en este ensayo no se trata el asunto de la inteligencia artificial, en ambos casos redes neurales o neuronales se refieren al cerebro, salvo que se indique lo contrario (en caso de que se haya hecho, que no me acuerdo).

Neurona: célula nerviosa y unidad funcional del sistema nervioso.

Objetivo: aquéllo que puede ser observado, porque sucede, al estar constituido por objetos y sus interacciones. En principio todo lo que sea objetivo debe suceder, por lo que no debería existir nada observable que no sea objetivo, y, por tanto, como todo lo que existe es lo observable, no debería existir nada que sea no objetivo. Ésto quiere decir que, lo que en términos coloquiales se denomina subjetivo, que es lo que un observador subjetivo observa y los demás observadores no, también es objetivo, lo es para ese observador, aunque en términos coloquiales se le denomine subjetivo para indicar que no es objetivo para los demás observadores. Subjetivo, considerado con esta acepción, podría ser un término desafortunado por este motivo, y no es por ello la acepción que se utiliza en este ensayo para este término.

Objeto: aquéllo que un observador determina como objeto.

Ontogenia: la ontogenia consiste en los cambios en un mismo ser vivo a lo largo de su desarrollo. Por ejemplo, a lo largo del desarrollo embrionario un ser humano manifiesta sucesivamente características propias de los peces, después de los anfibios y finalmente de los mamíferos. Por este hecho, Haeckel había afirmado que la ontogenia de un ser de una especie dada es una recapitulación de la filogenia de esa especie.

Ortodrómico: ortodrómico quiere decir anterógrado, es decir, conducción nerviosa a lo largo de los nervios en el sentido que va de soma a axón en dirección a la sinapsis, no de axón a soma, gracias a la transmisión en un sentido en la sinapsis que obliga a que la conducción sea ortodrómica, lo que Ramón y Cajal llamó “polarización dinámica”. Lo contrario de ortodrómico es antidrómico. La conducción antidrómica también se produce por sistema, pero como no hay transimisión retrógrada en la sinapsis en conjunto el efecto final es que la conducción nerviosa es ortodrómica en la práctica en el sistema nervioso.

Parámetro: fenómeno físico que se utiliza como referencia para llevar a cabo una medición de otro fenómeno físico.

Partícula: cosa única e indivisible, puntiforme, adimensional y sin rotación.

Percepción: véase sensación.

Pixel: parte elemental en una imagen digital.

Preadaptación: cambio genético en la descendencia (con su correspondiente cambio fenotípico) que empieza a ser sometido en los descendientes a la presión selectiva de la lucha por la adaptación y la supervivencia para, tal vez, lograr convertirse en una nueva adaptación al cabo de las generaciones. Por ejemplo, tal vez en los dinosaurios empezaron a aparecer plumas en su piel, y al cabo de generaciones dichas plumas, sin un fin concreto al principio, terminaron por resultar útiles como una adaptación al vuelo, por exaptación.

Proceso mental: asociación e integración de objetos mentales, posiblemente.

Recreación: la mente es una recreación de la realidad a su alcance. La palabra recreación se utiliza aquí con el mismo significado que le otorgó Gamow en la introducción de su libro La creación del Universo, donde decía que recrear no consiste en que algo aparezca de la nada, sino en dar forma a lo que no tenía forma, y se añadirá aquí que también consiste en dar forma a lo que tenía otra forma.

Dicha información mental, por ser una representación, un trasunto, es abstracta, pues abstrae o representa parte de la realidad, mediante la recreación efectiva y a escala en el cerebro de dicha parte de la realidad a su alcance.

Red neural: unidad funcional del cerebro caracterizada por ser macroscópica, a diferencia de otras unidades funcionales, como la neurona y el circuito, que son microscópicos.

Reflejo: comportamiento motor subcortical, integrado por debajo de la corteza. Se opone a automatismo.

Regulación: véase control.

Sensación: procesamiento en el sistema nervioso de la información sensorial (la procedente de los órganos de los sentidos). Cuando a lo largo de este procesamiento se produce la interpretación de dicha información, tiene lugar la percepción (que suele coincidir con la patencia del yo consciente).

Señal: una señal es un cambio en la magnitud de un parámetro físico dado a lo largo del tiempo dentro de un sistema, y que por tanto se convierte en un fenómeno detectable. En una medición se busca la señal, que por tanto se distingue del ruido de fondo y de lo que se conoce como “artefactos”, que son otras señales pero que no son las buscadas.

Símbolo: forma organizada con la que se establece un código.

Sistema integral: aquel que persiste como un todo aun a falta de algunas de sus partes en la suma.

Subjetividad: propiedad de la mente. En este ensayo subjetivo no va a significar: “Mis pensamientos son sólo míos”, que es el significado habitual de este término, sino que va a significar que mi experiencia consciente, como yo consciente, por ser subjetiva, es única, es una sola, la de un solo sujeto individual, constituye un todo único –soy un solo yo-, de manera que dicha experiencia mental consciente y subjetiva, ese yo consciente, es único, es uno solo, y además es individual (indivisible).

Individual no es sinónimo de único, de uno solo, sino que individual significa que el yo, en la práctica, y con un error despreciable en la práctica a simple vista, además de ser uno solo es un todo indivisible, sin partes, pues éso es lo que quiere decir individual.

De manera que subjetivo quiere decir (en este ensayo): uno e indivisible (individuo único), y la subjetividad es la propiedad por la cual la experiencia mental consciente posee esas características de unicidad e indivisibilidad a ciertos efectos en la práctica en determinada escala con un error despreciable.

Entonces, la explicación de la propiedad de la subjetividad debería ser la explicación de la emergencia del yo.

Unidad: véase escala.

   



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