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¿Cómo surge el yo consciente? Parte 2
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Manuel Fontoira Lombos


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Un hecho llamativo de esta propiedad de la conciencia es que, en ausencia de la propiedad de la subjetividad (en ausencia de un sujeto), la conciencia no dará cuenta de esa parte de la realidad a nadie (dicho en sentido figurado), a ningún yo, es decir (en sentido figurado también), ningún yo se dará cuenta de esa información abstracta sobre la realidad que está siendo procesada mentalmente en ese cerebro de modo no subjetivo. Ese cerebro simplemente dará cuenta de ella, pero nadie, ningún yo consciente, “se dará cuenta de ella” (nótese que no es lo mismo dar cuenta que darse cuenta). Ese cerebro obrará en consecuencia y de modo congruente dentro de sus posibilidades y sus límites, sin que el sujeto correspondiente a ese cerebro se dé cuenta de ello (como cuando se aparta la mano de la llama antes de que uno se dé cuenta –o, dicho en sentido figurado, antes de que el yo sea copartícipe en dicho conocimiento-, o como cuando un sujeto con ceguera cortical esquiva objetos a su paso sin que se dé cuenta de que los esquiva desde el punto de vista del yo consciente, que permanece ciego). De modo que en principio no debería haber dificultad alguna para entender y asumir la afirmación según la cual puede haber conciencia sin subjetividad, sin yo.

¿Percibimos la realidad misma, su representación mental, o ambas?

Del procesamiento mental consciente se derivará (o no) un comportamiento que tenderá a ser coherente (congruente, no contradictorio) con la realidad, y de ahí a la identificación ilusoria entre lo que “se cuece” en la mente y la realidad no hay más que un paso, al consistir la conciencia en la efectividad de la no identificación de imagen mental y sustrato neural (con lo cual no se identificará la imagen mental con la mente, sino con el objeto externo imaginado).

Se hace esta referencia a la identificación entre mente y realidad en el sentido de una coexistencia de ambas en un solo ente, es decir, de ser la misma cosa pero categorizada por duplicado al ser considerada desde dos puntos de vista distintos; ésto quiere decir que, cuando uno percibe la realidad como sujeto consciente no percibe dicha percepción de la realidad (uno no se percibe a uno mismo percibiendo una manzana), sino que cree percibir la realidad misma (uno percibe la manzana), gracias a esa característica de la conciencia de no parecer idéntica a su sustrato, con lo cual, a cambio de que el proceso sea ilusorio (a cambio de partir de un error en el sistema, dado que esa imagen mental de una manzana es una imagen mental, no una manzana externa a uno), la representación mental de la realidad consigue parecer idéntica a lo representado (uno cree percibir una manzana sobre una mesa ahí afuera, no una manzana representada de manera abstracta dentro de su cabeza). Ésto hace que la percepción consciente sea una representación ilusoria e incompleta de la realidad, que se percibe como un todo sin partes (por ejemplo, sin neuronas en este caso), pero al mismo tiempo esta imperfección que supone el proceso de percepción consciente presenta la ventaja evolutiva obvia de convertir a la percepción de la realidad en la percepción de objetos que parecen ser concretos a simple vista, es decir, al no detectarse el sustrato el objeto percibido “parece estar ahí fuera delante de uno”, de manera que esta percepción de la realidad, el hecho, por ejemplo, de percibir a un montón de átomos en primer lugar en forma de tigre y en segundo lugar considerando que está “ahí”, es lo más conveniente para seguir vivos, sobre todo si se trata de un tigre, ya que de un montón de átomos (o de un montón de neuronas propias) no habría que huir, pero de un tigre sí, desde el punto de vista de la evolución y de la adaptabilidad en pro de la supervivencia, por ejemplo. Quizá la conciencia ha prosperado como propiedad de algunos seres vivos por estos motivos entre otros.

¿Qué es la subjetividad?

La subjetividad consiste en que la mente adopte la forma de un sujeto consciente, un yo consciente, consiste en que parte de la mente, que es una multiplicidad de neuronas, se “cosifique” (emerja efectivamente y de manera objetiva, en cierta escala al menos, a simple vista en nuestro caso, es decir, a escala macroscópica confinada) en una sola cosa e individual (con un error despreciable en la práctica a simple vista), en la forma de un ente subjetivo, que por tanto deberá ser a ciertos efectos, y lógicamente, único (uno solo) e individual (indivisible), y por tanto ser efectiva dicha propiedad de la subjetividad, en la práctica, y con un error despreciable a ciertos efectos (despreciable, por ejemplo, porque no hay un yo concreto a todos los efectos en el cerebro, sino sólo al efecto de la percepción subjetiva), en la forma de un espectador concreto (aparentemente), único e individual de la realidad.

Por ilusorio que sea (ya que ese cerebro sigue siendo fundamentalmente una multiplicidad, no un todo único e individual) ese yo consciente es lo que cada persona posiblemente considere la esencia concreta de su ser, lo que define su carácter de individuo como elemento de la sociedad, y como parte de la realidad, lo que cada uno de nosotros probablemente diría que es fundamentalmente en concreto (decimos “yo soy yo”, y no “yo soy las uñas de mis pies”, o “yo soy uno con el océano atlántico”), y sin embargo, ese yo es tan sólo una forma abstracta, curiosamente.

Para Manuel Fernández Bocos (en su libro El misterio de la creación), la conciencia (en probable referencia al yo consciente) es un “fenómeno de emergencia donde el resultado final toma la forma de un “todo” muy distinto y de categoría superior al resultado de la suma de sus partes individuales, cuya función fundamental suele ser recrear el entorno para que los animales dotados de movimiento actúen como un solo organismo en aras de la supervivencia de la comunidad celular en la que habitan estas propias células”.

¿Cómo se podría detectar la propiedad de la conciencia?

Es posible que la propiedad de la conciencia, en un sistema dado, y aunque uno pueda equivocarse en algún caso, pueda determinarse de dos maneras al menos, y estas dos maneras a la vez o por separado: uno, a través de la determinación de un comportamiento categorizable como consciente, y dos, por medio de la determinación de la percepción consciente subjetiva, ya que el sujeto, para ser sujeto, tiene que ser consciente.

Por su parte, la subjetividad podría servir para comprobar que la conciencia se caracteriza por lo dicho: por la efectividad de la información consciente como no idéntica a su sustrato, pues, de hecho, durante la percepción consciente subjetiva (por ejemplo, cuando un sujeto nota el olor de una manzana), si se le pregunta a un sujeto qué percibe al percibir una manzana, dirá que percibe una manzana, pero no dirá que percibe a las neuronas que integran dicha imagen en “su” cerebro; sólo percibe la manzana (y de esta constatación surge la siguiente pregunta: ¿y cómo lo conseguiría el cerebro?).

¿Es ilusoria la percepción de la realidad?

Una ilusión es una percepción equivocada de un objeto por un error de los sentidos, justificada por algo, por ejemplo, es una ilusión confundir un objeto por otro en la penumbra de la noche, por miedo, por ejemplo, o por falta de iluminación.

Al percibir una manzana es el cerebro el que conforma dicha imagen, se encargan de ello una multiplicidad de neuronas. Se trata de una imagen abstracta de una manzana, representativa, no de una manzana concreta, pues la manzana en cuestión estará, por ejemplo, sobre la mesa de la cocina, no dentro del cerebro del individuo.

El carácter ilusorio de la percepción consciente subjetiva de las cosas parece incluir dos aspectos al menos: uno, la ilusión de la continuidad del proceso mental (por ejemplo, la continuidad del yo a simple vista), y dos, la ilusión de la integración de (parte de) la mente en un todo subjetivo, único e individual, al que en la práctica denominar sujeto concreto.

También es ilusorio percibir una manzana y no a las neuronas que configuran dicha imagen, pues dicha configuración neuronal es esa imagen mental, y por tanto es ilusorio que haya un yo consciente percibiendo dicha manzana y no neuronas. Ese yo es el propio proceso de percepción, y por tanto no hay un yo ahí a todos los efectos, y si no lo hay a todos los efectos no lo hay, sólo lo parece a simple vista de un modo convincente y dentro de un margen de error aceptable en la práctica, gracias a esa ilusión fundamentada en un error del sistema (conveniente desde el punto de vista evolutivo, por otro lado).

Desde un punto de vista evolutivo parece conveniente esta ilusión del yo, dado lo conveniente que es tomarse a las cosas como lo que en la práctica conviene tomarlas a simple vista, para no confundir a un tigre con una manzana, por ejemplo.

¿Cómo se sabe que la percepción subjetiva de la realidad es ilusoria?

El sujeto, el yo, a simple vista parece un ente concreto, pero no lo es, no tiene entidad de por sí, porque no se reduce a sí mismo, no es sólo lo que es y no otra cosa, pues es reducible a partes menores, a neuronas, según los hechos permiten comprobar. Al reducirlo pierde su esencia (su carácter único e individual), y por tanto, su concreción es ilusoria, ya que no es cierta a todos los efectos, pues el sujeto no es lo que es de por sí, sino en función de ciertas interacciones entre ciertas neuronas.

¿Cómo puede ser efectiva la subjetividad, si es ilusoria?

Una ilusión también es un fenómeno efectivo, por éso el sujeto es efectivo en la práctica, porque aunque una ilusión no sea la esencia auténtica de lo que allí está ocurriendo, la ilusión forma parte de la realidad también, por eso la patencia del sujeto consciente es posible en la práctica, aunque sea sólo una convincente ilusión en determinada escala. Que una imagen mental de una manzana no sea una manzana concreta, sino su representación abstracta, no significa que dicha imagen no sea patente, sólo significa que no es verdadera (su concreción no es verdadera), y verdadero y real no son sinónimos.

¿Son real e ilusorio términos contrarios?

Una ilusión, según el diccionario de la Real Academia, es un concepto, imagen o representación sin verdadera realidad.

Según este mismo diccionario, es real aquello que tiene existencia verdadera y efectiva. Lo efectivo es, por tanto, real y verdadero. Lo que percibimos son representaciones en nuestro cerebro de la realidad, no la realidad externa propiamente dicha, luego, y de manera compatible con la definición de ilusión, nuestras percepciones son imágenes sin verdadera realidad (la imagen de una manzana no es una manzana verdadera, sino su imagen). Su realidad es evidente, percibimos la realidad, pero de manera ilusoria (porque percibimos una manzana como manzana, no como imagen de una manzana). Luego las ilusiones son reales, pero no la verdadera realidad, sino una representación (una abstracción) de la misma. Entonces los conceptos de ilusión y realidad no remiten exactamente a cosas contrarias, pues la ilusión forma parte de la realidad, ya que hay dos realidades, la verdadera y la ilusoria, ambas reales, pero no verdaderas ambas a la vez, porque una imagen de una manzana en nuestra mente no es una manzana, sino su representación afortunada y conveniente. En cuanto a las definiciones del diccionario de real y efectivo, son tautológicas, de modo que no aclaran la idea. Lo único que nos dicen es que lo real es lo real. Podemos ahondar en esta definición y considerar que lo real, por ser lo efectivo, es lo que tiene efecto, lo que tiene lugar, lo que se puede detectar como un fenómeno en el que se produce un efecto como consecuencia de una causa, como algo en lo que hay un cambio medible. De modo que la realidad es lo medible, con lo cual, sabremos cuánto mide lo real, y sabremos qué es lo que hay en la realidad, pero no sabremos qué es la realidad en esencia.

¿Somos sujetos conscientes concretos en esencia a todos los efectos?

Probablemente no haya de manera concreta un sujeto que posea una mente (sólo a ciertos efectos y de manera ilusoria), o un sujeto al que se envíe dicha mente o dicha información mental para que sea consciente de ella, sino que hay que sobreentender en todo momento que la subjetividad es una propiedad de la mente, y el yo una forma dada, patente a determinada escala, un objeto abstracto, no un objeto concreto a todos los efectos.

Achacar a un sujeto concreto la autoría de la experiencia consciente subjetiva se dice en sentido figurado, al ser esa la impresión que da la experiencia desde un punto de vista intuitivo a simple vista (se supone que toda persona sana es capaz de creer ilusoriamente que es en concreto un yo mentalmente consciente, único e individual, y macroscópico, no un proceso mental consciente y subjetivo basado en la actividad de una multiplicidad neuronal microscópica, en primer lugar, porque éso es lo que se percibe debido al incorrecto pero conveniente funcionamiento del cerebro).

¿Somos efectivos como sujetos conscientes de manera concreta en algún caso al menos?

Se puede hablar en términos comprensibles (para entendernos), y con sentido práctico, del sujeto como actor de la experiencia consciente, dado que a simple vista el sujeto es efectivo con concreción con un error despreciable en la práctica a ciertos efectos, por ejemplo, al efecto de percibir intuitivamente la ilusión de dicha concreción del yo, o, por ejemplo, al efecto de achacar a dicho yo la autoría o la soberanía del pensamiento subjetivo (aun cuando dicho pensamiento subjetivo sea fundamentalmente un proceso automático, y no la creación intencionada o deliberada de un yo concreto), como se hace, por ejemplo, al achacar un delito a alguien en concreto.

Por la inconcreción del yo y por el carácter automático del funcionamiento neuronal algunos juristas propugnan la inexistencia de la culpa, pero ésta ausencia de culpa sólo tendría sentido a escala microscópica, en la escala macroscópica es efectiva en la práctica a ciertos efectos con un error despreciable, por lo que dicha propuesta es absurda, del mismo modo que sería absurdo no huir del tigre o morirse de hambre teniendo una manzana delante.

¿Qué tiene de enigmático el yo?

La idea del yo es más enigmática que la idea de una manzana, porque la manzana está ante el observador como objeto con existencia real comprobable por cualquiera como algo que está fuera del cerebro que la computa. En cambio, el yo no es comprobable como objeto real fuera de esa cabeza.

La razón para que sea enigmático proviene además de otro hecho: el yo, el observador único e individual, se identifica con el proceso de observación, la observación subjetiva y el sujeto son un solo objeto mental, que además es abstracto. Pero, aunque abstracta, esa imagen mental es capaz de dar lugar a una ilusión de concreción suficiente como para que el observador crea de manera reflexiva e ilusoria ser un sujeto de por sí, y no la imagen mental con el significado de un sujeto que se cree sujeto de por sí.

De modo que, dicho de manera simple, si un sujeto está pensando en una manzana, esa imagen de una manzana es el yo en ese momento. Y si el yo y aquéllo en lo que el yo está pensando son una sola cosa, no dos, entonces es absurdo pretender que el yo sea algo concreto al margen del contenido del pensamiento, la dualidad mente-cerebro que propuso Descartes es absurda, tan absurda como lo sería pretender meter una caja dentro de sí misma.

¿Está viva la mente?

Si la mente es una parte del cerebro, entonces no es un ser vivo. Las que están vivas son las neuronas, no la mente. Entonces la mente ni vive ni muere, como no vive ni muere la glucosa que las neuronas oxidan para seguir vivas. La mente existe, forma parte de la realidad, es real, y es parte del cerebro, es la información abstracta que procesa, que se transmite de neurona a neurona saltando cuantificada a través de las sinapsis, pero no es un ser vivo.

Las personas, en tanto que sujetos (en tanto que mentes conscientes con subjetividad), son su mente, y perciben como sujetos la realidad por ser reales, no por estar vivos. Vivas están las células que procesan dicha información abstracta, no la información subjetiva.

La idea de una manzana no está viva, es efectiva, no viva. Por tanto, al morir una persona su mente no muere (como no muere la Galatea de las esferas, en el cuadro de Dalí, si se apaga la luz en el museo), pues ni es mortal ni inmortal, sino que simplemente deja de ser efectiva la subjetividad, deja de ser efectivo el objeto mental manzana, o el objeto mental sujeto.

¿Qué es la información mental?

Si el universo es un sistema, un conjunto de elementos que interaccionan, o, según como se mire, un conjunto de sistemas, con la consecuencia de un cambio en el estado de los sistemas por las interacciones, la información quizá sea simplemente la medida de dicho cambio, de modo que si el sistema A cambia por la interacción de sus elementos y se transforma en B, B es información sobre el paso de A a B, es decir, B es una medida de A. Y si un sistema C cambia a D isomórficamente con A y B, por ejemplo, si el cerebro cambia isomórficamente con parte de la realidad, el cambio de C a D en el cerebro puede servir como una medida del cambio de A a B en el entorno, si C y D consigue ser efectivo como una abstracción de A y B, que es lo que parece que ocurre en el cerebro, gracias al carácter abstracto de la computación que lleva a cabo y gracias a ser lo suficientemente complejo como para que ésto se consume.

Según ésto, la mente, la información mental, consistiría en la interacción de objetos abstractos con carácter elemental en determinada escala y a ciertos efectos en el cerebro con un error despreciable en la práctica, y consistiría por tanto en la medida del cambio vinculado a esta interacción. La mente sería entonces un proceso físico sistemático peculiar, explicable por los cambios morfofuncionales en el sistema nervioso.

¿Qué tienen que ver la mente y la categorización?

La mente es un sistema de establecimiento de categorías en el terreno de la abstracción.

El afán de categorizar es necesario para el ser humano, ya que el cerebro computa, y categorizar es computar a base de enunciados, es decir, computar mediante afirmaciones sobre las cosas (“en horizontal”).

¿Para qué sirven las categorías?

Al llevar a cabo enunciados, se acaba comprobando que unos terminan por incluir a otros; por ejemplo, al decir por un lado que los perros son cánidos, y por otro que los perros y los hombres son mamíferos, no se puede evitar concluir que los cánidos están incluidos dentro de los mamíferos. Por este motivo, al categorizar se termina por encontrar la posibilidad de ordenar las afirmaciones “horizontales” en niveles, “en vertical”, y así un sistema de enunciados, “horizontal”, termina convirtiéndose en una organización jerárquica, “piramidal”, en la que se alcanza un nivel, a mayor o menor altura, en función de dónde se esté incluido. De aquí se deriva fácilmente, por sentido común, la idea intuitiva errónea según la cual estar en una categoría conlleva pertenecer a un nivel mayor o menor, y por tanto mejor o peor, superior o inferior, un mayor o menor estatus de prestigio en alguna clasificación, social, moral, o del tipo de valoración que sea.

Cuanto más arriba más valor se posee si se sigue por esta vía de razonamiento, cuando en su origen la categorización de la realidad no persigue fin alguno, y por tanto no persigue adjudicar un nivel de superioridad sobre otro nivel en inferioridad. La categorización simplemente ocurre, no se perseguía el objetivo de atribuir mayor prestigio evolutivo al mamífero que al cánido, ni a la conciencia del hombre que a la de la mosca, en función de su categoría en el árbol evolutivo. No se perseguía el fin de afirmar que el hombre es mejor o peor que el perro; afirmar este tipo de cosas no es el objetivo de un proceso de categorización.

De modo que la idea intuitiva común según la cual la categoría humana conlleva prestigio, poder, beneficio, superioridad, o estatus, es falsa. La categorización al final acaba siendo, como mucho, una descripción de la complejidad, no del mérito ni de la catadura.

¿Puede haber conciencia sin subjetividad?

Se diría que sí puede haber conciencia sin subjetividad. Por ejemplo, puede haber un comportamiento consciente sin control subjetivo, como cuando los ojos y las manos, y parte del cerebro por tanto, conducen conscientemente el coche, mientras uno, el sujeto, otra parte del cerebro, piensa en otras cosas, mientras uno ocupa el yo con otras ideas que no son la conducción del coche. Y ese comportamiento, la conducción del coche al margen del control del yo, es consciente, entre otras cosas, porque esa parte del cerebro que no es el sujeto y que conduce el coche obviamente está despierta, no está inconsciente, está procesando información mental, aunque no sea una parte subjetiva de la información mental (información que tendría el mismo significado, y por tanto sería la misma, serían las mismas neuronas haciendo lo mismo si estuviese “en manos” del yo en otro momento, y si es la misma también debería ser consciente, aunque no sea subjetiva). Ese control de la conducción es consciente, se lleva a cabo usando información consciente que entra por unos ojos conectados a un cerebro consciente, y esa información mental ocupada en la conducción es tan consciente como la que ocupe el yo consciente en ese cerebro, porque fundamentalmente se trata en ambos casos de lo mismo, de neuronas funcionando, y de un modo similar, y si las neuronas de ese cerebro que están funcionando en correlación con el yo consciente tienen que ver con la conciencia, también tendrán que verlo las que no estén ocupadas en la integración del yo en ese momento, ya que estarán haciendo lo mismo, descargando potenciales de acción.

Otro ejemplo más evidente aun es el del fenómeno de la visión ciega (un oxímoron, por cierto) en el que algunos tipos de lesiones en la corteza visual, la occipital, dan lugar a que una persona sea capaz de esquivar obstáculos con cierta eficacia, porque los ve, y necesariamente los percibe (pues los interpreta como obstáculos de hecho) aunque curiosamente afirma no percibirlos. Si los esquiva como si fuesen obstáculos ha de haber percepción de los mismos, aunque el sujeto no se aperciba de ello, como si la percepción de los obstáculos permaneciese al margen del yo por enfermedad (para más detalles, puede verse, por ejemplo, el artículo Ciegos con visión, de Beatrice de Gelder, publicado en Investigación y ciencia en julio de 2.010, donde explica que no sólo se reconocen y esquivan obstáculos, sino que también se reconocen y se reacciona de manera congruente ante colores, movimientos, formas sencillas y expresiones faciales de emotividad).

¿Puede haber subjetividad sin conciencia?

Cuando emerge la propiedad mental de la subjetividad, tanto la propiedad de la subjetividad como la de la conciencia deberán ser efectivas a la vez en esa red para que la propiedad de la subjetividad sea efectiva, como cuando el sujeto retoma el control del volante del coche, o como cuando uno percibe en forma de yo consciente los obstáculos que esquiva congruentemente. Así que no parece que pueda haber subjetividad sin conciencia. No tendría sentido hablar de un sujeto inconsciente, sólo habría un sí-sujeto consciente o un no-sujeto consciente, pero difícilmente un sujeto inconsciente.

¿Son conciencia y subjetividad lo mismo?

Que la subjetividad dependa de la conciencia no quiere decir que sean la misma propiedad, ni que la conciencia sea la causa de la subjetividad.

Al término conciencia se le aplican con frecuencia varias acepciones incompatibles con la idea que aquí se presenta: cuando uno se da cuenta de las cosas como sujeto, el que la realidad resulte patente “para uno mismo” en la forma de yo consciente, no se debería a la emergencia de su conciencia solamente, sino a la emergencia por un lado de la propiedad de la conciencia en ese cerebro, y por otro a la emergencia de la propiedad de la subjetividad también, a la vez en ese caso. No hay que confundir una con otra porque probablemente la subjetividad sólo puede ser efectiva cuando ambas lo sean a la vez (mientras que probablemente la conciencia puede ser efectiva aunque no lo sea la subjetividad).

Otros autores que también han llegado a la conclusión de que conciencia y subjetividad no son lo mismo son, por ejemplo, Orozco, Scott, Grailing o Franklin.

¿Perciben las sensaciones de manera igual todos los seres conscientes con capacidad de percepción?

A priori, es de suponer que, dadas las similitudes entre las neuronas y los cerebros de los miembros de una misma especie, casi todos percibirán la luz o los sonidos de manera parecida, por no decir igual.

El ser humano es incapaz de ver la luz ultravioleta, tampoco ve la luz polarizada; la abeja sí las ve. Especies distintas se ven obligadas a ver una parte de la realidad distinta por las diferencias en sus órganos.

El cerebro humano basa su capacidad de detección sensorial de la realidad en los límites marcados por las posibilidades de sus órganos de los sentidos.

¿Qué tienen de enigmático las neuronas?

Resulta enigmático que una multiplicidad microscópica de neuronas sea patente a simple vista como una sola cosa indivisible, el sujeto, una cosa única e individual que además no se parece a esa multiplicidad microscópica fundamental correlativa, pues, por ejemplo, un dolor de muelas no se parece a un grupo de neuronas funcionando de manera integrada.

Lo enigmático no es sólo que sea patente el fenómeno, porque la patencia no es el principal enigma acerca de la subjetividad, ya que la realidad es patente por definición, así que el enigma de la patencia incluiría a toda la realidad, no sólo a la subjetividad. Lo enigmático en el caso particular de la subjetividad es sobre todo que un sistema formado por un montón de neuronas desarrollando un proceso meramente biológico, un proceso físico sistemático peculiar consistente en la generación, conducción, transmisión y procesamiento de descargas bioeléctricas, un fenómeno cuantitativo, sea patente a ciertos efectos en la práctica como la experiencia consciente subjetiva de un sujeto, un fenómeno cualitativo, el yo consciente.

¿Es necesario el carácter abstracto de la información mental?

Los rangos de frecuencias de los fotones, del orden de miles de Hz (ciclos por segundo), son distintos a los rangos de frecuencias de descarga de potenciales de acción por las neuronas, en el orden de las docenas de Hz.

Dichas frecuencias son entonces efectivas en escalas distintas, por lo que la señal sensorial entrante lógicamente deberá ser codificada si indisolublemente se ha de cumplir que la transducción sea una parte del procesamiento de dicha información de un modo exitoso para la supervivencia en general, y para la integración de comportamientos congruentes en particular. Dicho de otro modo: una neurona no puede descargar a la misma frecuencia que un fotón para representarlo isomórficamente pico de onda a pico de onda, así que debe formar un código que represente a dicho fotón, dentro de las posibilidades de la neurona. Ésto supone, casi obliga inevitablemente, aparte de a una codificación, a una abstracción del fotón transducido, para que este proceso computacional progrese tal como lo hace, de modo que el carácter abstracto de la información mental parece necesario.

¿A qué desventajas debe hacer frente la mente para ser eficaz como sistema computacional?

Es evidente que no parece fácil que un significado mental abstracto basado en una interpretación a escala macroscópica confinada de lo que ocurre en el entorno consiga ser congruente con lo que ocurre a simple vista. Va a favor de que sí sea posible el que el entorno también sea macroscópico al efecto de su interpretación en ese sentido (por ejemplo, para jugar al fútbol ayuda que la pelota sea macroscópica de hecho).

Pero el significado de dicho entorno macroscópico es captado (visualmente, por ejemplo) a partir de fotones ultramicroscópicos, no en forma de los objetos macroscópicos mediante los que se percibe de hecho, lo cual es una pega.

Otra pega es que la interpretación de esos fotones ultramicroscópicos como algo macroscópico se lleva a cabo mediante la interacción de neuronas también microscópicas.

¿Tiene lugar una descodificación de la información mental en el cerebro para que el sujeto entienda su significado?

Parece ser que la información en las computadoras se codifica, se procesa, se descodifica y es utilizada entonces (por ejemplo, para solucionar problemas). Por este motivo, algunas personas creen a pie juntillas que en el cerebro la información debe ser descodificada para que el sujeto la perciba. Ésto es algo que incluso se afirma en algún que otro libro de texto universitario de fisiología del sistema nervioso (pero no se va a decir en cuál –no es el de Guyton, ni el de Tresguerres, que son los dos que se citan en este ensayo-).

El sujeto que percibe es, en principio, el propio proceso de percepción, por tanto, el propio proceso de codificación. No es el sujeto una cosa concreta sobre la que “hacer diana” lanzándole datos, sino un proceso de computación de códigos que a lo largo del proceso además se vuelve subjetivo, así que en principio el sujeto no necesita que sea descodificada la información para que le llegue (en sentido figurado) y que sea efectiva la percepción de manera subjetiva, ya que el sujeto es ese proceso de codificación, pero con la propiedad de la subjetividad sobreañadida.

La información en la mente probablemente va codificada, por tanto, no va descodificada; si la información se descodificase, el pensamiento cesaría, pues el pensamiento debe de consistir en la asociación e integración de códigos neuronales, y es que un tren de potenciales de acción difícilmente podrá ser un no-código si ya es un código; una vez que la información abstracta codificada va siendo procesada en el cerebro ya está en la mente, pues es la mente, por lo que no hay que descodificarla para enviarla a la mente del sujeto, es decir, no hay que descodificarla para que la mente manifieste sus propiedades, como la de la subjetividad, o la capacidad de integrar respuestas motoras congruentes. Para que, en sentido figurado, llegue dicha información al sujeto, es decir, para que dicha información sea subjetiva, lo que debe de hacer falta es que emerja la propiedad de la subjetividad, y no la descodificación de la información mental.

¿Se puede percibir subjetivamente un todo y sus partes a la vez?

Según parece sólo se puede percibir el todo como todo, pero no sus partes al mismo tiempo; por ejemplo, si uno observa el agua puede percibir la masa fluida de agua, pero no cada molécula de agua, a pesar de que lo que uno está observando son, de hecho, moléculas. O, por ejemplo, si se contempla una manzana sólo se puede percibir un objeto único e individual, dicha manzana, por la integración en la mente de sus partes (información sensorial sobre forma, color, brillo, movimiento, etc.) pero no se pueden percibir simultáneamente dichas partes separadamente; si se contempla una manzana no se pueden percibir varios objetos a la vez, objeto brillo, objeto color, etc. sino sólo un solo objeto individual, la manzana. Y por supuesto, cuando uno percibe, por ejemplo, el calor del agua caliente, no percibe las neuronas que están codificando dicha información. Ésto tiene que ver con el hecho de que la subjetividad sea experimentada como algo único e individual, como si hubiera un solo sujeto o un solo yo indivisible por mente.

¿Es el sujeto un objeto abstracto?

El sujeto probablemente no es un objeto concreto a todos los efectos, sino sólo a ciertos efectos a escala macroscópica confinada, y con un error despreciable en la práctica. De hecho, al hablar de sujeto se está “cosificando” a un proceso físico sistemático que ocurre en el cerebro con unas características peculiares, y que consiste en la percepción consciente subjetiva. Dicho de otro modo, se está dando por hecho que durante ese proceso de percepción consciente subjetiva hay ahí un yo consciente concreto al ser éso lo que se intuye de manera natural a simple vista.

La percepción subjetiva consiste en la práctica, por tanto, y dentro de un margen de error aceptable, en la percepción en forma de ente consciente concreto, único e individual, que es por lo que parece que se caracteriza este tipo de percepción, lo cual no quiere decir que en ese cerebro haya un objeto concreto al que llamar sujeto, o yo, del mismo modo que al formarse la imagen de una manzana y percibir una manzana ésto no implica que haya un fruto (único en individual) dentro del cerebro. La concreción del yo no es más que una ilusión suficientemente convincente (y conveniente), con un error despreciable en la práctica y en determinada escala.

¿Habrá diversas maneras de que tenga lugar la percepción subjetiva?

Parece difícil imaginar un cerebro con percepción subjetiva si la información mental no se integra en un objeto que sea único e individual, dado que ésto parece definir a la subjetividad (y por tanto al sujeto, al yo): la unicidad e individualidad de la experiencia mental consciente subjetiva, la unicidad e indivisibilidad de, en sentido figurado, el yo. Se dice en sentido figurado porque el yo es ilusorio… y sin embargo es un yo consciente concreto lo que cada uno cree que es en sí, paradójicamente… pero también creían los antiguos (y algunos modernos) que es el sol el que gira alrededor de la tierra. De todos modos, por conveniencia evolutiva parece necesario que cada uno se tome a sí mismo por sí mismo dentro de un margen de error, dado que de hecho hay manzanas y tigres en la práctica, a ciertos efectos, y no digamos egos.

¿Es la subjetividad necesaria?

La subjetividad podría ser algo necesario como propiedad posible del sistema nervioso a lo largo de su evolución. Si el cerebro, tras evolucionar en este sentido, es capaz de integrar la información de manera que tal propiedad sea efectiva, habrá subjetividad, y en caso contrario, no.

¿Cómo se explicaría que la subjetividad pueda llegar a ser una propiedad necesaria?

Para entender la presencia de la subjetividad como posible propiedad del cerebro lo que habría que hacer es describir qué hace el cerebro en ese momento, y tratar de usar esa descripción para llegar a una explicación comprobable de dicho modelo descriptivo hipotético. Dicho de otro modo: se trataría de averiguar qué tipo de procesamiento neural peculiar explicaría la particular emergencia de la subjetividad, y cómo, mediante una explicación que fuese compatible para ambas escalas, la microscópica y la macroscópica. Y dado que dicho procesamiento neural peculiar no se conoce, habrá que predecirlo al menos.

¿Qué importancia tiene la equifinalidad, en el caso del proceso mental?

En el cerebro entra una información heterogénea desde el ojo, por ejemplo: roja, verde y azul, y éste es uno de los factores que explicarían que se pueda recrear una imagen heterogénea de la heterogénea realidad externa, algo que parece necesario para integrar comportamientos congruentes con dicha realidad.

Entra información heterogénea en un cerebro homogéneo, que así se va volviendo también menos homogéneo, y más caótico, por este creciente aumento de la complejidad a base de un aumento de su heterogeneidad.

La equifinalidad consiste en que en un sistema se obtenga un mismo resultado final a pesar de ser diferentes las condiciones iniciales.

En los sistemas abiertos, como el cerebro, el resultado final no depende de las condiciones iniciales (un sistema termodinámico abierto es aquél que intercambia materia y energía con el exterior).

Una de las posibilidades funcionales de la masa neuronal cerebral como sistema vivo, la equifinalidad, no parece incompatible con esta complejidad creciente basada en la heterogeneidad, dado que dicha heterogeneidad no es incompatible con la evolución morfofuncional, en cierta medida ordenada, del sistema.

¿Es abstracta toda la información del cerebro?

No toda la información que el sistema nervioso procesa tiene carácter abstracto, no todo lo que el sistema nervioso hace es parte del proceso mental. Por ejemplo: un electrón que gira (o algo así) alrededor de un núcleo atómico en una molécula de agua que forma parte de la sangre que nutre a las células cerebrales no está abstrayendo la realidad para dar lugar a una mente pensante, no significa manzana, ni tampoco el brillo de una manzana. Y dicha molécula de agua, en la sangre que circula por el cerebro, aun cuando no es parte de la mente, sí es parte del cerebro, pues el cerebro es todo el órgano, sangre incluida, y que se sepa la sangre no piensa conscientemente, ningún hecho lleva a concluirlo, ni piensa la glucosa que se oxida en el interior de las neuronas, ni los cromosomas de una neurona, ni los microtúbulos de las neuronas.

¿Cuántas neuronas hacen falta para que haya una mente?

Como la mente es un proceso, y dadas las características biológicas de las neuronas, posiblemente haga falta como mínimo un circuito de al menos dos neuronas para que el proceso mental sea efectivo, para que entre ellas se transmita y procese un mínimo de información abstracta, y que haya mente.

¿Poseen una mente todos los animales con sistema nervioso?

Hay animales con neuronas pero sin circuitos neuronales, como las esponjas, así que tal vez estén en la antesala evolutiva del fenómeno mental y de la propiedad de la conciencia, y por tanto tal vez carezcan de mente y conciencia, a pesar de tener ya neuronas. Por otro lado, animales con circuitos, las hormigas, por ejemplo, posiblemente ya sean conscientes, aunque se desconoce si poseen la capacidad de constituirse en un yo consciente.

¿Puede tener concreción la conciencia?

La conciencia se considera aquí, en este ensayo, que es una propiedad de la mente, no la mente, del mismo modo que la liquidez es una propiedad del agua que fluye, no el líquido que fluye: el agua se caracteriza por ser líquida (a temperatura ambiente), y la mente por ser consciente (a temperatura ambiente).

La conciencia, como la vida, es una abstracción: como no hay vida, sino seres vivos, no hay conciencia, sino información consciente. La conciencia es un concepto abstracto. Pretender que la conciencia tuviera existencia concreta y continua posiblemente sería como pretender que un pez de diez centímetros que nadase un metro fuese un pez de un metro.

De modo que el cerebro no produce conciencia, las neuronas no secretan conciencia, sino neurotransmisores.

La conciencia no parece que sea un ente concreto, no se puede extraer del sistema nervioso y depositar sobre una mesa, como sí se puede hacer con los neurotransmisores… con el equipo científico adecuado. Es una propiedad, una característica, una cualidad peculiar de un sistema, que lo define, que lo distingue de otros sistemas, propiedad que a su vez es una abstracción que el observador hace a partir del comportamiento diferenciado de un sistema dado.

¿Puede otorgar la conciencia concreción a los abstractos objetos mentales a algún efecto al menos?

Por la propiedad de la conciencia, los objetos mentales abstractos que conforman la mente parecen no idénticos a su sustrato, a las neuronas que los codifican, de modo que, por ejemplo, cuando se produce la percepción consciente y subjetiva de una manzana, cada uno que lo haga puede comprobar que dicha percepción consiste en la efectividad de la imagen de la manzana solamente, no de la manzana y de las neuronas que probablemente la codifican. De este modo, esa imagen mental de una manzana parece tener concreción, entidad de por sí, patencia de por sí, como si la manzana no fuese reducible a partes menores, al efecto al menos de la efectividad de la percepción de dicha manzana como algo concreto. Ésto es lo que a mí me parece que define a la propiedad de la conciencia, el que un objeto representado no parezca idéntico a su sustrato, a su soporte.

Aunque se trate de algo ilusorio, el que un objeto mental no sea idéntico a su sustrato, dado que las neuronas están ahí aunque no se perciban, el hecho de percibir las cosas así parece lo más conveniente desde un punto de vista evolutivo, pues para sobrevivir parece más conveniente tomar a la imagen de una manzana por manzana, o al tigre por tigre, que por neuronas, así que el hecho de que la mente se fundamente en un error, en una interpretación ilusoria de la realidad, ha resultado ser lo más conveniente para que el cerebro resulte útil para la supervivencia de una especie, dado que la percepción sí tiene sentido a escala macroscópica, que es la misma escala en la que tiene sentido hablar de supervivencia, de tigres, de manzanas, de comer y no ser comido, etc.

Para que la imagen de un árbol en una fotografía fuese consciente, para que la fotografía fuese un ser consciente como ocurre con el cerebro, sería preciso que de algún modo no se viese el papel fotográfico sobre el que está representado el árbol, como si el árbol, su imagen, tuviese entidad propia de por sí, concreción a determinada escala (la macroscópica, en este caso).

Dada esta ilusoria pero convincente y conveniente concreción a escala en la práctica, a continuación es posible que tenga lugar la recreación de una interacción sistemática con otros objetos similares. Por ejemplo, es posible que los objetos mentales, concretos a ciertos efectos, que consituyan las letras, formen palabras como resultado de su interacción, palabras que serán también concretas a ciertos efectos, y las palabras frases, y es posible que objetos mentales como brillo, forma, etc. interactúen a escala también (o representen dicha interacción con un error despreciable en la práctica a ciertos efectos) para formar un todo y recrear la imagen mental de una manzana, por ejemplo.

¿Son la conciencia y la autoconciencia lo mismo?

Autoconciencia quiere decir que uno sea consciente del yo, así que, más que una propiedad, la autoconciencia es el significado de un contenido simbólico dado en la mente, es una cuestión semántica. Dicho significado es el de la autorreferencia, que se diría que facilita además la reflexividad, o capacidad de reflexionar, o lo que es lo mismo, el que un sujeto, en la práctica (y aunque sea de manera ilusoria), no sólo se dé cuenta de las cosas, sino que se dé cuenta de que se da cuenta de las cosas.

El significado yo, dada la concreción de los objetos mentales a ciertos efectos en la práctica, fácilmente se puede tomar por un yo consciente concreto en la práctica, y de hecho éso es lo que ilusoriamente cualquiera de nosotros creemos ser en esencia y en concreto.

En la esquizofrenia parece ser que se pierde esa capacidad para poder concebir la propia existencia como la de un ente consciente único e individual, un yo, y, mira por dónde, curiosamente, al final van a ser los que padecen una esquizofrenia, los que supuestamente tienen dificultad para percibir correctamente la realidad, los que van a estar a fin de cuentas más cerca de la verdad sobre el yo: que su concreción es ilusoria en el fondo.

¿Por qué es continuo el pensamiento, si las sinapsis son discontinuas?

La experiencia mental consciente y subjetiva de cada uno es efectiva a simple vista como una experiencia continua (salvo cuando uno se duerme profundamente, como es evidente). Del mismo modo se percibe que la vida es algo continuo, ya que los seres vivos que nacen van sustituyendo a los que mueren antes de que mueran todos. La subjetividad posiblemente se experimenta como algo continuo, entre otras cosas, quizá porque cuando las neuronas correlativas con la subjetividad en un momento dado se van desintegrando al cabo del tiempo del grupo neural correlativo con la subjetividad y regresando a la actividad neural no subjetiva, van siendo sustituidas por otras que se van incorporando “a la subjetividad”. Y quizá también por la falta de resolución con el cambio de escala (al pasar de la neurona como unidad funcional efectiva a la red como unidad funcional efectiva) que impide percibir conscientemente a simple vista el carácter cuantificado de dicho proceso de integración y desintegración de partes al todo a escala microscópica, a escala neuronal, del mismo modo que la falta de resolución impide percibir el salto de fotogramas individuales en el cine, por lo que el movimiento de la figura en la pantalla de cine se percibe como continuo, no a saltos.

¿Son el símbolo YO y el sujeto lo mismo?

Si en un momento dado, al tener autoconciencia, el contenido de la mente es autorreferencial, se refiere al propio yo y lo significa, entonces, al ser ese contenido información consciente, el sujeto se puede identificar intuitivamente con esa idea de significado autorreferencial, y llegar a la convicción ilusoria según la cual el sujeto es un yo consciente, un ente concreto único e indivisible, simbolizado, por ejemplo, por el símbolo YO, en vez de llegar a otra convicción más lógica, pero menos práctica, según la cual el sujeto es una multiplicidad de neuronas que se integran en una red macroscópica, dando lugar a simple vista por el cambio de escala a esta ilusión de la concreción del yo por la falta de resolución del sistema a escala macroscópica, que probablemente sería la conclusión correcta en este caso, aunque difícil de alcanzar mediante una intuición basada en el mero sentido común, quizá por ser lo microscópico, las neuronas, imperceptible a simple vista.

¿Son la idea de una manzana y el sujeto lo mismo?

Si el contenido de la mente, aquéllo sobre lo que se piensa, fuese una manzana (simbólica), en vez del símbolo YO, en tal caso, por costumbre, sentido común, y de modo intuitivamente natural, no se identificará al sujeto con la manzana en caso de que dicho pensamiento se vuelva subjetivo, y no se tendrá la convicción de que un sujeto es una manzana consciente, en vez de un yo consciente. Ésto, que parece obvio, es paradójico, sin embargo, porque del mismo modo que al concebir conscientemente el significado del yo a partir del símbolo YO u otro símbolo autorreferencial equivalente el sujeto se puede identificar a sí mismo con dicho significado autorreferencial, entonces al concebir el significado manzana a partir de la simbólica representación mental de una manzana el sujeto debería poder identificarse también con una manzana, en vez de con un yo, la idea de manzana también podría ser autorreferencial al volverse subjetiva. Es más, si se piensa en yo y en manzana a la vez de manera subjetiva, por sistema se tenderá a concebir que lo que está ocurriendo es que un yo percibe una manzana, cuando tranquilamente se debería poder concebir también que se trata de una manzana que percibe un yo. Y sin embargo la intuición de la que disponemos por sentido común nos impide que tal paradoja se produzca, tal vez por una mezcla entre la tendencia natural innata en ese sentido (que incluye algo fácil de aprender y aprehender: la manzana no forma parte de uno, está ahí fuera y puede pasar dentro de uno al comerla) y el entrenamiento cultural recibido.

Evidentemente es conveniente que nos comportemos así, porque es lo congruente con la realidad macroscópica que un yo decida comerse una manzana y no que una manzana decida comerse un yo.

¿Cómo se consigue concreción a ciertos efectos durante la percepción subjetiva?

Dicha concreción de la idea de yo, o de manzana, o de lo que sea, es ilusoria, pero efectiva a ciertos efectos, gracias, entre otras cosas, a que dicha percepción, aunque inconcreta, es de todos modos real (efectiva, patente, detectable) al emerger con efectividad, con patencia, con detectabilidad.

También ayuda el que quede confinada a gran escala (que sea patente sólo a escala macroscópica), lo cual no sólo no impide que el yo siga siendo una experiencia consciente, es decir, no idéntica a su sustrato, las neuronas, sino que además logra ahora, por la falta de resolución a escala macroscópica que hace que las partes (las neuronas) sean en la práctica un todo (el yo), que el yo sea una experiencia única e irreducible (individual, indivisible), es decir, emerge con un aspecto ilusorio pero efectivo de concreción, de ente con entidad de por sí: el yo. El yo emerge pareciendo que es lo que es, que es eso que es solamente, y que no es reducible a otra cosa, tanto por su patencia, como por su falta de identidad con su soporte y por su aspecto único e irreducible (individual), todo ello además fácilmente representable por un símbolo con significado autorreferencial, como es YO.

El carácter ilusorio de la concreción del objeto mental emergente es indiscriminable por la falta de resolución del sistema en ese sentido, debido al cambio de escala y al confinamiento en dicha escala, que impide al todo (el yo) ser a la vez partes (neuronas) a simple vista, o una cosa, u otra, pero no las dos a la vez.

¿Son patencia y conciencia lo mismo?

Una representación mental consciente es real, es decir, por ejemplo, la percepción consciente y subjetiva de una parte de la realidad, una manzana, por ejemplo, es patente para un sujeto dado, que probablemente responderá afirmativamente si se le pregunta si percibe una manzana que tiene ante sí. Aunque sea ilusoriamente, para ese sujeto será patente que está percibiendo una manzana. Pero es que todo lo real es real, así que el problema con la explicación de la propiedad de la conciencia no es que la experiencia consciente sea real, sino que sea consciente, que sea real conscientemente, es decir, sin identidad, por ejemplo para un sujeto, entre lo patente y su sustrato, entre un objeto mental abstracto, como la imagen mental de una manzana y las neuronas que representan dicha imagen mediante su integración en una red neural dada que codifica dicha información, pues el sujeto afirmará que percibe la manzana, no la manzana y las neuronas que la codifican en su cerebro.

Una silla también es real, se apoya en el suelo y de ahí no pasa, pero inconscientemente para el suelo y la silla. No hay que confundir la efectividad (patencia, realidad, detectabilidad, el hecho de que algo tenga lugar) de la mente con el hecho de que la mente posea la propiedad de la conciencia (la propiedad de que los objetos mentales no sólo sean efectivos, sino que además lo sean pareciendo ser efectivos de por sí a escala, con entidad propia, con concreción, como si a simple vista fuesen irreducibles).

Por tanto, la conciencia no debería ser lo que otorga efectividad a la mente, pues efectiva ya se supone que es, en general y por definición, como también se supone de todo lo que forme parte de la realidad.

Por la conciencia lo que ocurre es que la efectividad de los objetos mentales parecerá suya de por sí, es decir, que los objetos mentales parecerán lo que parecen ser y no otra cosa, como si fuesen concretos, y por tanto no reducibles a partes menores (y desde el punto de vista evolutivo parece lo más conveniente, tomar a los objetos mentales por concretos de por sí, no como abstracciones en el cerebro, y, así, al tomarlos por concretos se interpretarán como tales, y se podrán integrar comportamientos congruentes dirigidos a una realidad tomada como algo concreto “ahí fuera”, y a escala, en la práctica).

Por esta propiedad las interacciones entre objetos mentales también conseguirán parecer interacciones entre objetos mentales concretos, como si los objetos mentales fuesen a su vez los elementos de un sistema (como las letras al formar palabras), y no lo que está ocurriendo fundamentalmente en el cerebro (a escala microscópica en este caso, al ser la neurona la unidad funcional fundamental del sistema nervioso), que es la interacción sistemática entre neuronas.

¿Qué es la abstracción?

Un objeto mental, como la imagen mental, por ejemplo, visual, de una manzana, no es esa parte de la realidad que representa, una manzana, sino su representación, su trasunto, su abstracción, pues éso quiere decir abstracción: un objeto abstracto es un objeto que representa a otro a ciertos efectos, pero sin ser ese otro objeto, de manera que ambos objetos no se identifican, no son idénticos, no coexisten en un solo ente, son dos cosas, no una cosa, uno identifica al otro, pero no se identifican.

El objeto mental manzana es abstracto por partida doble, por un lado no es idéntico a la manzana sobre la mesa, y, además, por ser consciente, tampoco es idéntico a su sustrato, las neuronas que conforman o recrean la manzana mental.

¿Es conveniente la conciencia desde el punto de vista evolutivo?



La imagen mental de la manzana posiblemente sea conveniente tal como se configura, conscientemente, pues a un individuo seguramente le conviene pensar sobre las manzanas que le interesa comer, no sobre lo que hacen sus neuronas. De este modo el comportamiento del individuo se puede dirigir hacia la manzana sobre la mesa, que es lo conveniente. Y no digamos si lo que se acerca es un tigre.

Al lograr que la imagen mental posea esa concreción de por sí al ser consciente, también en consecuencia se toma por algo concreto a la manzana sobre la mesa, se piensa sobre las cosas como si fuesen concretas, y de ese modo se puede obrar congruentemente en consecuencia con una realidad macroscópica que precisamente es concreta a ciertos efectos a escala macroscópica, por ejemplo, al efecto de actuar con adaptabilidad en pro de la supervivencia.

Tal vez por selección natural se hayan visto favorecidas estas tendencias. Quizá por éso la conciencia haya sido una propiedad con éxito evolutivo, pues permite interactuar con el entorno no sólo con rapidez, que como se ha visto es una ventaja del sistema nervioso frente al sistema hormonal para algunas funciones, sino además como si el entorno estuviera ahí de manera concreta a gran escala, que es lo conveniente, dado que en la práctica, dentro de un margen de error aceptable, así es a simple vista, pues a simple vista tiene sentido, desde el punto de vista de la evolución, de la selección natural, de la adaptabilidad y de la mera superviviencia, que un herbívoro huya de un tigre, y que un tigre dé caza a un herbívoro, por lo que tiene sentido que se perciban así las cosas, aunque en el fondo todo éso no sea lo que está ocurriendo ahí.

¿Cómo surgen por intuición las ideas del dualismo y del solipsismo?

Un sujeto consciente, por la propiedad de la conciencia, creerá ilusoriamente que la manzana que percibe es la manzana que contempla, no su representación en su cerebro, la percibirá y localizará fuera de sí, no dentro de su cabeza (por supuesto que dicha ilusión es además lo más conveniente desde el punto de vista evolutivo, para ese individuo como ente macroscópico, a ciertos efectos).

Además, el sujeto, por la propiedad de la subjetividad, creerá ilusoriamente que él mismo no es esa imagen mental que cree percibir, sino un ente subjetivo concreto y capaz de percibir dicha imagen mental. De ésto quizá provenga la intuición posiblemente errónea sobre la dualidad mente-cerebro, y también la idea del solipsismo.

¿Qué ventaja supondría la subjetividad desde el punto de vista evolutivo?

Se diría que el control subjetivo del comportamiento parece aportar mayor finura a algunos movimientos. Por ejemplo, si uno intenta abrir una puerta con una llave sin control subjetivo, de modo automático mientras uno piensa en otra cosa, encontrará que tardará más que si lo hace procurando que el yo “tome el control” (en sentido figurado), o que incluso no será capaz por torpeza. De modo que la subjetividad podría tener algunas ventajas también en algunos casos, al permitir integrar ciertos tipos de comportamientos, que quizá le resultarían inútiles a una mosca, o a una hormiga, pero que posiblemente marcarán la diferencia en el caso del ser humano u otros tipos de animales similares.

También ocurre lo contrario: cuando el yo “toma el control” de algunos comportamientos éstos se llevan a cabo peor. Por ejemplo, si un surfista tuviese que esperar a que “su yo” decidiese cada movimiento de su cuerpo para permanecer en equilibrio sobre la tabla de surf en la cresta de una ola, se caería mucho antes que si lo hiciera “dejándose llevar por su instinto” y reservando al yo sólo para “disfrutar del momento” (que tampoco parece una mala forma de aprovechar el yo). Parece haber un lugar y un momento para cada cosa, en una realidad tan compleja y con tantas posibilidades.

¿Son el sujeto y el objeto mental una sola cosa?

Nótese que en el caso del sujeto sí parece haber coexistencia en un solo ente del sujeto tomado objetivamente como ente y del objeto mental que en un momento dado es objeto de la percepción subjetiva. Por ejemplo, si tiene lugar la percepción de una manzana, el sujeto es ese proceso de percepción subjetiva de una manzana, es ese pensamiento, y por tanto, es ese proceso de formación de la idea mental de una manzana, dicho de otro modo, es esa “manzana mental”.

Desde este punto de vista, y tal como dejó escrito Schrödinger en su libro Mente y materia: “Sujeto y objeto (mental) son una sola cosa“, que sería como decir que la observación (en sentido figurado: el observador) y el contenido mental de dicha observación son una sola cosa. De modo que si se está dando, por ejemplo, la percepción subjetiva del objeto mental manzana, el sujeto y el objeto manzana probablemente sí son idénticos, una sola cosa, y en tal caso el dualismo cartesiano y el solipsismo carecerían de sentido.

Antes que Schrödinger, Hegel ya había dicho que la realidad es un proceso, que el conocimiento se basa en la relación entre sujeto y objeto, y que ambos se identifican al reconvertirse el objeto en sujeto, idea que reexpresó diciendo: “Todo lo real es racional y todo lo racional es real”. Para Hegel el sujeto es un “espíritu absoluto” que es a la vez conciencia y su objeto, una razón que comprende la realidad.

¿Por qué cuesta entender que sujeto y objeto puedan ser una sola cosa?

La intuición no permite interpretar así las cosas por sentido común: cualquier sujeto cree ser algo así como un yo único e individual, concreto, un espectador u observador independiente de la realidad, no un yo-manzana, y mucho menos aun creerá una persona que es una manzana-observador o una manzana-yo. Por éso resulta difícil aprehender esta idea sobre la identificación entre sujeto y objeto mental.

Precisamente debe de ser la propiedad de la conciencia, que posiblemente se define por ser la propiedad que impide la identificación entre mente y sustrato, y la de la subjetividad, que permite tomar al objeto mental por un todo único e individual, lo que dificulta la identificación entre sujeto y objeto, pues al localizar intuitivamente al objeto mental, la manzana, por su concreción aparente (y conveniente, por otro lado), fuera de uno mismo, y al ser efectivo el fenómeno consciente como ente único e individual por la propiedad de la subjetividad, se establece una dicotomía entre lo externo y lo interno en el terreno de la abstracción, idealizando lo interno en forma de yo-observador sin contenido (algo absurdo), y distinto a lo observado con contenido, y ambos con aparente concreción, algo conveniente para obrar en consecuencia hacia lo observado (para comer la manzana), pero ilusorio, y con tendencia a relacionarse con el desarrollo de un concepto dualista de la mente.

Resulta difícil aprehender esta idea sobre la identificación de sujeto y objeto mental porque cualquier persona cree en la aparente concreción de su yo como algo verdadero. Pero el sujeto, en tanto que objeto concreto, en tanto que ente, es un objeto cuya entidad es recreada en el terreno de la abstracción, no es concreto en esencia (como pueda serlo, tal vez, un fermión). No hay un sujeto de manera concreta a todos los efectos, sino un proceso de percepción subjetiva que aparenta ser un yo concreto a simple vista a ciertos efectos, y con un error despreciable en la práctica, y no a todos los efectos, y por tanto, si no hay sujeto a todos los efectos, no lo hay, sólo lo parece, como no hay gente en una pantalla de cine, sólo lo parece.

En la realidad “externa al cine”, en la “pantalla de cine de la realidad en la que vivimos”, son cuatro las dimensiones y todo es más complejo e impredecible, y todo tiene la posibilidad de no haber sido filmado previamente, y por ello parece más… real… que lo que se ve en una pantalla de cine plana, pero la “cantidad de realidad”, de efectividad, es la misma, si se piensa en ello, más allá de los convencionalismos al respecto (según los cuales lo que ocurre en el cine no se consideraría tan real como la “vida misma”, por ser ficción; pero que sea ficción no le resta ni un ápice de efectividad, ni se la otorga a la “vida misma”).

¿Es el sujeto como una partícula?

La mente subjetiva se diría que es, fundamentalmente, un proceso de integración en función del tiempo de la actividad de una multiplicidad neural, logrando en la práctica la efectividad en determinada escala (a simple vista, o escala macroscópica confinada) del mensaje mental como ente particular (con aspecto de partícula, de cosa única e indivisible, puntiforme, adimensional y sin rotación) en un instante dado, en cada instante en que tal propiedad sea efectiva de hecho con un error despreciable en la práctica, como si hubiese, en cada instante, un solo sujeto individual consciente por cerebro observando la realidad macroscópica a su alcance.

¿Es real lo abstracto, o es irreal?

Un objeto abstracto es real, pues es detectable, aunque sea abstracto. Por ejemplo, la representación de una manzana en el cerebro es real, pues el sujeto individual realmente percibe visualmente como sujeto la patente presencia como parte de la realidad de dicho objeto mental.

Aunque real y objetivo, el objeto mental, presente de manera patente durante la percepción del mismo, es abstracto. Dicho objeto abstracto es la representación en el cerebro de una manzana, dicho de otro modo, no es la manzana lo que está en el encéfalo, sino su representación, su abstracción.

La manzana representada en el cerebro es un objeto abstracto, y es real, pero no es una manzana comestible, sino una representación, una abstracción, una manzana real, pero falsa, ficticia, pues se tratará, como mucho, y en primer lugar, de un código que configurará una manzana, que la recreará mediante la integración de una red de neuronas con ese significado. Dicho objeto mental será, en definitiva, una forma pasajera o transitoria adoptada por ese sistema morfofuncional de neuronas mediante su cambio de estado, una forma de esa materia (y “forma de la materia” es otra manera de denominar a la información).

La “manzana mental” emergerá conforme cambie la forma del cerebro en ese sentido, como emerge una forma reconocible en la pantalla de un ordenador conforme la disposición de los pixels va siendo la correcta.

En segundo lugar, el objeto mental manzana es abstracto porque no es un objeto concreto de por sí, aunque al sujeto se lo parezca ilusoriamente, y no lo es al ser reducible a la partes que interaccionan para configurarlo, que son las neuronas implicadas.

Es decir, el objeto mental manzana es abstracto porque no es una manzana aunque lo parezca, y porque no es un objeto concreto aunque sea un objeto que parece concreto en determinada escala, sino que es un conjunto de neuronas interaccionando.

¿Qué es la “reabstracción”?

De modo que el objeto mental manzana es abstracto por partida doble.

Y aun habría un tercer nivel de abstracción en la mente, que consistiría en la “reabstracción” de un objeto mental abstracto al simbolizarlo con otro objeto mental nuevo. Por ejemplo, si el objeto mental manzana, constituido por sensaciones visuales, olfativas, etc., es simbolizado por el objeto mental denominado “la palabra MANZANA”, pues dicha palabra, que será información consciente también, en cierto modo reabstraerá al anterior objeto mental, el objeto mental manzana.

¿Es virtual la mente?

La palabra MANZANA, aunque abstracta, es real, como todo lo real, es decir, es patente, detectable, efectiva, y por tanto no es irreal ni virtual.

Es esta evidente detectabilidad, esta innegable patencia de la experiencia mental de cada uno en lo que al yo concierne, lo que tal vez lleve fácilmente a confundir intuitivamente los conceptos de realidad de la mente (presencia patente del objeto mental), y concreción de la mente (que un objeto mental a ciertos efectos pase por irreducible a determinada escala con un error despreciable en la práctica).

El que los objetos mentales sean efectivos como concretos en la práctica, el que la idea de una manzana sea para el sujeto esa idea y no la idea y las neuronas que la conforman, se diría que es lo que define a la propiedad de la conciencia, como característica, y no la patencia de lo mental, pues la patencia es algo propio de todo lo real, no sólo de la mente. Y no hay que olvidar que lo abstracto es objetivamente real, aunque no sea verdadero en su concreción a todos los efectos (a cualquier escala), a diferencia de las partículas elementales (que se sepa).

¿Cómo se detecta lo real?

Todo lo real es real, en general, que se sepa, es detectable, y es detectable mediante una interacción, por una medición, un cambio en la magnitud de algún parámetro de un sistema como resultado de esa interacción con el sistema utilizado como aparato de medida y el cambio de estado consecuente en el aparato. Por ejemplo, cuando se detecta un electrón no se detecta directamente la partícula, sino el cambio de estado en el sistema tras la supuesta interacción de dicha partícula con otras partes del sistema (por ejemplo, la presencia de un electrón se puede hacer patente tal vez con un voltímetro en un tubo de rayos catódicos, pero no por la contemplación directa de dicha partícula, de forma que todo lo real lo es supuestamente, y a partir de la evidencia disponible).

¿Si la efectividad depende de la interacción, cómo es posible la percepción consciente subjetiva sin una dualidad mente y cerebro para que haya una interacción entre ambos?

Si se dice que no hay dualidad sujeto-objeto en la mente, ¿con qué interaccionarían entonces los objetos mentales para ser conscientemente patentes para un sujeto; si no podrían interactuar con el sujeto, cómo se explicaría la presencia de la conciencia como propiedad efectiva de hecho durante el proceso mental subjetivo? Posiblemente la interacción que tiene lugar es la que se verifica entre unos objetos mentales y otros, precisamente gracias a la propiedad de la conciencia, por la que los objetos consiguen ser efectivos como si fuesen efectivos de por sí a escala, como si fuesen concretos de hecho, con un error despreciable en la práctica. Este hecho, sumado a la propiedad de la subjetividad, por la que el objeto mental adquiere unicidad e individualidad, hace posible la ilusión según la cual la patencia del proceso mental tiene lugar como si hubiese un sujeto concreto percibiendo la escena, cuando de lo que probablemente se trata es de que el proceso mental patente es consciente y subjetivo, que suena parecido pero no es lo mismo, de tal manera que lo patente cuando es patente con conciencia y subjetividad parece concreto, con entidad de por sí, y además dicha entidad posee carácter único e individual, como si hubiese ahí un ente individual dándose cuenta de las cosas conscientemente, lo cual, a ciertos efectos, así ocurre en la práctica con un error despreciable, pues cada uno de nosotros creemos ser un sujeto, un individuo único con una percepción consciente de lo que nos rodea, pero la concreción de dicho yo consciente es ilusoria, como lo es la de la figura que parece moverse con aparente unicidad e individualidad en una pantalla de cine.

¿Es la vida lo mismo que la conciencia?

A veces es preciso andarse con rodeos para describir alguna propiedad biológica. Sin ir más lejos, para describir la propiedad biológica de la vida es preciso andarse con rodeos, porque con la propiedad de la vida ocurre lo mismo que con la de la conciencia: es una abstracción. No se puede extirpar de un ser vivo la vida para colocarla sobre una mesa y ver en qué consiste en concreto para captar su esencia. Dicho de otro modo: no existe la vida, sino los seres vivos, como suelen decir los biólogos.

Con la conciencia ocurre lo mismo: no existe la conciencia, sino los seres conscientes, y siendo más precisos, la información consciente.

Para definir la propiedad de la vida no se puede llevar a cabo una descripción concreta de la vida, sino que hay que hacer referencia a las propiedades o características o cualidades propias de los seres vivos, por ejemplo: los seres vivos son aquéllos que nacen, crecen, se reproducen, mueren, etc.

Hay diversas definiciones de la vida, y en general se suele considerar a la vida como aquella propiedad peculiar de los seres vivos, que son los que se caracterizan por presentar, por ejemplo, reproducción, nutrición, organización, crecimiento, propósito específico, excitabilidad, motilidad y adaptabilidad.

Habiendo visto cómo se define la vida, parece claro que la conciencia podría definirse como una propiedad de un sistema con ciertas características. Con la conciencia hay que llevar a cabo el mismo ejercicio, dado que tampoco se puede extirpar del cerebro para colocarla sobre la mesa de exploración para una descripción concreta.

La conciencia se debería describir a partir del grupo de características o propiedades (cualidades propias o peculiares) que definirían a la información procesada en el tejido nervioso, de tal manera que dicha información pueda ser categorizable como consciente, o dicho de otro modo, de tal manera que la mente disfrute de la propiedad de la conciencia, y otro sistema sin estas cualidades, no.

¿Es la efectividad una cualidad necesaria para que un sistema sea consciente?

Para que la conciencia sea posible, probablemente sea necesario que la mente sea efectiva, como característica primera. Ésto podría parecer una perogrullada, ya que es evidente la patencia de la experiencia consciente desde el punto de vista del yo, y se presupone, pero es que la experiencia consciente forma parte de la realidad, y la realidad, con o sin conciencia, se caracteriza precisamente, y por definición, por la patencia, por lo patente de su presencia (lo cual aunque no sea una perogrullada, no deja de ser una tautología, pero es que lo de la patencia de lo patente no es un asunto que haya quedado resuelto).

La mente es información abstracta, pero es patente porque lo abstracto también forma parte de la realidad.

Por efectividad de la mente se entiende la detectabilidad de la información abstracta, pues efectivo significa real, detectable, patente, que tiene lugar, que tiene efecto (y no hay que confundir “tener efecto” con “hacer efecto”, por ejemplo, si uno está enfermo, toma un medicamento y se cura, lo que hace efecto es el medicamento, y lo que tiene efecto es la curación).

Efectivo es lo contrario de irreal, indetectable, virtual, latente.

¿Significa efectivo lo mismo que eficaz?

No hay que confundir la palabra efectivo con la palabra eficaz; un fármaco, si cura, es eficaz, no efectivo. Lo que sería efectivo, en el caso de la curación, sería la curación; lo eficaz es lo que hace efecto, el fármaco; lo efectivo es lo que tiene efecto, la curación. Lo real es lo que tiene efecto, lo que tiene lugar, lo que ocurre, lo efectivo, lo detectable, lo patente.

¿Es la mente una realidad virtual?

Lo que no ocurre no es detectable, así que no es real. Al no ser detectable se lo denomina irreal, o virtual, o latente. Por esto mismo, cuando se denomina realidad virtual a las imágenes por ordenador, se comete un error similar al de calificar como efectivo a un fármaco que cura; se trata de errores que llevan a la confusión, y, por tanto, a la dificultad en la transmisión de un mensaje, o a conclusiones equivocadas. Ha de quedar claro que las imágenes por ordenador en sentido estricto no son virtuales (aunque sí en sentido figurado), ni tampoco las imágenes mentales son virtuales, ya que dichas imágenes mentales son detectables, son reales, son patentes, por ejemplo, son perceptibles de manera evidentemente patente. La expresión realidad virtual es, de hecho, contradictoria y absurda, aunque se utilice en sentido figurado y como oxímoron, al hacer referencia a las imágenes generadas con un ordenador, por ejemplo.

¿Es real, detectable, toda la realidad?

La realidad conocida, lo detectado hasta ahora, parece formado esencialmente por partículas elementales (descritas mediante la mecánica cuántica) y sus interacciones. Las propias partículas elementales son elusivas a la hora de tratar de comprenderlas desde la ontología, pues no se detectan por ellas mismas, sino por los efectos en los sistemas de medición que producen las interacciones de dichas supuestas partículas.

La realidad es fundamentalmente incomprensible desde un punto de vista intuitivo hasta el momento, por su carácter contraintuitivo. Las partículas elementales son incomprensibles de manera racional, son inimaginables. Su naturaleza y comportamiento son extraños, a pesar de ser lo que seríamos en esencia, de acuerdo con lo comprobado hasta ahora.

Algunas partículas elementales son tan elusivas a la detección que se denominan, de hecho, virtuales. Por ejemplo, los fotones que intercambian las moléculas orgánicas en una “cascada” de reacciones bioquímicas, en una célula, pueden ser virtuales o indetectables, si los campos electromagnéticos que intercambian los fotones están superpuestos, si es acertada la descripción del mecanismo de transferencia de Förster (un campo y una partícula parece ser que son lo mismo, y ésta sería la justificación de esta rareza, en este caso). Y éste es sólo un ejemplo de los problemas a la hora de definir qué es la realidad, de manera que el propio concepto de realidad está en permanente revisión.

¿Es necesaria la capacidad de abstracción para que un sistema se pueda considerar consciente?

Por abstracción se entiende aquí a la referencia al carácter representativo, o inconcreto, de la información consciente. Lo concreto es aquéllo que es lo que es y no es otra cosa, aquello que es de por sí. Lo concreto no es, por tanto, reducible a otra cosa a todos los efectos. Cuando se percibe una manzana se toma por concreta en la práctica, pero sólo al efecto de su percepción a simple vista, ya que por lo demás, dicha percepción objetiva carece de concreción, pues, por ejemplo, es reducible a un procesamiento neural basado en la complejidad y la multiplicidad, de modo que dicha manzana mental no sería concreta desde cualquier punto de vista, es decir, en cualquier escala, a diferencia de lo verdaderamente irreducible, como las partículas elementales, que sí parecen ser concretas a cualquier efecto.

Tanto los fermiones, o electrones, neutrinos y quarks, como sus bosones y sus interacciones son irreducibles a otra cosa, que se sepa, como aclara Ynduráin en su libro Electrones, neutrinos y quarks.

De modo que la concreción de la manzana a simple vista es real, pero no lo es a todos los efectos, así que no lo es, sólo lo parece a simple vista (una digresión lógica y evidente a partir de esta afirmación sería que por tanto tal vez no sería preciso ser concreto para existir; pero la contra-argumentación también lógica subsiguiente sería: si algo inconcreto existe, será contingente, y por tanto, ¿se puede considerar que existe algo que es contingente y que en consecuencia no es eterno? Ésto llevaría al concepto de eternidad como necesidad lógica de algún modo, dado que se diría que de hecho, y también de algún modo, existimos, o llevaría al menos a la idea actual de algunos físicos según la cual podría tener lugar el “plegamiento de dimensiones”, tal vez incluida la del tiempo, lo cual quizá haría posible la existencia al margen del tiempo y sin que nada físico ocurra por tanto… pero todo ésto ya es excesivamente especulativo, inimaginable e incomprensible, así que volvamos con el cerebro, acerca del cual, dentro de nuestros límites, poseemos bastante certeza sobre su existencia en el interior del cráneo de la mayoría de las personas).

¿Es necesaria la sensibilidad para que un sistema sea consciente?

Por sensibilidad se entiende que el sistema que ha de procesar información consciente en representación de algo tiene necesariamente que reaccionar ante ese algo cuando lo tenga delante, y al menos en un número significativo de ocasiones.

La sensibilidad, evidentemente, depende de dos factores fundamentales: los órganos de los sentidos, y la excitabilidad celular. La sensibilidad depende de la propia vitalidad, y de la forma en que los seres vivos han evolucionado. Así que sin vida, sin actividad bioquímica, y sin una evolución natural de ciertas formas orgánicas en particular, formas de órganos de los sentidos en concreto, y por tanto con receptores sensoriales, difícilmente se podría estar hablando aquí de la conciencia como propiedad de la mente, posiblemente.

¿Es necesaria la especificidad para que un sistema sea consciente?

Otra propiedad característica de la mente para que haya conciencia debería ser la especificidad. Por especificidad se entiende que el sistema nervioso ha de dar cuenta de lo que da cuenta, y viceversa, no ha de dar cuenta de lo que no da cuenta, así que debe conocer lo que conoce y como lo conoce, sin confundirse. Ésto es fácil de entender también: los ojos, por ejemplo, responden a la luz específicamente, y los oídos a los sonidos, no a otra cosa, etc.

¿Es necesaria una cuantificación de la información abstracta para que haya conciencia?

Por cuantificación se hace referencia a que la información abstracta que se procesa en el cerebro es medible físicamente, cuantificable. No puede ser de otro modo, ya que lo que el cerebro genera, conduce, transmite y comunica son impulsos nerviosos bioeléctricos que pasan de una neurona a otra, es decir, pasan de uno en uno, de manera cuantificada, potencial de acción a potencial de acción (ésto da pie a que la información pueda ir codificada, por otro lado).

La cuantificación de la información mental posiblemente se produzca de diversas maneras, y en diversas escalas, no sólo mediante la transmisión de la información potencial a potencial en cada sinapsis. Por ejemplo, se ha comunicado la posibilidad de la existencia de un cuanto de conciencia de 12,5 ms, por debajo del cual no sería posible discriminar dos objetos auditivos como distintos. La fuente bibliográfica para este dato es la siguiente: Kristofferson A.B. Quantal and deterministic timing in human duration discrimination. Ann N.Y. Acad. Sci. 1.984; 423: 3-15.

¿Es necesaria la codificación para que un sistema sea consciente?

Con codificación se quiere decir que dicha información mental, por estar cuantificada, puede organizarse en forma de código y así disponer de símbolos a los que adjudicar, de manera innata, adquirida, o ambas, un significado, como el de manzana.

Dicho código puede formarse, evidentemente, gracias la estabilidad del sistema, dado que cada neurona disparará de un momento a otro un tren de potenciales de manera igual, dentro de un margen de error aceptable, a como lo había hecho previamente.

El pensamiento es la computación de símbolos, y éso es lo que hace el cerebro, computar símbolos.

¿Es el ismorfismo necesario para que haya conciencia?

Isomorfismo quiere decir que un objeto mental con un significado es isomórfico con el objeto concreto al que representa, que tiene su misma forma. Ésto no es del todo cierto, pero, al establecerse un significado, se da por cierto en la práctica… e incluso hasta cierto punto ésto es literalmente cierto en algunos casos, como se sabe por la forma del homúnculo de Penfield. En otros casos lo de la misma forma se referirá no a una igualdad literal entre la forma de un objeto y la de su representación en el cerebro, sino a que la representación en el cerebro será constante, la misma (el mismo código), y por tanto igual para ese objeto de un momento a otro, y compatible.

¿Qué es el isomorfismo?

El isomorfismo, en su definición matemática, consiste en la correspondencia biunívoca entre dos conjuntos de cosas. El concepto de isomorfismo indica que, dados dos conjuntos, 1 y 2, entre sus elementos se establece una correspondencia biunívoca, lo cual quiere decir que a un elemento A, del conjunto 1, le corresponderá el elemento B, del conjunto 2, y no otro, lo cual implica una interacción peculiar, sistemática, entre 1 y 2. Habrá un isomorfismo, entre 1 y 2, si al evolucionar 1, por ejemplo, si en 1 tiene lugar una interacción entre A y A´, entonces, al observar 2, se comprobará que a la vez habrá tenido lugar en 2 una interacción entre B y B´ con correspondencia biunívoca. En tal caso, 1 y 2 serán isomórficos.

¿Es posible el isomorfismo para el sistema nervioso?

En la práctica existe la posibilidad del isomorfismo entre sistemas, en general, y el cerebro en particular es un sistema capaz de lograr dicho isomorfismo en la práctica con un error despreciable en la escala en la que dicho isomorfismo sea efectivo (detectable). Por ejemplo: cuando un objeto cae por su peso, se percibirá que cae, en condiciones normales, y en ausencia de algo que lo impida, y, así, el comportamiento subsiguiente será congruente con la realidad tal como está ocurriendo y como se percibe que está ocurriendo: que un objeto está cayendo, en este caso.

¿Es la posible capacidad para el isomorfismo del sistema nervioso una analogía sin sentido?

Bertalanffy trata el asunto de los isomorfismos en la naturaleza en su Teoría general de sistemas, donde previene contra la confusión entre los isomorfismos y las “analogías sin sentido”. En este ensayo se podrían estar planteando analogías sin sentido que podrían estar pasando desapercibidas, por ejemplo: ¿tiene que ver el carácter particular de la subjetividad, al que se ha hecho mención previamente, y por tanto su aspecto a simple vista de objeto mental con carácter único e individual (irreducible), con el carácter también particular (irreducible) de las partículas elementales, o se trata de una mera analogía sin sentido?

Esa capacidad del cerebro para establecer un isomorfismo efectivo como tal a simple vista con un error despreciable en la práctica, sea o no una analogía sin sentido, posiblemente sea un rasgo útil desde el punto de vista evolutivo, y posiblemente sea una de las razones por las que el sistema nervioso ha sido seleccionado como sistema para controlar el comportamiento motor en animales con capacidad de movimiento motriz autónomo (que son los animales que necesitan sistema nervioso) mediante el recurso a información consciente.

¿Es necesaria la coherencia para tener conciencia?

La coherencia, entendida en esta ocasión como congruencia, o ausencia de contradicción, es también importante, pues entre otras cosas hace posible que un significado sea el adecuado al objeto del entorno (a la parte de la realidad del entorno que se toma por objetiva) representado. Por ejemplo, si el cerebro otorgase el significado pera al objeto mental manzana, el resultado probablemente terminaría por no ser conveniente a ciertos efectos… y no digamos si confundimos manzana y tigre.

¿Es necesaria la compatibilidad para que un sistema manifieste la propiedad de la conciencia?

La compatibilidad tiene que ver con la coherencia/congruencia, y tiene que ver con que el objeto mental no sólo ha de ser coherente con el objeto representado: no sólo el cerebro ha de pensar en una manzana si se ve una manzana, sino que además ha de ser compatible, ha de pensarse en una manzana no sólo si se trata de una manzana, sino además cuando se trate de una manzana, ambos objetos han de ser coherentes entre sí para ser compatibles.

¿Se pueden hacer predicciones correctas sobre un sistema conociendo sus propiedades de manera correcta?

La conciencia y la subjetividad son propiedades del sistema nervioso, como la suma es una propiedad de la aritmética. Si un sistema está organizado y es suficientemente estable, resultará posible encontrar patrones de comportamiento constantes a partir de los cuales abstraer sus propiedades, y predecir resultados en mediciones sobre el sistema con un error despreciable. Por ejemplo: se puede predecir que 1+1 será mayor que 1 en el sistema aritmético, y se puede predecir, por la propiedad de la conciencia, que, si un individuo consciente pone una mano sobre la llama de una vela, apartará la mano.

¿Puede tener percepción subjetiva una hormiga?

La información consciente transmitida entre neuronas a escala microscópica no debería ser considerada subjetiva, pues la subjetividad parece una propiedad emergente, dado que sólo tenemos percepción subjetiva a simple vista, a escala macroscópica (confinada), y por tanto la subjetividad parece depender de cierta complejidad para emerger, para volverse algo detectable, amén de cierta estructuración morfofuncional probablemente específica, y de la efectividad de cierta escala (macroscópica, dado que no somos capaces de percibir a simple vista lo microscópico). Dicha complejidad y peculiaridad una sola sinapsis probablemente no la aportará.

Un sistema nervioso con cierta complejidad, como el de una hormiga, también procesa información, y posiblemente consciente, como revela su comportamiento, así que su comportamiento habrá de ser considerado consciente, aunque rudimentario en comparación con otros. Sin embargo, es dudoso que una hormiga perciba la realidad como sujeto. En caso de que no, sólo su comportamiento sería consciente. Es posible que una hormiga no posea una mente subjetiva, y por tanto difícilmente tendrá, por ejemplo, sentimientos, o algo así como un yo consciente de sus emociones y que sufra por ello… y menos aun empatía y que por tanto sufra por sus congéneres, o quizá sí, ¿quién sabe? Para saberlo habría que comprobarlo, y para comprobarlo habría que saber qué comprobar (entre otras cosas, y posiblemente, una sincronización de fase transitoria entre señales neuronales simples, como se ha dicho en la introducción y se dirá más adelante en este ensayo).

Puede ser consciente un protozoo?

Un protozoo, un ser vivo unicelular, se comporta como un ser vivo individual pero sin sistema nervioso, un ser vivo que no procesa información abstracta. ¿Será al menos consciente el comportamiento de un protozoo, como quizá ocurre con el de una hormiga?

Un protozoo, como ente, también se basa en la autoorganización, y su comportamiento se puede considerar por tanto propositivo, pero no parece que integre su comportamiento integrando información abstracta, por lo que no debería poder ser considerado consciente.

Mírese más de cerca un protozoo, un “globito gelatinoso” al microscopio óptico, hasta distinguir los objetos que lo componen: un gran montón de moléculas (estados ligados de átomos), un montón de objetos proteiformes que chocan entre sí millones de veces por segundo en función de su afinidad, avidez y cohesión. Algunas de las moléculas de la membrana del protozoo actúan como receptores de los estímulos del medio externo al protozoo, el charco en el que flota y vive, por ejemplo. Si un receptor de la membrana del protozoo responde a un estímulo específico, dicho receptor cambiará de estado, pero dicho cambio de estado, a diferencia de lo que hacen las sinapsis, y, aunque el cambio de estado en el protozoo también suponga una comunicación de información que preludia un posible comportamiento propositivo (propositivo, pero no consciente), el cambio de estado en el protozoo no supone una abstracción del entorno, y por tanto no supone una toma de conciencia del medio.

Cuando colisionan las moléculas que configuran el proceso físico sistemático llamado protozoo (vivo), la cadena de cambios moleculares mantienen al protozoo comunicado con el medio, pero el protozoo no se abstrae del entorno, se continúa con él, y sin abstracción no parece que pueda haber conciencia (y tampoco subjetividad, entonces).

¿Por qué el proceso vital de un protozoo no supone una abstracción de la realidad que le rodea?

Supongamos que un estímulo (por ejemplo, una molécula de alimento flotando en una charca), al que se podría llamar E1, choca con la molécula P1 de la membrana del protozoo, receptora específica de E1. P1 cambiará a un nuevo estado conformacional, el estado P2. P2 ahora choca con otra molécula dentro del protozoo, con Q1, específica a su vez para la interacción con P2. La información que P2 comunica a Q1 no es información codificada que abstrae a P1, sino que únicamente comunica a Q1 información sobre el estado de P2. Para Q1, P1 es un desconocido ya, no ha sido codificado por el sistema y por tanto no hay ya un símbolo representativo de P1 y con ese significado, y también E1 será ya un desconocido. Aunque P2 es P1 en otro estado, no es P1, por lo que Q1 no va a poder dar cuenta de P1 a la siguiente molécula de la cadena con la que Q1 se encuentre a continuación. Q1 tampoco será E1, ni su representación, sino el siguiente eslabón de una cadena de información concreta: E1-P1-P2-Q1-etc.

La secuencia de comunicación de información que empieza en el medio continúa en el protozoo, y dicho proceso informativo hace posible la integración de un comportamiento propositivo, por la congruencia de todo el sistema, por evolución filogenética y ontogenética en ese sentido de las piezas en juego (por conveniencia evolutiva), pero dicha información difícilmente se podrá considerar consciente, pues, de entrada, no abstrae el entorno, se continúa con él, de modo que el comportamiento, aunque se ajusta al entorno de un modo categorizable a usos prácticos como propositivo, lo hace inconscientemente, de manera mecánica y ajustada mediante diversos sistemas de regulación, pero de manera incontrolada, es decir, inconsciente (ni siquiera de manera refleja).

El protozoo es un eslabón en una cadena, no forma una cadena paralela que representa a otra cadena de manera real, sensible, específica, cuantificada, codificada, abstracta, isomórfica, coherente, compatible, etc., es decir, el protozoo es información, como todo, pero no conoce su entorno, y por tanto no usa ese conocimiento para ajustar su comportamiento procesando dicho conocimiento en paralelo para integrarlo con el resto de las piezas en el resultado final, el comportamiento.

El protozoo procesa información con algunas de las características necesarias para que su comportamiento se pueda considerar propositivo (que es una característica de los seres vivos en general, seres con capacidad para la autoorganización, no una caracaterística de los seres conscientes en particular), y por tanto el protozoo está vivo, pero sus características no son suficientes como para que, además de propositivo, su comportamiento se pueda considerar consciente, o basado en el procesamiento de información consciente como parte del proceso de integración de ese comportamiento.



¿Es el ser humano siendo consciente de la realidad lo mismo que el universo siendo consciente de sí mismo?

Esta idea es un tópico en los relatos de ciencia ficción. Aunque el universo sea información, es dudoso que sea conciencia, dadas las posibles características que un sistema precisaría para ser considerado consciente, estando el fenómeno de la conciencia posiblemente limitado en principio a los sistemas nerviosos formados por, al menos, circuitos, como grado mínimo de complejidad (hay sistemas nerviosos sin circuitos, parece ser, como los de las esponjas, que, por tanto, tal vez carecerían de conciencia).

Como la conciencia es la propiedad de un sistema dado, hablar de “conciencia universal” o “cósmica” sería como hablar de “liquidez universal”, o de “rojez universal”, sería absurdo, por intuitivo que le pareciera a algunos. Por éso un ser humano no debería ser considerado como el universo siendo consciente de sí mismo. Sería como decir que una rosa roja sería el universo siendo rojo, o que un río sería “liquidez cósmica”, o incluso que habría una “liquidez cósmica” al margen de los ríos.

Y además, no sólo un ser humano no es todo el universo, sino que ni siquiera ese ser humano será consciente de todo el universo, sino sólo de una parte, por lo que por esta otra razón tampoco parece tener sentido esa afirmación propuesta por los autores de ciencia ficción y que tanto juego da a veces.

¿Es la mente del calamar como la del hombre?

Ramón y Cajal dejó escrito, en 1.899, en su Manual de Histología normal (página 620) que el tamaño y disposición de las células nerviosas, así como de sus expansiones, no parece referirse de un modo bien evidente con determinada modalidad funcional.

Hay tipos diversos de neuronas en el cerebro que se pueden clasificar en tipos diversos, dependiendo del criterio utilizado, incluso en cientos de tipos. Pero a pesar de su diversidad no son muy distintas entre sí al microscopio. En ésto se distingue, parece ser, el cerebro humano del cerebro de otro grupo de animales no mamíferos que también lo tienen relativamente grande: los cefalópodos; así que tal vez los cefalópodos, a pesar de la inteligencia que demuestran los pulpos, tengan una mente ajena a la humana, o tal vez no.

¿Qué quiere decir que la experiencia subjetiva sea, además de macroscópica, confinada?

La experiencia mental consciente y subjetiva es macroscópica, pues lo que se percibe a simple vista no es microscópico. Además, dicha percepción macroscópica está confinada en dicha escala macroscópica, pues no es posible percibir lo microscópico en ningún caso a simple vista, ya que cae fuera de la capacidad de resolución de la percepción. Por ejemplo, el confinamiento es lo que impide a un sujeto contar en milésimas de segundo, a simple vista, siendo capaz de llegar sólo hasta las décimas de segundo (aproximadamente), cuando, precisamente, las neuronas funcionan en el rango de las milésimas de segundo, que es la escala en la que son medibles los potenciales de acción (algo que por otro lado no deja de ser hasta cierto punto una prueba del cambio de escala de medición en el terreno de la abstracción en el cerebro que posiblemente se debe de verificar durante la emergencia de la percepción subjetiva).

¿Tiene sentido la expresión popular tener la mente en blanco?

Para que sea efectiva la experiencia consciente subjetiva posiblemente hay que ser consciente de algo, como anticiparon Epicuro y Locke entre otros.

En palabras de Zeki, extraídas de su artículo La imagen visual en la mente y en el cerebro, publicado en Investigación y ciencia en 1.992: “… no hay razón para separar de la conciencia la adquisición de conocimiento visual”.

Dicho de otro modo: sin objeto (mental) probablemente no hay sujeto (que es otra forma de decir que sujeto y objeto son una sola cosa, porque el sujeto es un objeto).

¿Qué es la inconsciencia?

La inconsciencia, de acuerdo con la experiencia clínica, por ejemplo, observando cómo hacen su efecto los anestésicos, supone, básicamente el cese de la secreción de neurotransimores en las sinapsis, y por tanto el cese de la transmisión sináptica.

Por supuesto que si las neuronas mueren la inconsciencia será irreversible.

El proceso mental y su correlato neural

¿Es lo mismo el funcionamiento en red que la localización de funciones en diferentes áreas cerebrales?

La lesión de zonas cerebrales específicas se asocia a una pérdida funcional específica. Sin embargo, en la práctica, en el cerebro vivo no lesionado, dichas regiones no funcionan exactamente como las piezas de un mecanismo, por ejemplo, las regiones no funcionan como piezas independientemente, sino sólo si se conectan, de modo que lo que importa es el todo, la red, que es cambiante, no dónde se localice una función. O dicho de otro modo, se trata de algo así como un mecanismo pero sin piezas fijas. En el cerebro en funcionamiento no es suficiente con que haya una región con una función específica, sino que dicha función esté ubicada temporoespacialmente en el lugar y momento adecuados, conectada en el momento adecuado con otras regiones y activa, de lo contrario, la consideración de la especificidad funcional de dicha región carecería de sentido. La especificidad funcional de una región sólo tiene valor si dicha región se imbrica como eslabón efectivo en una cadena dinámica en un momento dado. Dicho de otro modo: en el cerebro sólo cuenta lo que está ocurriendo, una región sólo es una región si está funcionando como región, lo cual sólo es posible si ocurren dos cosas: si dicha región está funcionando, y si lo está haciendo en red con el resto de las regiones que le dan sentido a su efectividad como región con especificidad funcional.

Es importante tener esta concepción del cerebro como algo dinámico, cambiante, en red, y no hay que olvidar que hablar de la mente sólo tiene sentido si se hace en referencia a su carácter morfofuncional: la mente no es la posibilidad de pensar, sino el proceso del pensamiento en su curso efectivo, en gerundio.

Al hacer referencia a regiones que actúan en red, que constituyen un entramado que actúa como un todo en la práctica, a pesar de ser reducible a varias regiones distintas, hay que tener en cuenta que además dicha red está constituida por alguna región funcional que puede estar dispersa por diferentes regiones espaciales del cerebro.

¿Es importante la sincronización neuronal para el funcionamiento en red?

Damasio, en su libro El error de Descartes, cuenta que la actividad simultánea en distintos lugares conecta las partes de la mente separadas. Se sobreentiende que quiere decir que las conecta en un todo.

Damasio también dice: “… (la) integración mental se crea a partir de la acción concertada de sistemas a gran escala mediante conjuntos sincronizados de actividad neural en regiones separadas del cerebro”.

El propio Damasio aclara: “… la sincronización es una parte importante del mecanismo… de ligazón… de las partes de la mente que se integran… pero la sincronización (no trata de ser la)… explicación (última de esta ligazón)”. La sincronización, como la reentrada, debe de formar parte de dicha simultaneidad en parte, pero la clave de la formación de redes en el cerebro, en el caso de ese todo que es lo subjetivo, no parece que puedan ser sólo la sincronización y la reentrada, por una serie de razones.

¿Son las neuronas osciladores acoplados?

Ya desde los trabajos de Sherrington sobre la integración de la función visual se le otorgó su posible importancia a la sincronización neuronal, a la “concurrencia temporal” de la actividad neuronal, a la descarga de los potenciales de acción de neuronas distintas a la vez, para explicar de algún modo la simultaneidad de la diversa experiencia sensorial, y que, por ejemplo, se puedan percibir de una vez todas las partes de una imagen visual.

Sherrington trataba de averiguar, en particular (entre otras cosas) cómo es que usamos dos ojos para ver pero percibimos una sola imagen (supuestamente como resultado de la fusión o integración de las imágenes captadas por los dos ojos en una, dado que la imagen final contiene características que suponen la suma de ambas, como el carácter estereoscópico de la imagen del que carece la percepción monocular).

Según Strogatz y Mirollo (1.989), cualquier sistema de osciladores acoplados (sistemas de osciladores interconectados y con frecuencias características) como parece el caso de las neuronas, se autoorganizan espontáneamente.

En cierto modo se estaba proponiendo a la sincronía como oposición natural al caos.

Poincaré fue un precursor en el desarrollo de este tipo de ideas.

¿Hay un algoritmo cortical básico?

Las neuronas, a pesar de su diversidad, hacen más o menos lo mismo básicamente: generar, conducir y transmitir potenciales de acción en trenes, ya sea en respuesta a estímulos, o bajo la modulación por estímulos.

Según Mountcastle (1.978), la estructura de la corteza cerebral es uniforme en todas las regiones, grosso modo. Las variaciones no son tantas como para justificar la versatilidad funcional del cerebro a partir de las diferencias locales. Este hecho llamó la atención de Hawkins, que le dedicó al asunto un libro hecho a medias con Blakeslee, titulado Sobre la inteligencia (2.005). Según Hawkins, en todas las partes de la corteza se ejecutan las mismas operaciones, el algoritmo cortical básico es el mismo: mover patrones (de trenes de potenciales de acción). De modo que la heterogeneidad de la mente ha de estar en los códigos, no en las operaciones que los mueven.

Para que los códigos sean distintos la clave, me parece a mí, debe de estar en parte en las condiciones iniciales del proceso, en el hecho de ser las entradas de información en el sistema distintas: los receptores sensoriales son distintos, y de ahí debe de proceder o ahí debe de comenzar la riqueza y complejidad de la mente.

A simple vista es posible distinguir en un ramo de rosas blancas una rosa roja por su color, y también es posible en un concierto distinguir al oboe por su timbre, y no hay motivo para pensar que en la corteza haya neuronas que de modo innato (genético) sepan tomar conciencia de un oboe.

Lo que esta idea del algoritmo cortical básico conlleva entonces es que la corteza es más o menos la misma por todas partes, por lo que si una región es capaz, con años de aprendizaje a partir del nacimiento, de identificar a un oboe, mientras que otra región es capaz de identificar a la rosa roja entre las rosas blancas de un ramo, ello debe depender de la configuración específica de las redes implicadas en cada caso, de la conformación circunstancial de estados sinápticos relativos, de cada código ad hoc.

Que el algoritmo cortical básico sea el mismo se diría que hace posible que el cerebro sea, precisamente, un sistema adaptable a la cambiante realidad; él mismo es cambiante (es parte de la realidad también). Su complejidad es relativamente grande, de ahí que si se logra un equilibrio entre complejidad y adaptabilidad, también podría acabar siendo adaptable en la práctica, con presumibles ventajas en lo que a la conveniencia evolutiva se refiere, como así se observa que está ocurriendo.

¿Qué es un sistema integral?

Las redes neurales parecen comportarse como grupos neurales integrales.

Un sistema integral es aquél que persiste como un todo aun a falta de algunas de sus partes en la suma.

Por ejemplo, la vida es un fenómeno integral porque aunque mueren seres los que nacen los sustituyen en ese todo que es el fenómeno vital.

Lo mismo ocurre con la subjetividad: como las correspondientes neuronas correlativas se van desintegrando del grupo e integrándose al irse deshaciendo y formando redes, el sujeto sigue teniendo a simple vista aspecto integral, persiste en la práctica como un todo, por ejemplo, como un observador consciente único e individual.

¿Es la subjetividad una propiedad emergente?

Crick, tras terminar de investigar el A.D.N., se volcó en la búsqueda del correlato neural de la experiencia consciente personal. Su idea básica era la siguiente: la conciencia es una propiedad emergente del cerebro. Se quiere sobreentender aquí que se estaba refiriendo a la experiencia consciente y subjetiva en particular, a la emergencia de la propiedad de la subjetividad por tanto, a la emergencia del yo consciente. Si es así, hay que estar de acuerdo, en principio.

Si el yo consciente es un objeto emergente, hay que tener en cuenta que la propiedad de la subjetividad ha de emerger al integrarse cierta información abstracta en el cerebro de cierta manera peculiar, propia de este sistema en particular (de ahí que dicha propiedad aparezca en este sistema y no en otros), y que por tanto debe de consistir en algún tipo de actividad neural integral peculiar, lógicamente.

Al emerger la propiedad de la subjetividad, al emerger el sujeto consciente como un todo, de tal manera que resulte patente como ente consciente concreto, único e individual, con un error despreciable en la práctica a ese efecto a escala macroscópica (al efecto de la patencia del yo consciente), cierta información cerebral abstracta debe de estarse pergeñando, e integrándose o al menos correlacionándose de algún modo peculiar las neuronas implicadas, de tal manera que se formen redes macroscópicas efectivas como un todo caracterizado por poseer entidad única e individual a simple vista, y dentro de un margen de error aceptable para que tenga lugar dicho efecto en la práctica.

¿Cómo tiene lugar la integración neuronal?

Los mecanismos de integración neuronal conocidos son diversos.

Véase algún ejemplo de cómo se integra o suma la actividad neuronal en el cerebro: en la escala neuronal, cuando la actividad de, por ejemplo, dos neuronas, converge en una tercera, es decir, si dos neuronas A y B hacen sinapsis en una tercera neurona C, entonces C integra la actividad de A y B. De este modo, habrá circuitos convergentes, divergentes, etc., con distintas funciones posibles en el sistema nervioso en cada caso, como pueda ser la de aumentar el contraste de la señal sensorial en el primer caso, o la de aumentar la intensidad de la señal sensorial, por reclutamiento neuronal, en el segundo caso, etc.

Otro ejemplo de un mecanismo de integración básico en el sistema nervioso: en un circuito A-B-C (obsérvese la notación empleada), la neurona B actúa como neurona intermediaria, o intercalar, o internuncial, entre A y C, así, B integra o suma la actividad de A y C al formarse circuitos (aparte de participar en la dotación de coherencia o congruencia a los circuitos).

El sistema nervioso se conecta con el resto del cuerpo, básicamente, e integra en un todo el funcionamiento del organismo, sobre todo en lo referente a la homeostasis y el comportamiento.

¿Son importantes las neuronas internunciales?

El asunto de las neuronas internunciales (o intercalares, o intermediarias, como es el caso de la neurona B en el circuito A-B-C) es más importante de lo que parece: resulta que en los sistemas nerviosos más primitivos no había neuronas internunciales. Por ejemplo, algunos de los primeros animales con neuronas, los espongiarios (esponjas de mar), parece ser que no tenían circuitos neuronales, sino que las neuronas conectaban (y conectan) directamente al estímulo con la respuesta (muscular), sin intermediarios. Conforme la evolución avanzó y el sistema nervioso se fue haciendo más complejo, aparecieron los circuitos, “entrometiéndose” neuronas intermediarias o internunciales entre estímulo y respuesta, como es el caso de B en el ejemplo idealizado A-B-C.

La presencia de neuronas intermediarias dota de versatilidad a las respuestas, lo cual aparentemente podría haber supuesto una ventaja para la supervivencia, por lo que, aunque no hayan desaparecido las esponjas (aún existen) ello no ha impedido la aparición de otras líneas animales con otras características, por ejemplo, animales con neuronas intercalares y que terminen teniendo un gran cerebro.

¿Qué tiene que ver el cerebro con las neuronas internunciales?

El cerebro, a fin de cuentas, no es otra cosa que algo así como una gran masa de neuronas internunciales: la mente es una “gran pérdida de tiempo” entre estímulo y respuesta (como atestigua este ensayo), pérdida de tiempo que hasta el momento no termina de impedir la supervivencia de los seres afectados por esta peculiaridad evolutiva.

Ryle, en su libro El concepto de lo mental, afirmó que los procesos mentales son “disposiciones a la conducta”, y según Hilary Putnam, la mente son las funciones que median entre la entrada sensorial y la salida motora. Para George H. Mead, el pensamiento (la inhibición temporal de la acción) es una preparación para la acción social.

¿Cuál es el estatus de las neuronas internunciales en el cerebro en la actualidad?

En la actualidad, de todos modos, oficialmente se denominan neuronas intermediarias en la corteza cerebral sólo al 20% de las neuronas: el 80% son neuronas piramidales y el 20% internunciales. Ese 20% consiste en pequeñas neuronas inhibitorias (las células piramidales son excitatorias) de acción local, mientras que los axones de las neuronas piramidales actúan a distancia en otras zonas del sistema nervioso más allá de la corteza.

Pero si uno lo piensa, casi todas las neuronas son internunciales, pues están intercaladas como intermediarias entre la célula que detecta el estímulo, como puedan ser las de la retina, y la célula que ejecuta la respuesta, neuronas piramidales incluidas, aunque ésta sea un forma de hablar poco académica en la actualidad, ya que oficialmente sólo se considera que son internunciales ciertos tipos de neuronas (las neuronas inhibitorias de acción local).

¿Cuál es la causa de la experiencia mental subjetiva?

En un circuito A-B-C, A no es la causa de C, sino el correlato. Por tanto, la secuencia A-B-C, que va de A a C, no es un teorema que demuestra C a partir de A según el principio de causalidad. La actividad de C no se explica a partir de la actividad de A, pues A no es la causa de C, sino su correlato, pues no se relacionan directamente, se correlacionan.

Extrapolando esta idea a la escala de las redes: en el caso de que una red [A-B-C] (obsérvese el tipo de notación empleada) fuese en un momento dado el correlato de la subjetividad, dicha red no sería tampoco la causa de la subjetividad, ni la demostración de la causa por la que la subjetividad es efectiva.

Volviendo con los circuitos: A-B-C es una demostración de C a partir de A en tanto que correlatos, pero no demuestra la causa de C. Lo único que se puede demostrar es que C es un correlato de A si cada paso de A-B-C es verdadero, que sería más o menos lo mismo que decir que en ese circuito en actividad se detectaría un potencial de acción en A, después en B y después en C. Por éso no interesa conocer la causa de la emergencia de la subjetividad al rebuscar en sus correlatos, porque no existe una causa, al ser un proceso, y el simple hecho de plantearlo es ilógico.

Lo que interesa es conocer el modo en el que el cerebro funciona correlativamente cuando la subjetividad es efectiva, porque sí es lógico pensar que ha de producirse un tipo peculiar de funcionamiento cerebral que se correlacione con algo tan distinto como la experiencia subjetiva. Lo que interesa es descubrir cómo A-B-C puede llegar a ser un todo subjetivo a escala macroscópica confinada al integrarse A, B y C, descubrir las piezas a que se reduce correlativamente ese todo subjetivo. Lo que habría que descubrir es cómo, de qué manera en particular, se integran durante la subjetividad esas neuronas. Interesa cuál es ese mecanismo de integración neuronal peculiar, si lo hay, o de correlación al menos, en el caso de la subjetividad, que haga posible el entrelazamiento de diversos objetos mentales en un solo objeto mental, patente a escala macroscópica como el sujeto, el yo consciente, por el mero hecho de la concurrencia temporal de esas neuronas, y que tal actividad neuronal peculiar correlativa, que hace posible que la experiencia consciente abstracta sea patente como integrada en un todo, el yo consciente, tenga lugar de algún modo que no consista sólo en la sincronización neuronal.

¿Qué significa verdadero?

Se acaba de decir que lo único que se puede demostrar es que C es un correlato de A si cada paso de A-B-C es verdadero. ¿Y qué se quiere decir aquí por verdadero? Verdadero es aquello posible en un sistema y que se verifica, que deja de ser una posibilidad con una probabilidad para constituir una prueba tras consumarse como suceso probado. Por ejemplo, una proposición verdadera es: X=X. En el caso de una red neural que sea el correlato de la subjetividad, serían verdaderos, verificables, todos los potenciales de acción que se descargasen durante un periodo de tiempo dado y conformasen dicha red en correlación con esa experiencia subjetiva dada, pues en tal caso se habría tratado de la efectividad comprobable de algo que era posible en el sistema (e incluso aunque dicha red codificase un delirio, una idea no verificable sobre la realidad).

¿Cómo determinar si algo es verdadero o falso?

De acuerdo con estas definiciones, que acotan las acepciones usadas en este ensayo, algo real puede ser verdadero o falso, dependiendo de la escala. Por ejemplo, durante un delirio un potencial de acción correlativo será verdadero, pero la interpretación de la realidad de acuerdo con dicho delirio conformado con esos potenciales de acción será falsa.

¿Es verdadero sinónimo de real?

Aunque algo verdadero a una escala puede ser considerado falso a otra escala, no puede ser irreal en ningún caso, una vez que se ha verificado su detectabilidad, por tanto, verdadero y real no son sinónimos.

Por todo ésto, expresiones contradictorias como “realidad virtual” (realidad irreal, detectabilidad indetectable) no se refieren a algo aceptable como correctamente enunciado, salvo en sentido figurado o en forma de oxímoron.

¿Es el ritmo gamma el correlato neural de la subjetividad?

Se ha propuesto que durante la percepción visual subjetiva la sincronización neuronal de las neuronas implicadas ocurre en una frecuencia peculiar, de 40 Hz, el llamado ritmo gamma, investigado por Wolf Singer y por Gray.

Fischbach revisó la investigación de Singer en el artículo Mente y cerebro, publicado en Investigación y ciencia en 1.992. Según Singer, la sincronización de emisiones de señales procedentes de neuronas espacialmente distintas, activándose sincrónicamente a 40 Hz, correspondería a las distintas características del objeto (movimiento, color, forma, etc.) que uno afirma percibir integradas en la forma de ese objeto único en un momento dado. Las oscilaciones a 40 Hz podrían sincronizar conjuntos de neuronas que por su especificidad espaciotemporal en un momento dado estuvieran especializadas en los distintos componentes perceptibles de una escena visual, y constituir, tal vez, un correlato directo de la percepción consciente subjetiva de lo que se ve (o al menos parte del correlato).

¿Cómo se sincronizan las neuronas?

En cuanto a los mecanismos neuronales responsables de la sincronización, han sido estudiados incluyendo modelos artificiales que posiblemente se parecen a los naturales. Lo que llama la atención del modo mediante el que probablemente se terminan sincronizando las neuronas que interaccionan retroactivamente es que los mecanismos de sincronización son simples: si se ponen dos neuronas descargando una cerca de la otra lo más probable es que acaben sincronizándose, acoplando sus descargas a lo largo del tiempo, por una sencilla razón: acabarán igualando su flujo de iones por mera proximidad y por estar “flotando” en un mismo medio iónico. Eurich ha dedicado sus esfuerzos a desentrañar estos mecanismos a priori enigmáticos pero simples una vez descritos, y la descripción se puede encontrar en su artículo Sincronización neuronal, publicado en Mente y cerebro (2.003).

Recuérdese también el trabajo de 1.989 de Strogatz y Mirollo, que les permitió afirmar que cualquier sistema de osciladores acoplados se autoorganiza espontáneamente, y cuyo resultado es la sincronización.

De todos modos, recientes trabajos desmienten que la sincronización de neuronas contiguas sea una necesidad inevitable, como han observado Renart y de la Rocha en un artículo de Science del 2.010, y también Ecker en otro trabajo distinto (2.010).

¿Hay varios tipos de reentrada?

Según Edelman y Tononi, redes paralelas interaccionan retroactivamente entre sí, sincronizándose de este modo.

Aparte de la reentrada corticocortical que postulan Edelman y Tononi, se ha hablado también de una reentrada talamocortical, que Llinás y su equipo han investigado durante años.

Se puede encontrar una descripción comprensible de la reentrada en un artículo de Zeki titulado: La imagen visual en la mente y en el cerebro, publicado en Investigación y ciencia, en 1.992.

Bart Kosko ha propuesto el teorema B.A.M., de la memoria asociativa bidireccional, según el cual las redes neuronales se unifican correlacionándose, lo cual se representa matemáticamente multiplicando partes unitarias de una red con las de la otra, de manera que la correlación de ambas redes ya no supone un “si A, entonces B”, sino un “si X es A, entonces Y es B”, cuyo resultado sería la activación sincrónica de ambas redes (estos patrones ordenados de activación de redes unificadas serían posibles a pesar del caos en el sistema).

¿Con qué se correlaciona la actividad mental subjetiva, de acuerdo con los conocimientos actuales?

La experiencia subjetiva se correlaciona por sistema, hasta donde los métodos actuales permiten determinar, con cierta actividad neuronal peculiar, lo que se suelen llamar correlatos neurales de la experiencia consciente subjetiva.

En trabajos dirigidos por Metzinger en el M.I.T., en el año 2.000, tal vez se haya podido comprobar que los correlatos neurales se asocian en la práctica, empíricamente, en una primera aproximación grosera al desentrañamiento del enigma, sobre todo con la actividad de las áreas de asociación corticales.

La subjetividad se caracteriza por ser su efectividad comunicable de un sujeto a otro, y ése ha sido el modo que han tenido los investigadores del equipo de Metzinger para saber que la actividad de la corteza de asociación se correlaciona por sistema con la experiencia subjetiva.

¿Qué son las áreas de asociación corticales?

En la corteza hay áreas primarias, que se llaman primarias porque en ellas se considera categóricamente que se inicia de manera primaria cierta actividad cortical. Por ejemplo, las áreas sensoriales primarias se llaman así porque en ellas hacen su primera sinapsis las neuronas sensoriales procedentes del tálamo en dirección a la corteza.

Las áreas primarias hacen sinapsis después en otras áreas de la corteza, donde la información sigue su procesamiento. Las áreas corticales primarias hacen sinapsis en las secundarias, y las secundarias en las de asociación, en una sucesión sistemática de hechos.

En las áreas de asociación confluye información variada procedente de lugares diversos, y se integra, y ahí parece ser que se interpreta la información. Parece ser que uno interpreta (o percibe, dado que no hay percepción hasta que se culmina esta fase de interpretación del proceso) subjetivamente algo cuando se activan precisamente las áreas de asociación.

Parece ser que la mayor parte de la corteza es corteza de asociación. De todos modos, el cerebro funciona como un todo. Aunque la corteza de asociación sea crucial para la efectividad de la subjetividad, todo el cerebro debe funcionar para que sea efectiva (y el corazón debe estar latiendo, la tierra girando alrededor del sol, etc.).

¿Con qué se conecta la corteza de asociación?

Un área de asociación se conecta con diversas zonas del cerebro, pero las conexiones de las áreas de asociación con el hipocampo, la circunvolución que actúa de directora de orquesta para la memoria inmediata, la que fija los datos entrantes nuevos, y con el sistema límbico, un subsistema dentro del cerebro que organiza las emociones y por tanto el pensamiento emocional, se consideran importantes.

Gerhard Roth considera que esta integración de las extensas áreas de asociación con el sistema límbico, el hipocampo, la formación reticular, etc., puede ser un sistema suficientemente complejo como para cruzar el umbral de complejidad que se adivina necesario para la emergencia de propiedades en el sistema.

¿Se debería observar un estado morfofuncional distinto en las neuronas correlativas con la subjetividad y en las que no lo son?

Por lo dicho hasta ahora, hay que suponer que, aunque todas las neuronas hagan aproximadamente lo mismo, posiblemente habrá alguna diferencia clave entre el estado morfofuncional del cerebro durante la subjetividad y el estado del cerebro en ausencia de subjetividad. Ésto significa que en caso de poderse predecir un hipotético correlato neural peculiar para la subjetividad, dicho correlato no sólo debería ser comprobable (se debería poder comprobar que es el que tiene lugar en correlación con la subjetividad), sino también falsable (se debería poder comprobar que no tiene lugar en ausencia de la subjetividad).

El objeto mental

¿Qué es un objeto?

El proceso mental posiblemente consiste en el procesamiento de la información mental. A su vez, se diría que el procesamiento de la información mental consiste en la asociación e integración de objetos mentales abstractos.

Un objeto es lo que un observador determina como objeto (ésto no es tan tautológico como parece, ya que los objetos, que se sepa, no se definen por sí mismos).

¿Qué querría decir que un objeto mental sea elemental?

Supóngase que la mente sea un proceso sistemático consistente en la interacción entre objetos mentales elementales.

Elementales quiere decir irreducibles, al menos, irreducibles a ciertos efectos en una escala dada (y con un error despreciable en la práctica), por ejemplo: dadas las palabras que se tienen en mente, que son objetos mentales abstractos, obsérvese que las palabras son reducibles, por ejemplo, a letras, así que las letras, desde el punto de vista de las palabras, desde la escala de las palabras, serían objetos mentales abstractos elementales, pues es a lo que se reducen las palabras, mientras que las letras, desde el punto de vista (escala) de las palabras, son irreducibles a otra cosa, pues lo que explica la formación de palabras son las interacciones entre letras únicamente.

¿Qué vinculación habría entre el proceso mental y el funcionamiento neural?

El procesamiento de las letras para formar palabras consiste en poner letras juntas y obtener palabras con el cambio de la escala de las letras a la escala de las palabras (al pasarse de redes neurales de menor tamaño que codifican letras a redes neurales de mayor tamaño que codifican palabras, que lógicamente deberían ser de mayor tamaño al ser conjuntos integrados por las anteriores), con la emergencia de estas últimas. De modo que el procesamiento consistiría en asociar e integrar objetos (integración se refiere a un proceso de integraciones y desintegraciones sucesivas), consistiría en la continuación del proceso evolutivo sistemático de la mente.

La mente, en tanto que sistema, consistiría en un conjunto de objetos sometidos a interacción y cambio, sometidos a la tendencia al aumento de la entropía del sistema, y de su complejidad, dicho de otro modo, al aumento de la cantidad de información en el sistema, de ahí que a partir de letras se formen palabras, y a partir de palabras frases, etc.

Desde el punto de vista de los objetos abstractos, como las letras, el procesamiento consiste en asociar e integrar letras para ir obteniendo palabras, y, con la integración posterior de las palabras (y del resto de lo que ocurre en el cerebro), ideas, conceptos, estrategias, suposiciones, creencias, sentimientos, etc.

Desde el punto de vista de las neuronas, la mente consiste, por ejemplo, en un funcionamiento neuronal correlativo con lo abstracto (y entre neuronas) de tal modo que tal cosa como el procesamiento de letras sea posible desde el punto de vista de las letras, que son objetos abstractos. Por tanto, la vinculación entre mente y neuronas categorizadas por separado posiblemente sea la de una correlación también.

¿En qué consiste la asociación de objetos mentales?

Asociar objetos consiste en producir sucesiones sistemáticas de ellos.

Que dichas sucesiones sean sistemáticas (al tratarse de un sistema) implica que habrá reglas, en función de las posibilidades del sistema, de modo que las interacciones entre los objetos mentales serán peculiares, habrá un límite en las maneras en las que puedan producirse, lo cual conllevará, entre otras cosas, la heterogeneidad de la información del sistema frente a los demás sistemas, por ejemplo, un lenguaje con palabras distintas (en referencia a palabras distintas entre sí, y ya no digamos si nos referimos a idiomas diferentes), y conllevará patrones reconocibles y peculiares, por ejemplo, en forma de un significado atribuible a un símbolo o a una palabra dada.

La asociación de ideas como parte del pensamiento parece ser que fue intuida por Aristóteles, que hasta infirió unas leyes para la asociación de ideas: contigüidad, homología, etc.

Al hablarse de sucesiones al hacer referencia a la asociación de datos en la mente ya se sobreentiende que la mente utiliza un estilo de trabajo hasta cierto punto ordenado por necesidad, en determinadas escalas, y con un estilo sistemático (heterogeneidad y patrones) que recuerda al de las sucesiones matemáticas.

¿De qué dependerá la asociación de objetos mentales en lo que al correlato neural se refiere?

En lo que a las neuronas se refiere, la asociación dependerá de algunas cosas, por ejemplo, de la facilitación de una vía neuronal con posibilidades por ello de verse implicada en el procesamiento subsiguiente, es decir, de lo preexcitada que esté dicha vía al llegar un estímulo a ella capaz de excitarla, con lo cual responderá con mayor o menor facilidad, y por tanto participará o no en la sucesión sistemática de transmisión de potenciales de acción en curso en esas vías sinápticas.

Y también dependerá de otros factores; por ejemplo, una vía se excitará antes que otra, aparte de si está más facilitada que otra, también si, para una misma velocidad de conducción, es de longitud más corta; ésto último ocurre por ejemplo en el caso de las moscas, que por sistema salen volando antes de poder atraparlas, al reaccionar antes, gracias, entre otras cosas, a que su vía nerviosa visual es más corta que la del ser humano (y quizá también más precisa, si son ciertas algunas investigaciones recientes).

¿En qué consiste la integración de objetos mentales?

Integrar es sumar, y así resultará posible que unas partes dadas constituyan un todo a ciertos efectos con un error despreciable en determinada escala en la práctica. Por ejemplo, la palabra SOL constituye en la mente de cualquiera un todo al efecto de pensar en el sol, que será por ello considerado un solo objeto a simple vista, y a pesar de ser SOL también un solo objeto pero claramente reducible a tres letras.

Esta reducibilidad de SOL se obvia en la práctica al pensar en el sol (se desprecia el error), y en ningún momento se le pasa a uno por la cabeza que SOL sean 3 letras cuando se trata de pensar en el sol, y en ningún momento se entenderá tampoco que SOL corresponda a 3 soles por ello. Del mismo modo cuando se integra la información mental sobre forma, brillo, color, etc. acerca de una bola de billar durante la percepción de una bola de billar, la bola se considera que es un solo objeto, aunque este objeto mental también sea reducible a partes menores (forma, brillo, color, etc.). Se percibe que la bola es un solo objeto, no varios (objeto forma, objeto brillo, etc.). Por supuesto que ésto parece lo más conveniente desde el punto de vista evolutivo también, de ahí que parezca más probable que percibamos así las cosas, por propia selección natural en este sentido, que lo contrario.

Al mismo tiempo, también es despreciable el error que implica el que SOL no sea el sol, sino su representación abstracta.

¿De qué depende el orden en el sistema nervioso?

La efectividad o detectabilidad de un cierto grado de organización u orden en un sistema está mediatizada por su posibilidad y su probabilidad. En el caso del cerebro parece tener que ver en primer lugar con la capacidad de autoorganización de la vida, posiblemente dependiente en parte de la estructuración en subsistemas de manera jerárquica (en la práctica: a diferentes escalas), de modo que unos subsistemas, por ejemplo, las redes neurales (estructuras morfofuncionales macroscópicas), “encierran” o “sostienen” a otros, por ejemplo, los circuitos neurales (estructuras microscópicas), y hacen más probable lo posible pero improbable, que es que haya orden. Según Bertalanffy, el comportamiento sistemático fomenta el aumento de la probabilidad del orden.

Estas peculiaridades del sistema nervioso (estructuración jerárquica en subsistemas, asociación e integración funcional de zonas según facilitación previa, etc.) son las que hace difícil equiparar al cerebro con un ordenador, aunque a veces convenga establecer paralelismos.

¿Qué es un sistema?

Un sistema es un conjunto de objetos interaccionando de modo sistemático, de un modo peculiar, distinto al tipo de interacción entre los objetos de otro sistema.

Un sistema puede depender de la escala de medición, usada para su detección, para poder ser categorizado como sistema por sus propiedades. Por ejemplo, en principio parece que la mente subjetiva sólo es categorizable de este modo a escala macroscópica, pues no parece haber subjetividad a escala microscópica, por ejemplo, no parece posible que un sujeto perciba átomos individuales a simple vista.

Bertalanffy, en su Teoría general de sistemas, define a un sistema como un “conjunto de elementos en interacción”.

Un sistema está formado por ciertos objetos y por las relaciones peculiares entre ellos. Un objeto es lo que un observador determina como objeto. La mente es un sistema también, en el que los que interaccionan son los objetos mentales. Se podría decir, por ejemplo, que la mente es un sistema de establecimiento de categorías en el terreno de la abstracción.

¿Qué es una relación entre objetos?

La palabra relación implica la existencia de una vinculación causal entre los objetos, implica que el principio de causalidad está vigente en ese sistema en ese momento.

¿Qué es una correlación entre objetos?

Cuando en un fenómeno se encuentra una vinculación entre objetos, pero no se encuentra una vinculación causal entre ellos, sino tan sólo dependencia entre ellos, se hablará de correlación, para distinguirlo de una relación causa-efecto.

El encontrar o no vinculación causal en un suceso parece depender también de la escala.

¿Qué es el darwinismo neural?

Diversos investigadores han concebido que la forma de construirse la sintaxis en el cerebro podría estar ocurriendo según un comportamiento de tipo “darwiniano” según su denominación, mediante la competencia entre las neuronas por imponerse al resto. Se lee así en ocasiones la expresión “darwinismo neural”, con diversas acepciones y aplicaciones, también aplicado a la formación de la sintaxis, necesaria para un lenguaje complejo. Uno de los primeros en hacer clara referencia al darwinismo neural fue Edelman, que tituló así uno de sus libros: Neural darwinism (darwinismo neural, que no neuronal).

¿Significan lo mismo neural y neuronal?



El término neuronal se suele reservar para los modelos neuronales, hechos con un ordenador, utilizados por los investigadores de modelos informáticos de inteligencia artificial, mientras que el término neural, que se refiere a neuronas y glía, suele indicar que se está hablando del cerebro vivo, no de un cerebro artificial. En este ensayo, como no se trata el asunto de la inteligencia artificial, el término neuronal se refiere por regla general a las neuronas del cerebro, como el término neural.

¿Cómo influyen los genes en el darwinismo neural?

Con el darwinismo neural de Edelman se trata de describir la vida de un cerebro a lo largo de su existencia, haciendo referencia al modo en que los genes determinan, mediante lo que se conoce como epigénesis (la epigénesis es la forma en que los genes condicionan el desarrollo de un fenotipo –un fenotipo es lo que se desarrolla utilizando unos genes, tanto en referencia a los rasgos físicos de un animal como a su comportamiento-), por ejemplo, con el darwinismo neural se trata de describir la disposición relativa de las numerosas neuronas de un cerebro en desarrollo embrionario.

Dicha disposición neural primera crecerá y se desarrollará de acuerdo con la información genética, y cambiará además en función de la presión del medio, siguiendo con este darwinismo neural, como si el aspecto cambiante de esta trama inicial basada en los genes incluyese gracias a los genes la posibilidad también de cambiar en función de la presión selectiva del medio. Por ejemplo, si se le ofrecen imágenes estimulantes a un bebé, cambiará su cerebro para irse adaptando a esta información, para obrar en consecuencia; de modo que, por ejemplo, si un bebé no crece en sociedad, no aprenderá a hablar.

¿Qué es la reentrada?

Esta idea del darwinismo neural de Edelman incluye, en el cerebro a pleno rendimiento de su potencial, la organización de la actividad neural en grupos neurales, en redes, que además se conectarán entre sí como un todo (red con red) mediante la actividad sináptica de sus partes (las neuronas) según lo que Edelman ha llamado “reentrada” (reentry), es decir, la ida y venida de impulsos bioeléctricos entre redes, modificándose mutuamente unas redes a otras como un todo a ciertos efectos (al efecto de detectar dichos cambios en la escala macroscópica con ciertas técnicas de neuroimagen, por ejemplo), y haciendo posible, entre otras cosas, la experiencia consciente subjetiva, que también es efectiva como un todo.

De modo que la reentrada podría ser una de las piezas clave para la emergencia de la subjetividad.

En esta exposición de la reentrada propuesta por Edelman la reentrada tendría lugar mediante la sincronización de las redes.

La reentrada se considerará en este ensayo una de las piezas necesarias para completar el “puzzle” del correlato de la subjetividad, sin embargo no se considerará a la sincronización la pieza clave que probablemente falta por ser descrita para explicar más a fondo dicho correlato de tal modo que sea inteligible que algo como el yo consciente pueda emerger con efectividad.

¿Es suficiente la representación de objetos en la mente para percibirlos subjetivamente?

Damasio dice en otra parte de su libro, El error de Descartes, que una mera representación de objetos en la mente no llega para ser subjetivamente conscientes de dichas imágenes objetivas, sino que hace falta la subjetividad como característica o propiedad clave de la conciencia. Y éso parece cierto: la subjetividad es la propiedad que otorga, precisamente, subjetividad a, por ejemplo, las imágenes procesadas en el cerebro, de modo que para ser subjetivamente consciente de las imágenes, para que uno pueda percibir como sujeto, como ente único e individual, como un yo consciente en la práctica, además de imágenes y conciencia, o imágenes conscientes, hace falta subjetividad, o, dicho en sentido figurado, un sujeto capaz de percibir conscientemente dichas imágenes como si fuese un yo concreto. Para que haya subjetividad hace falta subjetividad.

¿Qué es un percepto?

Dos objetos mentales sucesivos percibidos como distintos define lo que un percepto es: cada uno de esos dos objetos.

Algunos investigadores cifran en 12,5 ms el tiempo mínimo necesario para que un percepto sea efectivo, al ser el tiempo que han encontrado que es necesario para poder distinguir dos perceptos.

¿Cómo se procesan los objetos mentales?

Quizá Epicuro entrevió que los objetos mentales poseían carácter representativo de la realidad, e isomórfico, pues decía algo así como que al percibir las formas algo de los objetos penetra en uno.

En este ensayo se está considerando que los objetos mentales son los elementos con los que opera sistemáticamente la mente como sistema dinámico, y que dichos objetos son abstractos, dado que una idea mental sobre una manzana (un objeto mental) no es una manzana, sino su abstracción, o trasunto, o representación en la mente mediante su codificación, simbolización, etc.

La mente, como sistema dinámico, implica la interacción sistemática entre los objetos mentales, que consiste en su procesamiento a lo largo del tiempo. Dicha interacción sistemática depende de lo que las neuronas hagan, así que el procesamiento de objetos mentales depende de hecho de cómo procesen las neuronas dicha información abstracta.

¿Son concretos los objetos mentales?

La mente es un proceso, un cambio continuo, por lo que ningún objeto mental llega a quedar en ningún momento aprehendido como objeto concreto de manera estable en lugar alguno del cerebro (todo objeto está “reformándose” antes de llegar a estar “formado” del todo, al estar las neuronas alterando su carga continuamente), así que un objeto consiste estrictamente en el movimiento de sus partes: aunque la imagen de una manzana que uno percibe parezca estable y totalmente formada a escala macroscópica (por ejemplo, porque la manzana que estamos mirando está quieta sobre una mesa), se está “moviendo” en el cerebro sin cesar, no queda fijada en el cerebro en modo alguno en ningún momento, como sí puede quedar quieto un fotograma con la fotografía de esa manzana que se pueda dejar sobre la mesa de un montador cinematográfico.

Wittgenstein dijo que uno no puede representarse ningún objeto fuera de la posibilidad de su vinculación con otros.

Wittgenstein también dijo que los objetos se imbrican unos con otros como los elementos de una cadena (entrelazándose).

¿Cómo se forman los objetos mentales?

Changeaux se preguntó (en su libro: El hombre neuronal) de qué modo, cómo, las neuronas construyen los objetos mentales a partir de los elementos de cada nivel.

De la escala neuronal se ha de pasar a la escala de circuitos, y de ahí a la de redes, donde deberían asentar necesariamente los objetos que se toman por macroscópicos (durante la percepción subjetiva, por ejemplo).

La información cambia también durante la percepción subjetiva, el “contenido” de la percepción, pero la escala efectiva parece la misma todo el rato: la macroscópica confinada.

A simple vista no puede uno darse cuenta de que los objetos que se detectan como objetos, las palabras, las letras, etc., no son objetos concretos, sino abstracciones de objetos, u objetos abstractos, y no puede uno evitar percibirlos como si fuesen objetos concretos, debido en parte al confinamiento en la escala macroscópica.

Para Changeaux, el proceso neural en correlación con la efectividad de la objetividad de los objetos mentales, lo que el denomina “… la formación del percepto primario… (tendría que ver con)… la entrada en actividad simultánea (integración mediante sincronización, según Changeaux), por estas vías múltiples paralelas, de representaciones primarias y secundarias del córtex… en interacciones recíprocas… (que) aseguran la globalidad del percepto”.

Esta idea de la actividad simultánea recíproca es, como se puede ver, un asunto tópico en lo que a la neurona se refiere, es una de las ideas más repetidas, el que las neuronas han de integrarse en todos (redes) que a su vez interaccionen recíprocamente (por ejemplo, mediante la reentrada de Edelman y Tononi) para constituir todos en niveles (escalas) mayores con el paso del tiempo (a lo largo del proceso), y que finalmente emerja la subjetividad.

La idea es lógica, y clara. La cuestión es cómo se produce esto (cómo, no por qué), cómo interaccionarían entre sí las redes durante la emergencia de la subjetividad.

Changeaux, como otros investigadores, opina que mediante sincronización, pero parece ilógico, porque la sincronización lleva a la homogeneidad, mientras que la percepción se ocupa de la heterogeneidad, y una heterogeneidad cambiante, además.

Changeaux afirma ignorar el mecanismo de formación de los objetos mentales, pero cita como sospechoso al “circuito reverberante”, el que va de A a B y de B a A de vuelta (siendo estrictos con los términos no se trataría de un fenómeno de reverberación, que es otra cosa, sino de retroactividad, o reciprocidad… o incluso reentrada, si se quiere). Implica también como sospechosos no sólo a las conexiones intracorticales, sino también a las corticotalámicas, de las que se sabe que incluyen conexiones recíprocas, de ida y vuelta: unos grupos neuronales controlan a otros, y los otros a los unos.

¿Qué es un grafo?

Changeaux dice que el objeto mental se identifica con el estado físico producido por la entrada en actividad correlativa transitoria de una amplia población (o conjunto, según la terminología usada por Hebb) de neuronas distribuidas en varias áreas corticales definidas.

Este conjunto se describe matemáticamente con un grafo, y es discriminado, cerrado y autónomo, pero no es homogéneo.

Por partes: en primer lugar Changeaux habla de actividad neuronal correlativa, que es el modo en el que se está tratando aquí también a la vinculación entre neuronas en actividad en el cerebro, como una correlación, una relación de dependencia, ya que, por ejemplo, en un circuito neuronal, A-B-C, A se relaciona (causa-efecto) con B, pero con C se correlaciona, y en el cerebro hay tantas neuronas y circuitos que las vinculaciones son de correlación a la fuerza en su conjunto, aunque localmente, a pequeña escala, se pueda hablar de relaciones o vinculaciones causales también.

Dicha correlación se tilda además de transitoria, concepto que conviene recordar al hablar del cerebro: el cerebro es un proceso, de modo que todo es transitorio, todo tiene razón de ser en el cambio.

Changeaux hace referencia a la descripción de la correlación, o interacciones, entre neuronas, como un grafo.

Parece ser que un grafo es un concepto matemático, que se usa también en computación (y el cerebro puede ser visto como un sistema de computación en parte), que consiste en un conjunto de objetos, nodos (o vértices), conectados por líneas, aristas (o arcos), con una dirección determinada.

Un grafo es una forma de intuir el aspecto morfofuncional del cerebro. El cerebro como grafo debe satisfacer la necesidad de comportarse de modo que encuentre ese equilibrio entre orden y desorden que se da en la mente.

El concepto de grafo empieza a tener incluso algún enfoque clínico; véase por ejemplo: Ching S et al. Graph theory findings in the pathophysiology of temporal lobe epilepsy. Clinical Neurophysiology 2014; 125: 1295-1305. O véase también: Pastor J et al. Conectividad funcional y redes complejas en el estudio de la epilepsia focal. Implicaciones y fisiopatología. Revista de Neurología 2014; 58: 411-19.

¿Qué son los networks?

Los grafos conocidos como networks son de varios tipos. En unos, las aristas son locales, de una neurona a la contigua, y en su evolución se genera orden. En otros, las neuronas se conectan sólo con neuronas alejadas, y en su evolución sistemática se genera desorden. En un tercer tipo se mezclan ambos, son los small world networks, que combinan conexiones locales con conexiones a distancia, que es lo que posiblemente ocurre entre las neuronas del cerebro, y que precisamente es el tipo de estructura que en su evolución genera orden y desorden a la vez.

El propio Changeaux afirma: “Una de las características del grafo neurónico del objeto mental es tener una organización a la vez localizada y deslocalizada” (en palabras de Atlan, de 1.979: “…entre el cristal/orden y el humo/caos…”).

¿Es el cerebro algo así como un grafo?

Para Changeaux, el cerebro como grafo es discriminado (recortado en el espaciotiempo, definido), cerrado (el cerebro, a determinada escala, y por su autoorganización, se comporta como un sistema cerrado a ciertos efectos, como al efecto de la efectividad de la subjetividad), autónomo (idea que redunda otra vez en la de la autoorganización como base del funcionamiento de los sistemas vivos en general y del cerebro en particular), pero no homogéneo (es lógico, sin heterogeneidad no habría información suficientemente compleja como para que la mente pudiera volverse subjetiva, pues la emergencia, de la subjetividad en este caso, requiere un mínimo de complejidad).

De modo que lo que Changeaux ha intuido sobre la mente parece compatible con lo defendido en este ensayo, salvo por el detalle de la sincronización, que parece hacer difícil la inhomogeneidad necesaria para explicar la subjetividad.

¿Puede una neurona formar parte de más de un grafo?



Changeaux cita a Edelman (1.978) cuando transcribe lo siguiente: “Ésto significa que una misma neurona puede formar parte de diversos grafos de objetos mentales diferentes”. Tanto Edelman como Changeaux están de acuerdo en intuir que el dinamismo del cerebro es tal que ciertas neuronas probablemente serán capaces de, dicho con otras palabras, pertenecer a más de una red neural diferente a lo largo del dinámico proceso de los sucesivos cambios del estado morfofuncional del cerebro por el que se forman y deshacen redes sucesivas.

Esta idea supone en la práctica otro nuevo aumento de la versatilidad informática del cerebro que añadir a lo que ya se ha ido diciendo hasta ahora, y es una idea tan lógica que la han inferido más autores de manera independiente (y a mí se me había ocurrido también), como se irá viendo.

¿Qué es un mapa neural?

El isomorfismo parece necesario para que haya conciencia. Changeaux dice que la semejanza entre la forma del objeto mental y el objeto representado debe basarse en que el grafo neuronal que va a constituir un objeto mental isomórfico dado proceda de un mapa neural.

El concepto de mapa neural es interesante: la información sensorial es distribuida por el cerebro como si de una cartografía se tratara, de modo ordenado espacialmente (aparte de temporalmente). Según la ubicación sensorial de la que proceda la información sensorial, se le da una ubicación espacial dada en el cerebro.

Hay una organización espacial porque, aunque los axones van de un sitio a otro, cada axón no se mueve del lugar que ocupa mientras conduce impulsos, su posición es relativamente estable, y los axones contiguos tienden a ir y venir todos del mismo sitio, dando lugar a nervios y haces. Por ejemplo: la información sensorial sobre el tacto del cuerpo se va repartiendo por la corteza sensorial primaria en el cerebro según va llegando, por orden, de modo que en la corteza literalmente se dibuja un hombre punto por punto, con los pies en un extremo, la cabeza en el otro extremo y el resto del cuerpo en medio (el conocido homúnculo de Penfield).

¿Puede haber percepción subjetiva sin objeto mental?

Changeaux también denomina objetivo a lo subjetivo. Aunque lo subjetivo tenga un carácter subjetivo por ser inaccesible para terceros (según la definición convencional de la subjetividad, que no es la preferida en este ensayo, como ya se ha visto), no por ello deja de ser información objetiva.

Changeaux habla de la aparición de propiedades nuevas conforme se pasa de un nivel de organización a otro en el cerebro, que es una de las ideas centrales del emergentismo. Changeaux demuestra así que, aunque no lo expresa directamente, posiblemente también intuya de algún modo que es el cambio de escala, como se denomina en este ensayo, lo que tiene que ver con la emergencia de la subjetividad, por ejemplo.

En cuanto a Epicuro y su frase: “El alma no piensa jamás sin imágenes”, podría reconvertirse simplemente en: la mente piensa en imágenes. Y podría reenunciarse otra vez como: la mente piensa si piensa en algo, sino, no piensa, o también: no hay sujeto sin objeto, y también: no hay conciencia sin mente, así como no hay subjetividad sin mente, ni mente sin conciencia, ni subjetividad sin conciencia.

Esta frase de Epicuro tal vez haya inspirado a Hegel, que identificó sujeto con objeto, que quizá fue lo que llevó a Schrödinger a concluir que sujeto y objeto son una sola cosa, y si sujeto y objeto (mental) son una sola cosa, el sujeto no es un ente concreto, y por tanto las referencias a la concreción del sujeto, del yo, que se llevan a cabo en este ensayo, se hacen en sentido figurado.

David Bohm escribió que las personas piensan a base de imágenes.

La intuitiva frase de Epicuro es casi axiomática todavía en la actualidad, parece difícil refutarla en su idea fundamental: para ser conscientes, hay que ser conscientes de algo.

Locke decía al respecto que nada hay en el entendimiento que no haya estado antes en los sentidos.

Lustros de investigaciones sobre el cerebro, como las llevadas a cabo por Zeki, no hacen otra cosa que corroborar poco a poco este “corolario” fundamental, mediante comprobaciones de laboratorio, “corolario” que, por tanto, podría ser correcto.

¿Es el yo consciente un objeto consciente?

La información transmitida en las sinapsis da cuenta de la realidad, de un modo consciente, y con significado. Dicha información abstracta, representativa de la realidad, son los objetos mentales, y dado que sirven para integrar comportamientos congruentes a escala con la realidad, y de modo compatible con la realidad (coherentes en el sistema a la vez que con la realidad, es decir, verdaderos al mismo tiempo que la realidad es verdadera a ciertos efectos en determinada escala, y con un error despreciable en la práctica –por ejemplo, una cebra piensa en huir de un león a la vez que un león se acerca para comérsela-), dichos objetos mentales dan cuenta de la realidad, y al ser efectivos como si no fuesen idénticos a su sustrato (se percibe un león, no a unas neuronas percibiendo un león) se puede considerar que son información consciente, objetos reales conscientes, o visto desde otro punto de vista, objetos conscientes de la realidad, y en algunos casos, cuando el objeto es subjetivo, sujetos conscientes de la realidad, un yo consciente.

Cerebro, caos y entropía.

¿Cómo puede haber orden en la mente si el cerebro es un sistema caótico?

En el cerebro un área neural determinada no se dedica a cualquier cosa, sino a ciertas funciones determinadas. Dicho reparto de funciones viene en parte de fábrica, al estar impreso en los genes. Por ejemplo, no hay que aprender a mamar, se nace con dicha función supuestamente impresa en los genes. Ha de haber unos genes que den forma a ciertas áreas neurales para nacer sabiendo mamar, pues no es preciso aprenderlo, o apenas. En cambio, otras funciones neurales deben desarrollarse durante la vida, deben aprenderse, lo cual da una idea de la versatilidad de las redes neurales, en parte “rígidas” (otra forma de notarse el orden) y en parte “flexibles” (otra forma de notarse el desorden inherente al sistema nervioso).

No hay que olvidar que en el cerebro hay, dicho en sentido figurado, una “pugna” entre orden y desorden.

Al ser un sistema suficientemente complejo es posible que presente lo que Bonev denomina “intermitencia”, en su artículo Teoría del caos, lo cual quiere decir que del caos puede surgir el orden y del orden el caos, sucesivamente, incluyendo una alternancia entre irregularidad y periodicidad también.

Parece ser que el cerebro es un sistema caótico pero con tendencia a la estabilidad (aunque se desconoce qué ejercería el papel de atractor extraño en el caso de la mente, o si tal cosa tiene sentido; un atractor es el todo, o el conjunto, hacia el que un sistema tiende a evolucionar al cabo del tiempo, y un atractor extraño es un atractor que resulta impredecible y por tanto propio de sistemas especialmente complejos, y se caracteriza por presentar estructura en todas las escalas).

Los sistemas caóticos se denominan no lineales, y los no caóticos, o deterministas, lineales. De modo que el cerebro es un sistema no lineal.

Hay un trabajo (Coherencia global inducida por ruido o diversidad en sistemas excitables, llevado a cabo por Tessone C. J., Sciré A., Toral R. y Colet P.) según el cual en sistemas excitables (como el neuronal), tomados como “rotores activos globalmente acoplados”, un aumento del desorden a escala microscópica puede tener como resultado a escala macroscópica un mayor orden. Dicho aumento del desorden podría deberse a un aumento del ruido, a la diversidad en las frecuencias naturales, o a una disminución del acoplamiento entre los osciladores implicados, que tanto tienden a sincronizarse, a desincronizarse, como a fluctuar entre ambos estados alrededor de un punto fijo.

¿Cómo se equilibra el orden con el desorden en el cerebro para que la mente sea eficaz?

La versatilidad neuronal a la que se ha hecho mención, y su capacidad de adaptación a una presión ambiental cambiante, se debe a las propiedades de las neuronas, siendo una propiedad importante la plasticidad neuronal. Aunque las neuronas no se reproduzcan en un adulto (como sí lo hacen, por ejemplo, las células de la piel), sí que sus conexiones con otras neuronas “nacen, crecen y mueren” continuamente, éste es el “truco”, de tal modo que, aunque, por ejemplo, la personalidad no se pierda del todo, se pueda seguir aprendiendo. Las neuronas permanecen en lo posible constantes hasta cierto punto, con cierto nivel de estabilidad, de modo que la mente es un sistema caótico, pero no inestable, sino con tendencia a la estabilidad, a ciertos efectos en determinada escala al menos.

Las conexiones, la interacción entre neuronas, poseen un margen de cambio, con un error despreciable en lo que se refiere al mantenimiento de, por ejemplo, la personalidad intacta con el paso de los años: cada uno es siempre la misma persona de un día para otro (o éso cree uno), y al mismo tiempo el margen de cambio en la mente es suficiente para poder adaptarse como individuo al cambiante entorno con eficacia, por ejemplo, para aprender.

¿Tienen algo que ver la termodinámica y el cerebro?

El aumento de la entropía con el tiempo es el enunciado del segundo principio de la termodinámica. La entropía es la medida del desorden de un sistema. El primer principio de la termodinámica dice que la energía no se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma, y también establece la equivalencia entre trabajo y calor. El primer principio fue intuido por Mayer en 1.840 y enunciado en 1.845.

Energía viene del griego, de la palabra ergon, que significa acción. El concepto de energía fue introducido por Young en 1.807.

El primer principio establece que la energía en el universo permanece constante, pero no dice cómo evoluciona en el tiempo; de éso se encarga el segundo principio, que dice que la entropía aumenta con el tiempo.

El segundo principio se gestó en 1.824 en los trabajos de Carnot, que luego fueron difundidos por Clapeyron y Clausius.

Clausius aclaró que el calor no pasa espontáneamente de un cuerpo frío a un cuerpo caliente.

El primer principio es un principio de conservación de la energía, y el segundo principio es un principio de evolución, y ambos han sido comprobados sobradamente. Según este segundo principio, los procesos sistemáticos son irreversibles: una vez que un sistema cambia con el tiempo no puede volver al estado inicial, y el nuevo estado está desordenado en comparación con el estado anterior, así que el desorden, la entropía, aumenta con el tiempo de modo inevitable.

Esta irreversibilidad implica que no se puede ir marcha atrás en el tiempo de manera sistemática: un sistema no se reordena, recuperando su estado anterior (es más, aunque recuperase un estado similar al anterior, no sería el estado anterior, sólo lo parecería; por ejemplo, si tiramos sin querer un jarrón al suelo y volvemos a colocarlo en el mismo sitio, ya no sería el mismo sitio, pues, por ejemplo, el planeta tierra ya no estaría en el mismo sitio).

La entropía aumenta en el universo, que se desordena sin cesar. El cerebro es parte del universo; si se idealiza al cerebro, categorizándolo como sistema termodinámico dentro del universo, en el cerebro se cumple lo mismo que en el resto del universo: es un sistema en el que lo que ocurre es que la entropía aumenta con el tiempo.

¿Es el cerebro un sistema autoorganizado?

El cerebro se autoorganiza, es decir, funciona como si su dinamismo dependiese de su propia energía, como si fuese un sistema termodinámico cerrado en la práctica en determinada escala con un error despreciable. Es un sistema vivo, por tanto autoorganizado, de modo que localmente parece reducirse la entropía (neguentropía) en determinada escala, pues aumenta el orden a ciertos efectos, por ejemplo, se edifica la estructura morfofuncional del cerebro de modo organizado a escala neuronal, a escala de red, etc. (recuérdese, por ejemplo, la somatotopía).

Pero en todo momento en que la autoorganización ocurre el cerebro irradia calor, no es un sistema cerrado a todos los efectos, por lo que en el cómputo global, a pesar de esa autoorganización aparente, efectiva a ciertos efectos con un error despreciable en la práctica (por ejemplo al efecto de que tenga lugar la somatotopía), dicha irradiación de calor, fruto, por ejemplo, de la oxidación de la glucosa en las neuronas, supone que la entropía aumenta de hecho, aunque nos parezca lo contrario, aunque nos parezca que no es un sistema abierto, a ciertos efectos en determinada escala y con un error despreciable en la práctica (por ejemplo, al efecto de que intuitivamente nos parezca que el solipsismo podría tener sentido).

Lo que pasa es que la continua entrada de glucosa en el cerebro y la alta tasa de oxidación garantizan que la producción y la pérdida de calor se compensen, dando la impresión de haber autoorganización a ciertos efectos, por ejemplo, al efecto de lograrse un isomorfismo en la representación mental de la realidad.

¿Cómo es que hay orden en el cerebro, si su entropía aumenta?

Clausius acuñó el término entropía en 1.854, con el significado del contenido de transformación de un cuerpo.

Según el segundo principio de la termodinámica, para todo sistema cerrado (y el cerebro puede ser tomado como sistema cerrado a ciertos efectos con un error despreciable en la práctica, a escala macroscópica confinada, es decir, a simple vista) la entropía no aumenta si la transformación del sistema es reversible, de lo contrario, aumenta en busca del equilibrio.

En el cerebro, la entropía aumenta, pero a escala macroscópica confinada no se percibe del todo, por ejemplo, el yo consciente persiste efectivamente en forma de yo consciente mientras esté teniendo lugar la percepción subjetiva, de modo que la experiencia consciente transcurre con cambio, pero como si la entropía aparentemente no aumentase a efectos de la subjetividad, como si la mente fuese un sistema cerrado a ciertos efectos, por ejemplo, al efecto de la percepción subjetiva, de la efectividad del yo consciente, lo cual hace posible la percepción consciente a escala macroscópica confinada, pues hace posible que el cambio (entropía-desorden), sea efectivo a gran escala como información-orden, con lo cual, el aumento del desorden es efectivo como aumento de orden, como organización, como aumento de la información (abstracta) en el sistema, como mente.

La información es la inversa de la entropía, la entropía es la medida del aumento del desorden, y la información la medida del aumento del orden.

Mediante el cambio de escala es posible la percepción subjetiva a escala macroscópica de manera continua, sin que a escala macroscópica confinada cambie el carácter subjetivo de la percepción subjetiva a pesar del cambio en el contenido de la mente durante el proceso mental subjetivo.

¿Cómo afecta la flecha temporal al cerebro?

Esta descripción “termodinámica” del cerebro es posible porque el cerebro está sometido a la vinculante flecha temporal que se tiene en cuenta tomando sistemas grandes (grandes conjuntos de interacciones), que en conjunto, como un todo, se caracterizan por evolucionar invariablemente del pasado al futuro, hacia el aumento del desorden.

Supóngase (en sentido figurado) que el universo fuera una sopa de letras (partículas elementales en la “sopa” del vacío). En tal caso la expansión del universo y el movimiento sistemático de las partículas (de acuerdo con las fuerzas electromagnética, gravitatoria, nuclear fuerte y nuclear débil) conllevaría que en la sopa de letras se fueran formando grupos desordenados de letras al remover con la cuchara en la sopa. Las palabras parecen a simple vista orden que surge en el seno del desorden (parecen tener sentido, y de hecho lo tienen a ciertos efectos en la práctica y con un error despreciable en determinada escala), pero es un orden aparente, porque curiosamente las palabras se forman al desordenar las letras, no al ordenarlas. Algunos grupos de letras serán palabras que a un observador de grupos de letras le parecerán orden dentro del desorden, al tener la forma ordenada esperada: de palabras. Pero dichas palabras serán en el fondo otro modo de desordenarse las letras en la sopa de letras.

Los sistemas autoorganizados, como los sistemas vivos (sistemas que aparentan ser cerrados a ciertos efectos) pueden provocar un aumento local de la tasa de formación de palabras en la sopa de letras (en sentido figurado). Pero en ningún plato de sopa deja de aumentar la entropía, aunque parezca un sistema cerrado, ya que, por ejemplo, todo plato de sopa humea, todo plato se enfría, todo plato irradia calor al resto del universo.

El cerebro también es un sistema local, es otro plato de sopa de letras (en sentido figurado). Y el cerebro irradia calor todo el rato, oxida la glucosa que toma del exterior para formar palabras e irradiar calor.

El cerebro estrictamente no es un sistema cerrado (sólo lo parece a ciertos efectos), y estrictamente la entropía aumenta con el tiempo en todas partes, en el cerebro, también.

Para que un sistema quebrantase la segunda ley, todas las letras del plato tendrían que hacer algo así como formar palabras del diccionario, algo imposible, al ser la flecha temporal vinculante. En todo caso habrá letras que no formen palabras conocidas, es decir, en todo caso habrá irradiación de calor al medio.

Los sistemas vivos consiguen generar mucho orden local, más palabras de lo esperado en la sopa de letras, por su peculiar forma de evolucionar sistemáticamente (por ejemplo, por su autoorganización en niveles, molecular, celular, etc.; por intervención de la conveniencia evolutiva, etc.), de modo neguentrópico. La existencia de catalizadores bioquímicos (enzimas) tiene que ver también con esta peculiaridad. Pero todo ello sigue siendo desorden, no obstante.

¿Cómo se interpretó a escala microscópica el aumento de entropía?

Boltzmann, en 1.877, dio la interpretación microscópica del aumento de entropía, explicando que el aumento de entropía en un sistema, y la irreversibilidad de su evolución, consistía en una evolución desde un estado más ordenado a uno menos ordenado de las partículas del sistema. Para esta explicación necesitó inventar el concepto de entropía estadística, de modo que en vez de recurrir al concepto del calor del sistema, recurrió a hablar de los microestados del sistema, del estado o probabilidad de la ubicación espaciotemporal de cada elemento del sistema.

¿Cuáles serían los microestados del cerebro como sistema?

El cerebro también está formado por un elevado número de elementos, las neuronas (que son elementales y fundamentales desde un punto de vista macroscópico, dentro de un margen de error aceptable a ciertos efectos) y sus estados: potencial de reposo-potencial de acción, carga-descarga (hasta cierto punto, recuerda a un sistema digital de ceros y unos).

El estado de una neurona en la práctica es un continuo entre la carga y la descarga en determinada escala, pero al existir la sinapsis es posible la discontinuidad también en la práctica a ciertos efectos, como intuyó Ramón y Cajal, por ejemplo, es posible establecer una dicotomía entre carga y descarga, y algo así como una “digitalización” de la transmisión de la información a través de las sinapsis, de modo que los microestados del cerebro son los microestados de las sinapsis, las cuales, o están transmitiendo, lo que serían unos, o no están transmitiendo los unos, es decir, verificándose ceros.

La transmisión en este sentido es “cuántica”, por decirlo de algún modo, pues se cuantifican algo así como ceros y unos.

Además, los dos estados de las sinapsis, al ser posibles, dependen también de una probabilidad, es decir, de la detectabilidad determinable con algún parámetro en una ubicación precisa de la dimensión espaciotemporal, dependen de la comprobación del estado posible.

En 1.877 Boltzmann definió la entropía como el número de estados microscópicos distintos en los que pueden hallarse las partículas de un trozo de materia de manera que siga pareciendo el mismo trozo desde un punto de vista macroscópico. Extrapolando esta descripción al cerebro, pues resulta que el cerebro, que es un objeto macroscópico, también cambia de estado, al cambiar de estado sus elementos constituyentes, las neuronas, por ejemplo, que son objetos microscópicos. Aunque el cerebro cambie de estado en la escala microscópica, en la escala macroscópica sigue siendo el mismo cerebro a ciertos efectos (por ejemplo, al efecto de la estabilidad del yo, por ejemplo, al efecto de la estabilidad de su continuidad dentro de un margen de error aceptable en la práctica, es decir, de manera convincente en su ilusoria apariencia en la práctica), lo cual se refleja, por ejemplo, en que de un momento a otro, en la práctica, la experiencia consciente subjetiva, que es macroscópica y confinada, no cambia, sigue siendo subjetiva, sigue siendo un mismo yo el que (en sentido figurado, aunque sea así como uno lo percibe ilusoriamente) ejerce de “espectador” de una realidad cambiante ante sí, y ésto es así aunque el cambio de estado sea apreciable también a escala macroscópica, pues el contenido mental de la subjetividad va cambiando sobre la marcha, como al ir leyendo estas palabras. La consecuencia, en la práctica, es que el sujeto cree ser todo el rato el mismo espectador macroscópico, y único e individual, de una realidad cambiante.

El sujeto cree ilusoriamente que es la realidad la que cambia ante él, no él con la realidad tal como la mente la va representando. El cerebro no cambia tanto a escala microscópica como para que se note a escala macroscópica que el sujeto no es algo concreto, sino el mismo proceso de cambio observado desde otro punto de vista con menos resolución (el punto de vista macroscópico confinado, evidentemente). El hecho es que el sujeto sí cambia con la realidad, y por tanto la concreción del yo, y por ello la propia esencia de nuestro ser, no sería más que otra convincente ilusión.

¿Cómo se autoorganiza el cerebro?

En el cerebro en particular, y en los sistemas vivos en general, el orden emerge en la escala microscópica (escala celular) y también en la escala macroscópica (la escala del espécimen pluricelular de gran tamaño).

A finales del siglo 20 se demostró que era posible, localmente, pasar de un estado menos ordenado a uno más ordenado sin contradecir el segundo principio. La aportación de Prigogine fue fundamental para entender la posibilidad de esta situación característica de los seres vivos en particular, seres caracterizados por esta capacidad para la autoorganización.

Para entender tanto orden local, como el de la mente, por ejemplo, no bastaba con entender que a pesar del ordenamiento local el desdorden general seguía aumentando. Para entender estos fenómenos se requería, según Prigogine, que localmente aumentase la entropía, justo alrededor del foco que se ordenaba, más que el aumento de entropía media del entorno.

Este requisito parece que se cumpliría en el caso del cerebro, dada la gran tasa de irradiación de calor. Al enfriarse a tanta velocidad se justificaría su gran orden local. El continuo aporte de glucosa y su gran tasa de oxidación (que produce calor) permite que el cerebro durante un tiempo (una vida, por ejemplo) mantenga su temperatura constante, y suficiente para la vida, al lograrse temporalmente un equilibrio entre lo que se enfría y lo que se calienta, entre el calor que genera y el que pierde.

El mecanismo molecular para lograr este equilibrio es complejo, y relativamente costoso (se necesitan muchas kilocalorías al día para sostener esta situación; el 25% de la energía del cuerpo es consumida por el cerebro, que supone el 2% del peso del cuerpo en comparación) y se acopla a diversas escalas (lo cual constituye una termodinámica no lineal).

Un sistema en equilibrio tiene menos posibilidades para generar tanto orden, orden que ocurre preferentemente en sistemas alejados del equilibrio, que permiten impulsar una evolución constructiva del sistema.

¿Cómo se obtiene la información?

La información es una medida del desorden, es la inversa del desorden, según definición de Shannon.

Para determinar la inversa del desorden parece ser que es preciso un observador que haga la operación, que mida el desorden.

En el caso de la subjetividad, el observador es la propia observación, dado que sujeto y objeto mental probablemente son una sola cosa.

La información aparece cuando los elementos de un sistema se ordenan, lo cual ocurre cuando la entropía permanece constante o disminuye, para lo que se requiere la presencia de un observador, de algo que interaccione con el sistema actuando como observador del sistema.

Una interacción es una medición, un cambio transmitido de un objeto a otro; si el objeto A interacciona con el objeto B, el cambio en B es una medida de A; lo que pasa es que al medir a B también se cambia a B, por lo que la medida que se obtiene de B ya no es lo que B es, sino lo que era.

¿Es la mente un ente material o inmaterial?

El cerebro, definido como sistema con entropía, encaja dentro de la descripción de Boltzmann de la entropía. A pesar de los cambios microscópicos en el cerebro, la subjetividad sigue siendo una experiencia macroscópica, única, individual y confinada de manera estable a lo largo del proceso. Por tanto, si la mente, lo que el cerebro hace con la información abstracta, no fuese un proceso físico sistemático, por ejemplo, materia, energía e información, difícilmente sería posible definir la subjetividad de este modo.

¿Qué es el orden?

De acuerdo con la definición de Shannon y Weaver, de 1.949, en su libro The mathematical theory of communication, la información es una interacción entre objetos y un cambio de sus estados, que implica una comunicación de dicha información; y la información es la medida de la inversa de la entropía en el sistema constituido por objetos e interacciones.

La inversa de una magnitud es otra magnitud… pero inversa, lo cual supone, desde un punto de vista intuitivo, cambiar el punto de vista. Por ejemplo, si se toma un círculo, el radio es una línea recta entre el centro y la circunferencia. Pues bien, la inversa del radio, que es una magnitud dada, curiosamente es la medida de la curvatura de la circunferencia en el punto en el que el radio toca a la circunferencia, que no es más que otra magnitud dada alcanzada por otro parámetro. Dado el radio r, la curvatura de la circunferencia, c, no sólo es proporcional al radio (a más radio, menos curvada será la circunferencia, y viceversa) sino que su relación es c = 1/r que es exactamente la inversa del radio.

Con la entropía y la información ocurre algo parecido, la información es la inversa de la entropía. Si la entropía es la medida del desorden de un sistema, la información es la medida del orden del mismo sistema desde el punto de vista de un observador. Por tanto, la información, el orden, no deja de ser más que otra forma de desordenarse el sistema, con apariencia de orden desde cierto punto de vista, y desde ese punto de vista parecerá orden (mente, por ejemplo) porque se habrá consumido energía para que parezca que se ha ordenado (se ordena al observarlo porque para el proceso de observación se invierte energía, por ejemplo, glucosa, en el caso del cerebro).

¿Es la mente un sistema cerrado?

El sistema mente (el conjunto de los objetos mentales y sus interacciones) no es cerrado, sólo lo parece a ciertos efectos con un error despreciable en la práctica, pues es parte del cerebro, que no es un sistema cerrado a todos los efectos.

¿Cómo surge el orden en el cerebro?

El orden aparece en el cerebro, por ejemplo, cuando desde cierto punto de vista se mide el sistema como si fuera cerrado, despreciando la energía que pierde el sistema (el calor irradiado por el cerebro, calor que no es computado por las neuronas mientras piensan), y considerando que las interacciones entre los elementos del sistema son categorizables como formas emergentes en el sistema, es decir, información (o adopción de una forma por un sistema dinámico durante su evolución).

Si el universo fuera una sopa de letras, las formas serían las palabras que se formaran al desordenarse el sistema, y que por su aspecto regular le parece orden a un observador capaz de darle importancia a dicha información en forma de palabras, por ejemplo, al creer que entiende su significado, lo cual es posible para el observador por el hecho de moverse en ciertas escalas que hacen posible la percepción de la efectividad de las palabras como formas ordenadas y con significado (además, como la selección natural se ha “encargado” de que haya congruencia entre las palabras de la sopa de letras que en sentido figurado es el cerebro, y las palabras de la sopa de letras que es el mundo, esta ilusión de acuerdo con la cual el sujeto cree que entiende lo que observa se completa, pues para un observador, por conveniencia evolutiva, no hay duda de que un tigre es un depredador peligroso, por ejemplo, cuando no es más que un montón de partículas elementales sometidas al aumento de entropía, como parte de un universo en expansión que se enfría y poco más, independientemente de lo que transitoria e intrascendentemente parezca que el tigre está haciendo a escala macroscópica).

Cuanto más neguentrópico el sistema (cuanto más alejado del equilibrio), más neguentrópico será y más palabras se formarán, y si es más neguentrópico todavía, si irradia más calor, las palabras incluso formarán conceptos con sentido, frases, y así sucesivamente hasta llegar a un equilibrio.

El equilibrio se alcanzaría cuando las letras estén tan separadas como para no poderse formar más palabras en el futuro desde el punto de vista de cualquier observador, que en el caso del cerebro humano equivaldría, por ejemplo, a la extinción de la especie humana.

¿Influye la escala a la hora de surgir el orden en un sistema?

Las microscópicas gotas de una nube pueden adoptar determinadas formas emergentes a escala macroscópica, al interaccionar entre sí, es decir al cambiar sus posiciones relativas en el seno de la nube, forma de osezno, de oveja, de ferrocarril, incluso de nube, etc. Las microgotas de una nube no son partículas elementales, electrones, neutrinos, quarks, y sus respectivos bosones, y sin embargo las microgotas pueden comportarse como si fuesen los elementos fundamentales de la forma de osezno u oveja de la nube desde el punto de vista de un observador a simple vista, pues desde esta escala macroscópica los oseznos se reducen a microgotas de hecho en la práctica con un error despreciable.

De manera análoga, las microscópicas neuronas, que tampoco son partículas subatómicas elementales, a partir de sus interacciones, a partir de la forma del caleidoscópico dibujo tejido en las sinapsis en función de si están en reposo o activas, adoptan formas, por ejemplo, desde el punto de vista de la dimensión espacial, adoptan la forma somatotópica de la distribución del estado de la sensación del tacto por el cuerpo, o la forma de las imágenes por retinotopía, y se adoptan y cartografían otras formas más abstractas, como frases, imágenes e incluso conceptos más abstractos con los que se piensa de manera más abstracta, ideas con formas tan abstractas que a partir de cierto punto ya ni se acompañan de imágenes, sonidos, ni demás propiedades organolépticas, y que sin embargo de algún modo “fantasmagórico” están ahí patentes aunque casi ni lo parezca, todo lo cual no deja de ser otra cosa que cierta manera de asociarse e integrarse la actividad neural.

¿Qué es la metaestabilidad?

En cuanto a la heterogeneidad del cerebro, al diverso grado de actividad que presenta cada neurona en comparación con las demás en cada momento en que se considere dicha actividad, ya se ha dicho que se considera algo obligatorio para que el cerebro responda a la complejidad de su tarea con éxito desde el punto de vista de la evolución.

Al contemplar con perspectiva lo que se supone que se sabe sobre anatomía morfofuncional del cerebro, se observa que la información viaja por circuitos paralelos, que confluyen o convergen en diversos puntos, con lo que la información se asocia para integrarse en esos puntos. Y en dichos puntos la información divergirá otra vez, para reintegrarse y desintegrarse más allá una y otra vez, tejiéndose un proceso de gran complejidad.

No hay que confundir este equilibrio entre integración y desintegración, que tiene que ver con la heterogeneidad del sistema, y con su complejidad y posible adaptabilidad a un entorno así mismo complejo y cambiante, con el equilibrio entre la predecibilidad y la impredecibilidad del comportamiento neuronal, también necesario para la adaptabilidad al entorno cambiante e impredecible.

El equilibrio entre integración y desintegración se diría que tiene valor en una escala cada vez (tiene que ver, por ejemplo, con lo que se observa que hacen las neuronas a escala microscópica), mientras que el equilibrio entre predecibilidad e impredecibilidad da la impresión de depender del cambio de escala en el sistema, y por tanto tendría que ver con la emergencia de la estructura en red y con la efectividad de la mente como gestora de la actividad del individuo macroscópico de manera congruente en la escala macroscópica.

Esta mezcla equilibrada entre integración y desintegración de los elementos de un sistema dinámico se conoce como metaestabilidad, y explica que el cerebro sea eficaz como cerebro para algo tan básico, por ejemplo, como que los ojos puedan dirigirse, ambos, en un momento dado, hacia la derecha, y al momento siguiente hacia la izquierda; a ésto se refiere esta idea de la metaestabilidad.

¿Es el cerebro un sistema completo (que no se debe confundir con complejo)?

El complejo comportamiento neuronal se basa en la capacidad de autoorganización de los sistemas vivos.

Los sistemas vivos, como pueda ser el caso del cerebro considerado como sistema, o como subsistema dentro del sistema nervioso, son sistemas termodinámicos abiertos, toman energía del entorno y desprenden energía al entorno, de modo que su evolución, incluida la complejidad de sus estados, así como la posibilidad de un aumento de esa complejidad con el paso del tiempo, como es el caso del cerebro, dependen de la entrada de energía desde fuera del sistema, por ejemplo, del aporte de glucosa al comer.

Pero, a ciertos efectos, por ejemplo, en cierta escala, el cerebro se comporta, con un error despreciable en la práctica, como si fuese un sistema cerrado, lo cual hace posible esa percepción de la realidad como si uno fuese un espectador individual de la misma.

La autoorganización hace posible que a ciertos efectos el sistema abierto que es el cerebro dé la impresión de ser un sistema cerrado, dando lugar a situaciones ilusorias, como la del solipsismo, o doctrina según la cual la mente subjetiva sería un ente concreto en esencia o a todos los efectos.

Un objeto es lo que un observador determina como objeto. La mente es un sistema de categorización de objetos en el terreno de la abstracción, y los objetos mentales son los elementos (las partes elementales) de la mente tomada como sistema.

Un sistema completo sería aquél cuya secuencia de interacciones peculiares convergiese o continuase en todo caso en otro elemento del sistema.

Éste no es el caso del cerebro a pequeña escala, pues las neuronas se continúan con el exterior; por ejemplo, toman glucosa del exterior, y por otro lado emiten al exterior fotones de radiación infrarroja, calor (de nuevo surge otra analogía, quizá sin sentido también, pero que es evidente en este caso, pues estas ideas recuerdan a las del teorema de incompletitud de Gödel).

Pero, a gran escala, la mente puede ser considerada un sistema completo a ciertos efectos en la práctica con un error despreciable, por ejemplo, a efectos de achacar a un sujeto concreto sus propios pensamientos, y no a un proceso en cadena que empieza y termina en el entorno siendo el sujeto uno de sus eslabones.

Esta posibilidad da pie por tanto al solipsismo, pero sólo es una ilusión que depende en definitiva y fundamentalmente de la capacidad de autoorganización de este organismo en particular y de la incapacidad de darse uno cuenta desde la escala macroscópica, por falta de resolución, de la multiplicidad de elementos implicados en la efectividad del yo (de ahí el interés en averiguar cómo podría tener lugar este cambio de escala y el confinamiento en dicha escala).

¿Impide la incompletitud del cerebro el cambio de escala en el sistema?

La incompletitud del cerebro (el que no sea un sistema completo) impide al cerebro ser un sujeto concreto en esencia, o a todos los efectos, pero no le impide ser un sujeto consciente con un error despreciable en la práctica a ciertos efectos, a simple vista, como si fuera concreto al menos a simple vista, pues la incompletitud no impide el cambio de escala (no impide la percepción a escala macroscópica confinada mediante la actividad funcional de un sistema cuyos elementos fundamentales son piezas microscópicas, las neuronas), y, por tanto, no impide que la concreción del sujeto, aunque ilusoria, sea efectiva como tal a escala macroscópica confinada con un error despreciable en la práctica.

¿Cómo se logra la ilusión del solipsismo?

Una de las maneras por las que ocurre la ilusión del solipsismo, por ejemplo, en un caso práctico, una de las maneras por las que la percepción de la realidad mediante el lenguaje es completa, a pesar de ser el lenguaje un sistema incompleto (toda palabra se define con otras palabras, por lo que hay palabras las cuales finalmente quedan sin definir), probablemente consista en integrar la descripción de la realidad, verificada mediante el lenguaje con palabras, con la descripción de la realidad verificada mediante sensaciones (por ejemplo), de modo que la incompletitud de las palabras queda completada suficientemente con la información extra que aportan, por ejemplo, las sensaciones. Mediante este tipo de mecanismos se lograría una completitud efectiva a ciertos efectos en la práctica en el caso de la mente.

¿Es el cerebro una estructura disipativa?

La autoorganización de los sistemas vivos es un asunto crucial en biología. La autoorganización conlleva orden, regularidad, estabilidad, principios posiblemente necesarios para tener éxito en la lucha por la supervivencia tal como ésta transcurre. Tómese por ejemplo el carácter regular del comportamiento de una neurona: de modo regular, una y otra vez, se verifica que, o descarga un impulso bioeléctrico, o no lo descarga, y la descarga la lleva a cabo de un modo estereotipado, lo cual hace posible que, a pesar del desorden, sea posible la efectividad de cierto orden en el sistema nervioso ya a escala neuronal, es decir, microscópica. A escala microscópica hay un patrón de comportamiento estereotipado, estable y constante (y por ello “aprovechable” a escala macroscópica), hasta cierto punto periódico e incluso predecible con un margen de error aceptable, a pesar de la impredecibilidad fundamental (y así predecir hasta cierto punto lo que va a ocurrir a escala macroscópica y poder actuar en consecuencia, por ejemplo).

Esta periodicidad, este carácter oscilatorio de la actividad neuronal, tiene que ver con el tipo de sistema dinámico al que corresponde el cerebro.

Prigogine propuso que no puede haber oscilaciones (periodicidad) en un sistema termodinámico cerrado, sino sólo en uno abierto que continuamente esté intercambiando energía con el exterior del sistema, como es el caso del cerebro.

Además, un sistema dinámico capaz de este grado de orden debe estar en un equilibrio homeostático, lo que se conoce en fisiología como un desequilibrio estable, que es lo que Prigogine llamó “estructura disipativa”.

¿Qué es la complejidad?

Prigogine señaló que este tipo de sistemas abiertos con periodicidad deberían ser no lineales en las relaciones entre fuerzas y flujo, y éstos precisamente son los sistemas que exhiben el fenómeno del caos.

El caos es la forma de desordenarse (u ordenarse, según el punto de vista) un sistema dinámico, y conlleva la impredecibilidad como característica propia, así como el aumento de la complejidad.

Complejidad quiere decir que el estado siguiente será distinto al anterior, lo cual incluye también la irrepetibilidad o carácter no ergódico del sistema.

La complejidad se debe al aumento del desorden o entropía en el sistema.

También se puede entender la complejidad como el aumento de estados del sistema, tanto en cantidad como en tipos de elementos (y por tanto de interacciones), y puede deberse a la incorporación de la energía que entra en el sistema en forma de elementos, como al llenar de agua una piscina, al cambio de las interacciones entre los elementos del sistema, o a ambos, como en un caleidoscopio, o en el cerebro.

Estas ideas que se están barajando también deben gran parte de su contenido a la cibernética de Wiener.

La complejidad podría estar detrás (o quizá no) de la impredecibilidad fundamental, denominada hoy caos, que se aprecia en la escala macroscópica, y también detrás de que algunos fenómenos macroscópicos sean predecibles y otros impredecibles (independientemente de la cantidad de información disponible, como ha apuntado Aguilar).

Según Gustavo Bueno la idea de impredecibilidad habría permitido exponer la existencia de dos fuentes de indeterminación o incertidumbre, una la propia de la mecánica cuántica y la otra esa impredecibilidad a gran escala que no tendría que ver con el principio de Heisenberg (y la analogía entre ambos sería por tanto otra analogía sin sentido, tal vez).

¿Qué tipos de sistemas dinámicos hay?

Hay dos tipos de sistemas dinámicos, los lineales (predecibles) y los no lineales o caóticos (impredecibles).

¿Qué es un sistema dinámico lineal?

Los sistemas lineales (deterministas) son aquellos en los que el todo es igual a la suma de las partes, por ejemplo: 1+1=2.

¿Qué es el principio de superposición?

Los sistemas lineales se rigen por el principio de superposición, según el cual, si se conocen dos soluciones (dos estados posibles en el futuro) para un sistema dinámico lineal, la suma de ellas es también una solución.

¿Qué reglas rigen a los sistemas lineales?

Según parece, los sistemas lineales siguen dos reglas: la de aditividad y la de homogeneidad. Parece ser que, por ejemplo, los espacios vectoriales suelen permitir el uso del álgebra lineal.

¿Qué es un sistema no lineal?

Un sistema no lineal no está sujeto al principio de superposición, así que el todo no es igual a la suma de sus partes.

¿Qué tipo de sistema dinámico son los seres vivos?

Los sistemas vivos son no lineales, el cerebro incluido. Por ejemplo: la percepción consciente de la sensación de frío no se puede explicar como la suma algebraica de los trenes de potenciales de acción correspondientes a dicha sensación.

Ésto no quiere decir que el yo y sus peculiaridades sean algo mágico, incomprensible o inexplicable; lo que quiere decir es que el cerebro es un sistema no lineal, y por tanto el yo ha de tener una explicación, aunque sea contraintuitiva.

¿Es la subjetividad un fenómeno propio de un sistema no lineal?

En el cerebro ocurre algo para que la percepción de la sensación de frío sea un todo, y no sea reducible a sus partes, sino que emerja con propiedad (y con efectividad sólo a escala macroscópica al ser emergente, es decir, el yo no es misterioso, es emergente). Dicha propiedad es la de la subjetividad: para que la percepción del frío sea efectiva, para que la frialdad sea efectiva, ha de ser subjetiva, de lo contrario no será un todo (y si no es un todo no podrá ser frialdad).

De modo que en el cerebro ocurre algo especial, y ese algo es, en principio, no lineal, es decir, propio de un sistema vivo, posiblemente, un proceso no sólo físico, sino además meramente biológico.

¿Tiene que ver la no linealidad con la emergencia de propiedades en un sistema?

La no linealidad implica por un lado la posibilidad de la injerencia del caos, la impredecibilidad, en un sistema dinámico, y por otro, la posibilidad de ser el todo mayor que la suma de sus partes, es decir, la aparición o emergencia de propiedades imprevistas, imprevistas porque no se explican por la suma de las partes constituyentes a las que se reduce el todo (se explican por la interacción de las partes).

Con el término emergencia se hace referencia, por tanto, a las propiedades de un sistema que no son reducibles a las propiedades de sus elementos.

La emergencia de propiedades en un sistema dinámico no lineal tiene que ver con la complejidad del sistema, por lo que probablemente haya un umbral de complejidad a partir del cual la emergencia, de lo que sea que pueda emerger, será posible.

La emergencia de propiedades no es fruto de la magia (recordemos que la energía no se crea ni se destruye), sino que simplemente se trata de sistemas abiertos, es decir, ese “más” que es el todo frente a las partes, probablemente viene “de fuera” (en forma de la glucosa que hará posible que se verifiquen las interacciones entre neuronas, por ejemplo), por éso sería posible.

¿Qué es el equilibrio homeostático?

Cuando se habla de equilibrio en biología, por ejemplo, en el cerebro, hay que tener en cuenta que no se hace en referencia a un punto de equilibrio en el que se encuentren millones de neuronas en ese instante y que serviría para explicar el carácter unitario del sujeto.

El yo consciente, las neuronas integradas en una red subjetiva, no están en un estado fijo al que llamar punto de equilibrio, pues la mente es cambio, ya que si cesa el cambio, la actividad sináptica, el cerebro deja de ser mente.

Las neuronas son células vivas. La vida no significa equilibrio, sino “búsqueda” del equilibrio, o tendencia hacia el equilibrio. El equilibrio es una abstracción ideal, un punto ideal hacia el que tiende la naturaleza, pero que no se alcanza en la práctica, sino que se pasa de largo a través de él una y otra vez, pues la naturaleza es dinámica, cambiante, y no permite permanecer de manera estable en dicho punto ideal.

El equilibrio no consiste en permanecer en dicho punto utópico, sino en tender hacia él: se trata, por tanto, de lograr una estabilidad en dicha tendencia, no en alcanzar ese punto inalcanzable.

En la práctica, si la oscilación alrededor de dicho punto utópico es indetectable por falta de resolución, la oscilación parecerá de hecho un punto a ciertos efectos, por ejemplo, si la temperatura corporal oscila en unas cuantas milésimas de grado en cada instante, y si el termómetro no mide en milésimas de grado, sino hasta las décimas de grado, por ejemplo, la temperatura objetivamente parecerá a simple vista estar en equilibrio en un punto fijo al medirla en un momento dado (y de nuevo que las cosas ocurran así es conveniente en la práctica, aunque tales consideraciones sobre la temperatura se basen en el fondo en la falsedad y el error).

¿Qué son la regulación y el control?

Los sistemas se ajustan al dirigirse al equilibrio por el aumento de entropía, pues bien, en fisiología al ajuste inconsciente se le llama regulación, y al consciente, el llevado a cabo por el sistema nervioso, por la mente, se le llama control.

¿Tiene que ver el cambio de escala con el punto de equilibrio?

En la naturaleza en general, y en la vida en particular, el equilibrio consiste por tanto en un desequilibrio estable. Como se acaba de ver el organismo consigue mantener una temperatura constante y estable entre 36 y 37 grados centígrados a base de compensar la pérdida de calor corporal con la generación de calor corporal, en un “ejercicio acrobático interminable sobre la cuerda floja”. A simple vista, a escala macroscópica y confinada, esa oscilación de milésimas de grado que se produzca en cada instante no es percibida con la resolución empleada a simple vista para medir la temperatura (el termómetro), que no ajusta hasta las milésimas de grado. Por ello, a simple vista el error en la posible medición por dicha oscilación alrededor del punto de equilibrio ideal (equilibrio ideal que puede rondar los 36,5 grados centígrados) es despreciable en la práctica, de ahí que a simple vista (a escala macroscópica confinada) parezca ilusoriamente que el equilibrio (36,5º C) es un punto en el que se estabiliza la temperatura, no una tendencia. Es, otra vez, una cuestión de cambio de escala y confinamiento.

¿Qué tiene que ver la subjetividad con el cerebro en tanto que sistema no lineal?

Un observador subjetivo no deja de ser otra cosa que un conjunto de sistemas no lineales, más o menos complejos, de medición, o lo que es lo mismo, unos sistemas que cambian en cierta medida. La percepción consciente y subjetiva de la realidad no deja de ser otra cosa que un sinfín de magnitudes (que dan cuenta de los cambios en los estados de actividad neuronal), correspondientes a múltiples sistemas de medición.

Por la propiedad de la subjetividad algunas de esas magnitudes físicas son efectivas con aspecto puntiforme con el cambio de escala, o dicho de otro modo, con aspecto de punto adimensional, elemental, particular, como un estado de superposición, por ejemplo, como un solo sujeto consciente e individual por cabeza.

¿Cómo sería posible algo como la subjetividad en un sistema no lineal?

Desde este punto de vista, el cerebro, un sistema no lineal, en su proceso evolutivo dinámico consigue recrear una propiedad emergente correspondiente a un sistema lineal: la superposición de todas esas mediciones en una sola medición única e individual que, en la práctica, consigue ser efectiva como el estado morfofuncional propio del sistema en evolución patente en ese momento a escala macroscópica.

De modo que en la naturaleza parece existir la posibilidad de la recreación, en un sistema no lineal, y a escala macroscópica, del comportamiento de un sistema lineal.

Como el sujeto es un ente abstracto, no concreto, así se explica que sea posible de algún modo un estado de superposición en un sistema no lineal: abstrayéndolo, recreándolo en el terreno de la abstracción (en vez de concretándolo, que no parece posible a todos los efectos).

¿Qué tendría de ventajoso el confinamiento de la percepción a simple vista en una escala macroscópica?

Una peculiaridad del funcionamiento del sistema cerebro, el confinamiento, que aparentemente supone una limitación del sistema, al limitar la percepción a una escala de medición, hace posible precisamente la peculiaridad de la propiedad emergente del sistema en tal estado morfofuncional: la subjetividad, lo cual hace posible que en la práctica el fenómeno tome la apariencia de un sujeto consciente que toma el control del comportamiento individual de un organismo.

La subjetividad es efectiva en un todo integrado. Lo no integrado en ese todo da la impresión de quedar excluido del todo (ésto quiere decir que uno no percibe lo mental pero no subjetivo), y lo incluido en la subjetividad aparenta estar confinado en el todo (ésto quiere decir que uno sólo percibe lo macroscópico), y viceversa. Parece lógico: si un contenido dado del pensamiento presente en la subjetividad corresponde a cierta actividad neuronal, si corresponde a cierta información codificada y procesada en determinadas neuronas, y si dichas neuronas se integran y se hace efectiva entonces la subjetividad, sólo las neuronas integradas de esa forma y en ese momento formarán parte de la subjetividad en ese momento, sólo esas neuronas formarán parte de aquéllo por lo que ese conjunto resulte patente, y no el resto de las neuronas que estén activas en ese cerebro pero no estén integradas en la parte subjetiva, ni tampoco formarán parte de la subjetividad las células pancreáticas, ni la silla en la que estemos sentados.

Mente y congruencia.

¿Qué es un sistema coherente?

Viene a cuento aclarar un poco qué se entiende aquí por coherencia, término con diversas acepciones posibles, pero en este caso haciendo referencia en particular a su acepción como congruencia (ausencia de contradicción), para lo cual se va a recurrir a Hofstadter y su libro Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle, del año 2.003. Según Hofstadter, un sistema es coherente con la realidad si todo teorema es verdadero, y además los teoremas son coherentes entre sí si son compatibles, o sea, verdaderos al mismo tiempo.

¿Qué es un teorema?



Un teorema es una proposición verdadera, por ejemplo, en un sistema de signos “equis”, y signos “igual a”, un teorema sería: X=X. Se confirma que un teorema es un teorema si la proposición es verdadera, si dicha proposición se puede verificar en dicho sistema con los elementos y los tipos de interacciones posibles en el sistema (las leyes del sistema), lo cual implica que hace falta tener un sistema dinámico, un conjunto de elementos, e interacciones peculiares y detectables. La presencia de interacciones peculiares determina que en el sistema no todo será posible, lo cual establece una evolución impredecible pero necesaria para el sistema, dado que no todo será posible. En el sistema habrá por definición interacciones posibles, y al ser dinámico se van a producir en cuestión de tiempo en función de su probabilidad.

En palabras de Bohm: “Verdadero es lo que es”. Sólo ocurrirá lo posible, y como algo va a ocurrir, ocurra lo que ocurra será lo posible, y por tanto lo verdadero.

¿Qué sería una proposición en el caso del sistema nervioso?

En una sinapsis el potencial de acción que se detecte será el que se descargue, no el que no se descargue, y, por ello, la información que se transmita en un circuito sináptico será por definición verdadera en todo caso. Por este motivo, una secuencia de potenciales de acción dada a lo largo de un circuito constituirá una proposición del sistema. Cada potencial de acción posible que se descarga a largo del circuito pasa a ser comprobable de acuerdo con las posibilidades del sistema, y así será si la descarga es efectiva. Una secuencia de descargas es un teorema en dicho sistema.

¿Qué son dos teoremas compatibles?

Si ahora un teorema del cerebro se asocia específicamente con un teorema del exterior, por ejemplo, si un fotón rojo que llega al pigmento de un cono rojo, el teorema externo, se asocia específicamente a un teorema interno, la descarga de trenes de potenciales consiguientes, ambos teoremas serán compatibles, verdaderos a la vez, porque ambos teoremas serán coherentes o congruentes entre sí.

¿Qué implica que los teoremas externo e interno sean compatibles en el caso del sistema nervioso?

Como dicha asociación entre lo externo e interno es consciente, dadas las características de la conciencia dicha representación puede ser compatible con la realidad, y así es posible que, por ejemplo, al ver caer un objeto que cae se perciba que ese objeto cae.

De manera que la conciencia de las cosas conlleva la congruencia de dicha conciencia con aquello de lo que se es consciente.

Como se acaba de ver, el pensamiento abstracto es coherente con la realidad macroscópica del entorno si la información cerebral sobre el entorno es compatible con el entorno. Sin embargo, como se ha visto al hablar de la retina, ya la transducción y codificación de información conlleva errores, por ejemplo, por pérdida de especificidad.

Uno intuye que es verdad lo que percibe del entorno, y a pesar de la evidencia cotidiana, más o menos científica, sobre el carácter ilusorio y parcial de la percepción, se disfruta de un sentimiento de certeza sobre la coherencia de los propios pensamientos.

De modo que la certeza de uno acerca de la congruencia de los pensamientos de uno sobre la realidad probablemente se deba a un sentimiento de certeza (evolutivamente conveniente), no a una verificación objetiva de dicha compatibilidad.

De hecho, con frecuencia uno se equivoca acerca de la certeza de sus interpretaciones, como ocurre, por ejemplo, en el caso de la percepción ilusoria (y no digamos en otros casos, como en el de los prejuicios).

De todos modos y en general en la práctica la percepción no suele ser excesivamente contradictoria con la realidad, a pesar de la complejidad de la mente.

¿Cómo consigue el cerebro ser coherente (congruente, no contradictorio) con la realidad circundante que se percibe si la percepción es macroscópica y el proceso neural correlativo fundamental es microscópico, neurona a neurona?

En un circuito microscópico ideal A-B-C (obsérvese la notación empleada), A sinapta con B, y B sinapta con C. La descarga de B es un efecto de la descarga de A transmitida a B. A es causa de B, y B causa de C. Entre A y B hay relación causa-efecto a escala neuronal en la práctica con un error despreciable a ciertos efectos, y relación de B con C. Pero A no es causa de C, al estar B por medio. La vinculación de A y C es de correlación. C depende de A. Sin descarga en A no hay descarga en C, pero A no es causa de C a escala microscópica, sino sólo el correlato, en este esquema simple.

El que una vinculación entre A y C sea de correlación resulta más patente en el cerebro vivo (no ideal), porque, en el cerebro, C tendría una infinidad de correlaciones. Tratar de buscar una causa al devenir de la mente, o a la subjetividad, resulta ilógico, al ser multicausal; no responde a un qué, sino a millones de qués y sus correlaciones, es decir, responde a un cómo.

En la escala macroscópica, y siguiendo con la visión esquemática y simple de este asunto, A-B-C puede constituir un todo, una red, mediante la integración de la asociación A-B-C, en la forma [A-B-C] (obsérvese la notación). Dada una asociación de redes, por ejemplo, de dos redes [A-B-C]-[D-E-F], se puede convenir que a escala macroscópica (escala de redes en este caso), dado que las redes constituyentes son efectivas como un todo, también actúan como elementos (partes irreducibles a ciertos efectos con un error despreciable en esta nueva escala) de un nuevo sistema, el sistema de procesamiento de redes, y, por tanto, se puede convenir también el establecimiento de vínculos de causalidad entre redes, si, por ejemplo, la red [A-B-C] estimula como un todo a la red [D-E-F] (por ejemplo, por reentrada).

Para que la primera red estimule como un todo a la segunda, lo que habría de ocurrir debería ser algo como lo siguiente: que A estimule a D a la vez (a la vez con un error despreciable a escala macroscópica, pues a escala microscópica será un intervalo, no un punto en la escala temporal) que B estimula a E y C a F.

El cambio de escala, con el paso desde la escala de circuitos a la escala de redes, supone un nuevo modo de cuantificar el aumento de complejidad en el sistema, es decir, supone un aumento de la información. Y aun así se seguiría manteniendo la coherencia del cerebro vivo con la parte de la realidad representada, pues no se pierde con el cambio de escala, por lo dicho.

¿Cómo consigue el cerebro ser congruente consigo mismo, si el pensamiento toma forma a escala macroscópica mientras que el proceso correlativo, la actividad neuronal, es fundamentalmente microscópica?

Tampoco se pierde la coherencia del cerebro consigo mismo, ya que, aunque se pase de la escala de circuitos a la de redes, como la vinculación causal entre redes se puede reducir a la vinculación causal entre neuronas la información no se vuelve contradictoria, pues para que una red sea causa de la otra, y viendo a qué se reducen, ha de cumplirse que A sea la causa de D, B la de E y C la de F, y que al mismo tiempo A sea la causa de B, B la de C, D la de E y E la de F. Y se cumple, por lo que la coherencia se mantiene en el interior a escala de redes, y como la exterior también se mantiene, la compatibilidad se conserva igualmente.

Por éso el procesamiento en la escala de redes, la escala macroscópica, puede seguir siendo compatible con la realidad externa también (que es justo lo que convenía, ya que la realidad macroscópica, por evolución y selección natural en ese sentido, ha resultado tener sentido precisamente a escala macroscópica).

Así es, entonces, cómo posiblemente la mente consigue ser congruente a pesar de su complejidad (su tendencia caótica): mediante la estructuración morfofuncional en redes neurales.

¿Cómo consigue la mente, el pensamiento, ser congruente también en el terreno de la abstracción?

Dada una red [A-B-C], desde la escala de las redes, la escala macroscópica (macroscópica respecto de la escala de circuitos y neuronas), A podría ser considerada la causa de C con un error despreciable en la práctica, y no sólo el correlato (como se decía antes que ocurría en la escala neuronal), pues considerar a A causa de C en la escala macroscópica no alteraría el procesamiento en forma de interacción de redes, al ser objetos integrales, y al ser la red efectiva como un todo en la práctica a ciertos efectos, de modo que lo que importaría en la escala macroscópica en la práctica sería la interacción de una red con otra como un todo.

La integración de redes en nuevas redes de complejidad creciente, que se configurarían como nuevos objetos elementales de otro sistema en la nueva escala emergente, implicaría que el cerebro se organizaría en supersistemas de complejidad creciente.

A pesar de esta complejidad, al poderse establecer vínculos de causalidad entre redes con un error despreciable, a simple vista no se pierde la coherencia (en el sentido de congruencia) del sistema, y se conserva un interesante grado de orden entre el desorden.

Al mismo tiempo, el pensamiento será compatible con la realidad exterior.

Como en el cerebro la información consciente procesada es abstracta, estas consideraciones acerca de neuronas y redes se deberían poder extrapolar al terreno de la abstracción, a la mente, y, por tanto, la coherencia del cerebro supone, por ejemplo, la coherencia de las frases que se construyen al computar el lenguaje, coherentes con la sintaxis por ejemplo, y también compatibles con los hechos del entorno reflejados, lo cual supone una coherencia a varias bandas, entre redes, objetos mentales abstractos, y los sucesos del entorno.

¿Cuál sería el fundamento de la incongruencia, cuando se dé?

Para Hofstadter la congruencia con la realidad externa depende de una adecuada interpretación de la realidad externa. Con tal motivo, un sujeto delirante, por más que dicho sujeto no lo entienda, es incongruente con la realidad externa.

La incongruencia tampoco ha de ser tomada a priori como algo esencial al cerebro, por lo que un sujeto delirante puede acertar a veces por casualidad en lo que a la congruencia se refiere, sin dejar por ello de ser delirante. En cada caso dependerá de la interpretación de los hechos pertinentes.

¿Influye la selección natural en la congruencia del pensamiento?

La persistencia de la coherencia entre sistema nervioso y entorno debe de haberse ido conformando durante millones de años, mediante la presión de la selección natural sobre los cambios evolutivos sucesivos, ocurridos en el sistema nervioso en forma de preadaptaciones, desde su forma rudimentaria en los primeros animales con neuronas hasta llegar a la actualidad, con todas las variedades de sistema nervioso que existen.

Una secuencia A-B-C en principio será coherente consigo misma, pero para ser congruente con la realidad externa lo primero que tendrá que ocurrir es que A-B-C logre persistir en lo que a su efectividad se refiere, debe superar el rasero de la selección natural. Es la consumación de la evolución en algún sentido lo que posiblemente establece el grado de coherencia del cerebro con la realidad externa. Como es lógico, cuanta mayor coherencia es de suponer que más probabilidades de adaptabilidad al medio habrá, a priori, y más posibilidades de sobrevivir, y cuanta mayor supervivencia, más posiblidades de que surja aun más coherencia a continuación, y así sucesivamente.

Véase un ejemplo relativamente simple de cómo un sistema [A-B-C] cualquiera se las apaña, al ser favorable (o indiferente) para la adaptabilidad, para perdurar en la naturaleza a lo largo de la evolución, al no ser eliminado por la selección natural: como ya se ha visto anteriormente a lo largo de la evolución ha quedado establecido que en el cerebro de un bebé recién nacido haya un subsistema neural encargado de lograr que el bebé parpadee cuando se le dirija un cuerpo cualquiera hacia los ojos. El bebé no discrimina qué se le dirige al ojo en particular, le basta con saber que un bulto amorfo es dirigido a su ojo para interpretar la presencia del peligro y la necesidad de cerrar el ojo. Y este comportamiento del bebé es innato, no necesita aprenderlo, sus genes moldean su cerebro de esta forma ya en el útero.

¿Es la incongruencia incompatible con la supervivencia de la especie?

La existencia de tantos sujetos manifiestamente incongruentes e incompatibles da a entender que la coherencia no precisa ser del 100%, ni con uno mismo ni con el entorno, y que hay un amplio margen de error tolerable por la selección natural en lo que a congruencia mental se refiere (como atestigua ese compendio de la sinrazón que es la historia universal), y es que el devenir es multifactorial y complejo (e impredecible).

¿Es la congruencia garantía de supervivencia?

La persistencia de A-B-C en la realidad se produce a lo largo de la evolución por un ajuste inconsciente, que incluye lo impredecible. Por ejemplo: una secuencia [A-B-C] dada podría ser apta para la integración congruente de un individuo (y su especie) en la realidad con éxito en la supervivencia, pero esta aptitud no podría evitar que [A-B-C] fuera inútil para la supervivencia si le cayera un rayo encima al individuo antes de reproducirse y transmitir así a su descendencia la secuencia genética apta, etc.

La memoria

¿Qué es la memoria?

Las neuronas cambian de estado con el tiempo. La memoria es el vínculo del nuevo estado con el pasado.

Conforme van siendo mayores las redes, mayor cantidad de información podrán contener, porque la cantidad de información es una medida de la complejidad de un sistema. Dicha información no requiere en el cerebro un lugar para almacenarla, éste no es el concepto de memoria en el caso de la mente, aunque intuitivamente pueda parecer lo contrario.

La información “nace” y “muere” en cada sinapsis. La memoria es por tanto un fenómeno local propio de cada sinapsis. Cada sinapsis posee una capacidad memorística limitada a dicha sinapsis.

Supuestamente cada código presentará una especificidad espaciotemporal. Si se recuerda un nombre de pila será porque dicho código se mantiene estable y constante en alguna región específica del cerebro, no porque el nombre esté grabado en un almacén para nombres de pila. Se recuerda porque la red específica que lo codifica posee memoria, la posee en cada sinapsis (y en una sinapsis no está el nombre “almacenado”).

En la sinapsis tiene sentido hablar de un antes y un después. El estado antes y después no será el mismo, y sin embargo la sinapsis será la misma. El cambio en la sinapsis indica que se puede hablar de un antes y un después en cada sinapsis.

¿Qué es la plasticidad neural?

La capacidad de cambio estructural en las sinapsis se denomina plasticidad neural, y parece ser que se produce en las sinapsis durante toda la vida, pues las sinapsis, durante la vida, crecen, maduran y degeneran de manera sistemática.

Los cambios estructurales en las sinapsis, implicados en el tipo de memoria efectivo en una sinapsis en un momento dado, por ejemplo: memoria a corto plazo o memoria a largo plazo, dependientes del tipo de estímulo, fueron investigados por Hebb, que comprendió la importancia fundamental de los mecanismos moleculares involucrados.

¿Qué tienen que ver la memoria y la capacidad de control?

Cuando uno recuerda algo no está recuperando un dato de un almacén, sino activando sinapsis actuales, estén en el estado que estén entonces.

Cuando los fenómenos sinápticos se consuman, dado que para la sinapsis hay un antes y un después, constituyen un después, y dicho después constituye a su vez una memoria del pasado.

Cuando un cambio de estado sináptico se consuma constituye una memoria del pasado, y al ser un hecho consumado ya no es un hecho por pasar, y por tanto ya no es un hecho impredecible. Y un hecho predecible ya es susceptible de control. Por tanto, la capacidad de control del cerebro (el hecho de que el sistema nervioso sea un sistema de control) depende directamente de la propiedad de la memoria.

¿Es fácil tener un concepto equivocado sobre la memoria?

La memoria no es un almacén de datos, como quien guarda grano en un silo. Recordar algo no es extraer un dato de un banco de datos, sino que consiste simplemente en que la información mental sea efectiva.

Si se piensa en algo que evoca al pasado entonces se considera que éso es un recuerdo del pasado. Si se piensa en algo del presente o del futuro no se considera que se esté recordando el pasado, sino pensando en el presente. Sin embargo el proceso es más o menos el mismo en ambos casos, pues todo pensamiento es un proceso de memorización, de modo que memorizar no es sólo recordar el pasado, también lo es pensar en el presente y en lo inmediato.

Todo pensamiento es un recuerdo, pues en todo caso se trata de un antes y un después en cada sinapsis. Pensar es recordar el presente, ya que todo recuerdo es efectivo en el pensamiento por primera vez, ya que todo fenómeno neuronal es irrepetible y único; que dos fenómenos neuronales se parezcan (por ejemplo, que pensemos en una palabra en un momento dado y volvamos a pensar en esa palabra al día siguiente) no significa que sean el mismo fenómeno (la misma palabra), serán distintos, y el segundo no será un recuerdo del primero, aunque lo parezcan por su evidente igualdad a simple vista.

Mientras no es efectivo un recuerdo (un cambio en una sinapsis), la información correspondiente no es que no esté almacenada, es que simplemente no está. Memoria no es acumulación, sino verificación actual de la relación interactiva siempre nueva entre neuronas en las sinapsis.

¿Es la memoria una verificación del pasado?

En la realidad, y la mente forma parte de la realidad, no parece que exista el pasado, o lo pasado, sino sólo algo así como un presente inasible que no deja de pasar de largo en su camino hacia un futuro que, como el pasado, tampoco parece que exista salvo en la imaginación sobre el porvenir.

La memoria no es la recuperación del pasado, ni la preparación del futuro, es la mera verificación del presente, suponiendo que a su vez el presente sea algo y no una mera abstracción ilusoria e intuitiva nuestra.

La memoria sería otra manera de expresar la medida del cambio correspondiente a las interacciones.

¿Tiene que ver la memoria con la histéresis?

La histéresis es un fenómeno descrito en física de acuerdo con el cual el estado actual efectivo de un sistema depende de su estado previo. Si en dicho sistema se cumple el principio de causalidad, el estado actual, al ser posterior al previo, sería un efecto del previo, y el previo su causa, y por tanto el efecto sería la memoria actual de aquella causa.

En las sinapsis el proceso avanza de modo automático, por mero tanteo, de manera regulada sistemáticamente. El tanteo se basa en la interacción entre neuronas mediante la transmisión de unas a otras de potenciales reales, es decir, transmisión a través de la sinapsis de los paquetes de neurotransmisores que cuantifican a dicho potencial, como se sobreentiende (información que es real, por lo que la mente es un proceso real).

El cambio de estado de la sinapsis depende de la estructura innata de la sinapsis, y de su plasticidad, pero también de algo más: de la histéresis sináptica, que tiene que ver con el cambio de estado en una sinapsis entre el antes y el después, de modo que no tienen por qué estar separados por un espacio de tiempo prefijado de manera predecible.

La histéresis es independiente de que el cambio se base o no en lo innato (genes), en lo adquirido (plasticidad), o en ambos, e independientemente de si se va a mantener por un plazo más o menos largo (mecanismos moleculares sinápticos hebbianos de memoria a corto o largo plazo).

¿Cómo puede la memoria informar sobre el pasado, si se verifica en tiempo presente?

Los cambios en este sistema dinámico, por los que el efecto sigue a la causa, llevan un tiempo; la memoria tarda un tiempo en formarse. Ésto da pie a la posibilidad de medir un trabajo en el sistema (midiendo la emisión de calor por el sistema durante el proceso de cambio). Es más, al ser cambios sistemáticos, por el efecto se puede conocer la causa, de ahí que la memoria pueda ser tomada como un recuerdo del pasado.

Memorizar no es acumular un objeto del pasado, intacto y sin cambios, sino que es la capacidad de saber cómo era el pasado al saber que el presente es un efecto causado sistemáticamente por el pasado.

¿Hay memoria en las sinapsis?

El cerebro emite calor, y es un sistema, y contiene sinapsis. Precisamente, gracias a que hay sinapsis en el cerebro, puede tener lugar el fenómeno de histéresis en él, gracias a que hay una estructura presináptica, el final del axón de una neurona, y una estructura postsináptica, la dendrita de la otra neurona, que hace posible que pueda establecerse este proceso causal de cambio de estado con histéresis, y puede considerarse a una respuesta neuronal un efecto (postsináptico) cuya causa es la actividad (presináptica) de otras neuronas. De ahí que sea posible afirmar en la práctica que los estados neuronales disfrutan de la propiedad de la memoria, y todas las ventajas que la memoria supone para el sistema, como la capacidad de computar, y de controlar.

¿Tiene que ver la memoria con la conciencia?

Se diría que la memoria es imprescindible para que la información mental sea consciente: para que haya conciencia debe pasar el tiempo, y para éso ha de haber un antes y un después en el sistema, para lo cual el sistema debe ser capaz de cambiar, y éso es lo que hace posible la memoria del sistema, un cambio que vaya del pasado al futuro.

¿Tiene que ver la memoria con la especificidad?

A simple vista un nombre de pila se recuerda igual una y otra vez, pudiendo dar la impresión de consistir el fenómeno en algo así como un nombre recogido por el sujeto con un cucharón de un pozo donde se guardan nombres de pila. Pero no parece que sea así: el nombre se recuerda igual, probablemente, porque el código específico es, dentro de un margen de error aceptable, igual de una vez a otra, y lo es, por ejemplo, por la estabilidad y congruencia del sistema, no porque memorizar consista en que el pasado permanezca inmutable en algún sitio, algo que se antoja imposible, al consistir el universo en lo contrario, en el cambio, incluido el cerebro, que posiblemente no repite un mismo estado dos veces.

Se diría que no hay pasado inmutable, sólo cambio, como un presente “resbaladizo” en cambio continuo.

Memorizar es un proceso que ocurre en el presente, si es que tiene sentido afirmar ésto, y precisamente se basa en el cambio continuo del estado al que denominar presente, a falta de otro término. Memorizar no tiene que ver con la permanencia de un pasado inmutable, no es la recuperación de los cambios remotos, que son ya irrepetibles, por la irreversibilidad de los sistemas, es decir, por el aumento de la entropía y el carácter no ergódico, o no repetitivo, del universo.

Si el nombre se recuerda igual se debe a que la red es suficientemente estable en el tiempo a ciertos efectos con un error despreciable en la práctica a escala macroscópica (a pesar del cambio fundamental a escala microscópica), no a que memorizar consista en guardar un pasado inmutable.

¿Tiene que ver la memoria con la estabilidad?

Si la red no fuera suficientemente estable a ciertos efectos al menos a escala macroscópica, el nombre se recordaría, pero distinto, con cada activación de la red. Así que hay que tener claro lo que memorizar significa: no es guardar grano en un almacén y tenerlo allí almacenado y después sacarlo del silo (dicho en sentido figurado). Ésta es la idea intuitiva inmediata a simple vista, pero no lo que probablemente ocurre en el cerebro.

¿Es la memoria información virtual?

Si memorizar fuese tener información inmóvil en el cerebro, como grano en un silo, dicha información inmóvil sería información abstracta irreal, y si fuese irreal (virtual) no sería recuperable. La mente es efectiva mientras se mantiene en marcha el proceso de movimiento de información abstracta. Un utópico almacén de información abstracta inmóvil no contendría información abstracta inmóvil, ya que no existe, y si no existe, tampoco se podría recuperar para formar un recuerdo. Parece imposible memorizar algo sin mover información.

¿Tiene que ver la memoria con el pensamiento?

No se puede predecir en qué estará pensando una persona al cabo de una hora, aunque sí que se puede predecir con certeza que, si sigue viva y consciente, estará pensando en algo.

Un nuevo estado de la mente no implica el olvido del estado anterior, sino que lo que ocurre es que la recreación del nuevo estado conlleva que el anterior deje de ser efectivo: hay una nueva configuración morfofuncional del cerebro por un cambio en los estados relativos de las sinapsis.

El nuevo estado de cada sinapsis no será cualquiera, sino que será una consecuencia del estado anterior, por el principio de causalidad y la histéresis (que conllevarán en la práctica la facilitación de ciertos estados, por ejemplo, de ciertos patrones de redes, que serán más probables que otros, y más específicos que otros en cada caso, por ejemplo, etc., y así serán posibles cosas como recordar nombres específicos).

Cada vez que se consume un estado morfofuncional en una sinapsis también quedará condicionado el estado futuro, al ser el futuro una memoria del pasado.

Pensar es un cambio por el que se pasa del pasado al futuro de modo sistemático, y, por tanto, pensar es memorizar.

Cerebro y mecánica cuántica

¿Qué es la mecánica cuántica?

Los fenómenos cuánticos son los que se explican con la mecánica cuántica, que parece ser que es la rama de la física que describe las interacciones entre partículas subatómicas, descripción que precisa una mecánica propia, distinta a la mecánica clásica.

La mecánica clásica explica la dinámica de los cuerpos macroscópicos, como las fórmulas newtonianas del tipo:

F = m x a.

La mecánica cuántica ha tenido que ser desarrollada debido a que las partículas subatómicas han resultado comportarse de manera contraintuitiva en comparación con los cuerpos macroscópicos. Por ejemplo: un cuerpo macroscópico, como pueda ser una persona, puede estar sentada en la silla A, o en la B, en el instante X, pero no en las dos a la vez. En cambio, ciertas partículas subatómicas, por ejemplo, un fotón, suponiendo que estar en una silla sea como estar en un estado cuántico, sí puede estar en dos estados a la vez en determinadas circunstancias. Esta rareza no se puede comprender a simple vista, ya que aunque puede ser enunciada matemáticamente, no puede ser imaginada visualmente.

Los físicos, durante el siglo 20, tuvieron que formular una física nueva, reservada a especialistas, la mecánica cuántica, para explicar fenómenos contraintuitivos de este tipo, fenómenos como la dualidad onda-corpúsculo descrita por de Broglie.

¿Qué son los fenómenos macrocuánticos?

Algunos de los fenómenos propios de la mecánica cuántica, y por tanto de la menor escala posible en la realidad conocida, son observables a simple vista con su comportamiento no-clásico, sobre todo cuando afectan a sistemas suficientemente grandes. Son los fenómenos macrocuánticos.

Si todas las partículas de un sistema están de un momento a otro en un mismo estado cuántico harán todas lo mismo, y éso a simple vista se detecta por alguna peculiaridad, como que un líquido formado por partículas en esta situación fluya por encima del borde de su contenedor en vez de quedarse en el fondo, como si estuviese a medio camino entre líquido y gas. Un fenómeno macrocuántico es por tanto un fenómeno cuántico perceptible a simple vista. Por ejemplo: la superfluidez del helio común líquido a 2,17º K es un fenómeno macrocuántico, explicable porque a tal temperatura muchos átomos de helio coinciden en un mismo estado y el helio tiende a comportarse como un solo objeto, lo cual se puede apreciar a simple vista tal como se ha dicho.

¿Es la mente subjetiva un fenómeno macrocuántico?

La subjetividad no deja de ser algo así como que parte de la compleja información de la mente asuma un mismo estado, una sola entidad, lo cual recuerda a un estado macrocuántico, ya que es un solo estado, y además reconocible a simple vista como fenómeno con entidad única (por éso se caracteriza la subjetividad, precisamente, la propiedad por la que la mente es patente en la forma del yo consciente, un ente único e individual en la práctica a ciertos efectos en determinada escala y dentro de un margen de error aceptable).

De modo que, como en otras ocasiones, es fácil encontrar una analogía entre lo que la mente hace y lo que las partículas subatómicas hacen, aunque se trata en este caso de una analogía sin sentido.

Hay autores que intuyen una vinculación entre la mecánica cuántica y los fenómenos mentales, por su carácter “cuántico”, como su instantaneidad, su carácter no local (se hablará de ésto más adelante), etc., y con diversos puntos de vista, unos más fundamentados y otros más especulativos y fantasiosos.

Pastor-Gómez ha hecho una revisión del asunto en su artículo Mecánica cuántica y cerebro, publicado en el año 2.002 en Revista de Neurología.

Cairns-Smith, en su libro Evolving the mind, afirma que hay personas que piensan que la conciencia (entendida la conciencia, supongo, como la experiencia consciente y subjetiva, el yo consciente) es de hecho un efecto macrocuántico de alguna especie.

Krasimira Kademova afirma que la percepción consciente se caracteriza por presentarse como un todo conformado por las partes del sistema, que no sólo se comportan como un todo, sino que: “…son esencialmente un todo, como ocurre en el fenómeno físico de la condensación Bose-Einstein (un fenómeno macrocuántico)”.

Hawking ha afirmado que la conciencia podría ser un fenómeno de coherencia cuántica en el cerebro (quizá no lo sea, probablemente, no, aunque sí que podría ser la recreación de uno entre objetos mentales, en el versátil terreno de la abstracción, como se verá más adelante).

La emergencia de la subjetividad quizá podría ser la recreación en el terreno de la abstracción de un fenómeno macrocuántico, como ha dicho Cairns-Smith (yo lo dudo), pero aun en tal caso difícilmente se trataría un fenómeno macrocuántico verdadero, dado que, aunque la mente parece un proceso físico, se trataría de un proceso biológico, no cuántico, ya que se reduce a neuronas, las cuales responden a una mecánica clásica. La mecánica cuántica explica las interacciones entre partículas elementales, no entre neuronas.

Durante la subjetividad los elementos implicados deberán estar de algún modo en un mismo estado morfofuncional para ser efectivos como un todo, estado correspondiente a lo que se detecte a simple vista como la propiedad de la subjetividad, pero es difícil que se trate de un fenómeno cuántico, de modo que la vinculación entre mecánica cuántica y cerebro posiblemente se trate de otra analogía sin sentido (a las que, si se recuerda, se ha hecho mención previamente, al citar a Bertalanffy).

Tal vez la subjetividad sea una mera recreación a gran escala de un estado cuántico, como mucho, pero no de un efecto macrocuántico, y ante todo sería una recreación de dicho estado cuántico, no uno verdadero.

¿Es la mente subjetiva una recreación a escala macroscópica, en el terreno de la abstracción, de un estado cuántico?

Se diría que, ya sea analogía sin sentido o isomorfismo, el estado cuántico recreado a gran escala en el que habrían de coincidir los objetos mentales que fueran a constituir la subjetividad tendría que ser un estado en el que cada objeto mental estuviera en su lugar del cerebro, es decir, cada neurona debería seguir en su sitio, en su región espacial cerebral… lo cual no es difícil, dado que las neuronas son inmóviles.

Entonces, si son inmóviles las neuronas, donde deberían coincidir los objetos mentales para ser efectivos con unicidad e individualidad, o sea, con subjetividad, no sería en un punto del espacio, sino que debería ser en un punto a lo largo de la dimensión del tiempo, no sería un dónde, sería un cuándo, un intervalo temporal dado que a gran escala fuese efectivo como punto o ente único e irreducible, y con un error despreciable de este hecho a gran escala en la práctica.

Y es que estamos acostumbrados a pensar intuitivamente que el cambio de escala por el que algo pasa, por ejemplo, de macroscópico a microscópico, y se empequeñece, se produce en función del espacio, dado que tendemos a ser capaces de visualizar fácilmente cómo algo se empequeñece en función del espacio. Pero si el cambio se produce en función del tiempo ocurre lo mismo, aunque nos resulte más incómodo visualizarlo, pero es fácil de visualizar si se representa gráficamente en abscisas y ordenadas. Si se representa visualmente en el espacio dichos cambios en función del tiempo, el objeto temporal representado gráficamente (espacialmente) sufrirá el mismo proceso que si se le “encoge” en función del espacio, o lo que es lo mismo, se empequeñecerá también a simple vista, y en su representación gráfica será espacialmente miscroscópico ahora. De modo que para entender el cambio de escala y cómo éste puede influir en nuestra compresión de la emergencia del yo consciente, debemos recordar que el tiempo también interviene en estas consideraciones, del mismo modo que el espacio, como una dimensión con escalas también.

¿Qué ocurre entonces si se representa el cambio de escala temporal de macroscópico a microscópico mediante alguna función temporal? Pues que se encoge también, pero puede resultar más difícil captar dicho empequeñecimiento si no nos explican claramente lo que está pasando, pues puede ser difícil de intuir al ser difícil de visualizar. Por ejemplo, si se reduce la escala de un sonido, como pueda ser la voz de un barítono, haciendo girar el disco de vinilo en el que esté grabada a más revoluciones por minuto, dicha voz pasará a ser aguda, la voz se habrá encogido en función del tiempo.

Es posible que el yo consciente emerja mediante un cambio de escala por una integración neural en función del tiempo entonces, dado que el sujeto se percibe a sí mismo como ente único e irreducible capaz de percibir una realidad macroscópica y compleja ante él, complejidad garantizada precisamente por esa unificación del yo no en el espacio en cada instante del presente, sino en el tiempo. El yo no sería entonces “un ente puntiforme o particular en el espacio”, sino “un ente puntiforme en el tiempo”. Por otro lado, así la realidad podrá ser percibida como heterogénea en cada instante. Por tanto, si la unificación del yo no se produce en función del espacio, tendrá que producirse en función del tiempo.

Toda la heterogénea información sensorial sobre una manzana, su forma, su color, su brillo, etc., debería ser percibida como un todo (una manzana individual) por recreación de un entrelazamiento entre esos objetos mentales (forma, brillo, etc.) en función del tiempo entonces, y así esta información sería percibida como una sola manzana. Y, como han sospechado los clásicos, esta integración de esas partes en un todo se fundamentaría entonces en una concurrencia temporal de las diversas neuronas que codificarían forma, color, etc.

Como ya se ha dicho, difícilmente será la sincronización neuronal el fundamento de dicha concurrencia temporal, de dicha integración neuronal en función del tiempo (a pesar de que ésto es lo que se ha sospechado durante décadas), si ha de haber heterogeneidad en lo que se percibe. La razón es que la sincronización neuronal llevaría a la homogeneización de la actividad neuronal, que sin embargo debería ser heterogénea para poder procesar las diversas partes implicadas (forma, brillo, etc., por ejemplo).

Como dicha complejidad debe corresponder a la representación cartográfica de dicha complejidad, en función del espacio, la unicidad como sujeto debe corresponder a una función temporal (algún tipo de concurrencia temporal, que no tendría por qué ser la sincronización), y para que un periodo de tiempo emerja con aspecto puntiforme nada mejor que un cambio de escala y una adecuada y oportuna pérdida de resolución (después de todo, el don de la oportunidad es parte clave de la evolución, la selección natural y la adaptabilidad, así que, otro error en el sistema, la pérdida de resolución en este caso, podría haber sido utilizado en esta nueva oportunidad en beneficio de la especie… otra vez).

¿En que consistiría la subjetividad, si fuese la recreación a escala macroscópica de un estado cuántico?

La subjetividad debería consistir entonces en que un periodo de tiempo en el cerebro sea efectivo como ente puntiforme a ciertos efectos, un periodo de tiempo a escala microscópica, una línea de puntos, pero patente a escala macroscópica, por pérdida de resolución, como un punto, único e indivisible, de tal modo que en ese punto la mente siga siendo patente, pero ahora con las características emergentes de unicidad e individualidad que definen al yo consciente (por tanto lo que hace falta no es generar un yo concreto, que suena a prodigio imposible, sino un cambio de escala y un confinamiento en dicha escala). Por ejemplo: si se mide el tiempo en una escala de segundos, que se reducirían, por ejemplo, a milisegundos (los segundos se puede dividir en milsegundos), un segundo parecerá un punto desde el punto de vista de los segundos, pero no desde el punto de vista de los milisegundos. A menor escala un segundo no será un punto sino un periodo de tiempo relativamente largo, una línea de mil puntos o milisegundos en este caso, un intervalo.

Dicho ente puntiforme a escala macroscópica se ha venido considerando que debería quedar explicado en parte por un fenómeno de sincronización neuronal, según diversos autores, algo que se está poniendo en duda. Aquí se propondrá otro tipo de mecanismo de concurrencia temporal como probable candidato para explicar ese cambio de escala por el que un periodo de tiempo emerge a simple vista como un fenómeno puntiforme, en la forma de la percepción de una sola manzana individual por un solo sujeto individual en un instante dado.

La emergencia del yo consciente

¿Se formarán ciertas redes neurales corticales peculiares durante la efectividad de la subjetividad de manera correlativa?

Según parece, la subjetividad se correlaciona con la efectividad de la red neural como estructura morfofuncional, una estructura macroscópica, existe ya alguna evidencia de ésto.

Por tanto, la subjetividad posiblemente emerge en el sistema mediante un cambio de escala, de microscópica a macroscópica, y un confinamiento en dicha escala macroscópica.

Esa parte de la mente que disfruta de la propiedad de la subjetividad, y que es patente en la forma del yo consciente en la práctica, adquiere ese carácter único e individual en función del tiempo, al adquirir la percepción, en cada instante en que es efectiva, un aspecto puntiforme en lo que a dicho instante se refiere, y dentro de un margen de error aceptable en la práctica.

Supóngase, por ejemplo, que una persona está pensando subjetivamente en la palabra SOL (obsérvese la notación empleada). En tal caso lo que ocurre en la práctica dentro de un margen de error aceptable es que la palabra SOL es patente para ese yo consciente. SOL constituye un todo al efecto de su percepción como palabra con entidad única e individual. Para que tal cosa ocurra deberá tener lugar la asociación e integración en una sola cosa, un todo, de las letras S, O y L. En este modelo ideal, cada letra correspondería a una red neural.

¿Por qué cada letra debería estar codificada en su propia red en este modelo ideal?

Supóngase a cada letra, antes de su integración, codificada cada una en su propia red. La razón para suponer que a cada letra le corresponde una red neural es la siguiente: una letra es también perceptible como un todo en algún momento, de modo que es imaginable que le pueda corresponder una red neural correlativa en algún momento también.

Para formar la palabra SOL, las tres letras deberán asociarse e integrarse en un todo, una nueva red que será la efectiva entonces.

¿Es el desciframiento de los códigos la clave para explicar la subjetividad, o cuál sería?

Las neuronas que codifican las letras, aparte de formar los trenes estereotipados espaciotemporalmente, distintos entre sí para que sea posible que cada uno posea el significado de cada letra, además deberán correlacionarse de algún modo para que la integración en SOL sea efectiva, y para que tal proceso consista en un cambio de la escala de percepción (pasando de la escala de las letras a la escala de las palabras) y un confinamiento en dicha escala macroscópica emergente (ya que cuando el todo efectivo sea la palabra, las letras ya no serán el significado efectivo), de manera que la palabra SOL pueda ser efectiva como algo único e individual, y por tanto subjetivo, patente como si lo fuese en la práctica, con un error despreciable, desde el punto de vista de un yo consciente.

En este ensayo no se va a discutir cómo se codifica cada letra, ya que éso no parece fácilmente predecible en este momento con la información disponible, y preferiblemente debería ser descubierto empíricamente.

Lo que aquí se va a discutir es el modo en que las neuronas se deben de estar comportando, cómo interaccionan sistemáticamente las redes correlativas, cuando, por ejemplo, el símbolo SOL está siendo efectivo como un todo único e individual (indivisible, irreducible a ciertos efectos en determinada escala con un error despreciable en la práctica). Se trata entonces de averiguar cuál sería el correlato neural de la experiencia mental consciente y subjetiva, o una parte de ese correlato que permanece desconocida, pues parte ya es conocida pero insuficiente, y que se antoja necesaria para explicar de manera más comprensible la presencia del enigmático yo consciente como parte de la realidad, ya que los elementos conocidos hasta ahora, sincronización, reentrada, etc., no permiten explicar suficientemente la emergencia del yo consciente (su patencia a escala macroscópica), ni su unicidad e individualidad.

Como se ve se conocen algunas de las probables piezas de este “puzzle” del correlato neural de la subjetividad, que lógicamente son las neuronas, su actividad como osciladores acoplados, la sincronización, el procesamiento neural, la estructuración en redes, la reentrada córtico-cortical y tálamo-cortical, etc., todo lo que se va mencionando a lo largo del ensayo, pero, como se ha dicho, falta esa pieza clave que explique cómo ese proceso de percepción consciente se vuelve subjetivo, con carácter único e individual, de tal manera que sea patente en la forma de un yo consciente. Falta entonces por saberse con precisión cómo concurren en el tiempo S, O y L, por ejemplo, para que la percepción consciente de SOL tenga lugar como si dicha palabra fuese una sola cosa individual, única e indivisible, y que por ello ilusoriamente parezca haber un sujeto único e individual, un yo consciente, pensando en SOL y por tanto acerca del sol, por ejemplo, y pensando también que el sol que flota en el cielo es un objeto único e individual.

¿Dependerá la emergencia de la subjetividad de una integración neural en función del tiempo, de una sincronización tal vez?

Las redes neurales correspondientes a S, O y L, para asociarse e integrarse, deberían estar acopladas para poder oscilar con concurrencia temporal, para que S, O y L fuesen efectivas a la vez, y dentro de un margen de error aceptable para ese “a la vez”, y así SOL (y por tanto el yo que piensa en el sol y la propia idea del sol) pueda ser patente como un todo sin fisuras en la práctica a ciertos efectos, con un error despreciable en la práctica.

S, O y L deberían estar conectadas, debería haber sinapsis entre las redes correspondientes, y deberían poder interaccionar entre sí como redes, retroactivamente, recíprocamente, tal vez por reentrada. Ésto haría factible que las tres redes fuesen compatibles durante el proceso de integración, es decir, verdaderas a la vez, pues S, O y L deben serlo, deben ser coherentes entre sí (compatibles) para que SOL sea efectiva como un todo; debe verificarse la activación de los tres códigos con una concurrencia temporal suficiente como para que SOL sea efectiva con un error despreciable en la práctica a cierta escala, a simple vista, pues la clave para que SOL sea un todo está en que S, O y L sean efectivas a la vez, de modo que su integración en este caso debe producirse de alguna manera peculiar, pero en función del tiempo para esa peculiaridad. El primer candidato obvio para explicar dicha peculiaridad sería la sincronización, como se intuye fácilmente, y sin embargo difícilmente lo será en la práctica, como ya se ha visto.

Dicha integración de redes para formar una sola red no parece que pueda basarse en la sincronización neuronal, pues supuestamente los códigos para S, O y L deberían ser distintos (ya que las letras lo son), y la sincronización o sincronización en fase, o sea, la coincidencia de fase, la coincidencia en el tiempo de los potenciales de acción de las neuronas implicadas, uno a uno, volvería idénticos a los códigos necesariamente. Por tanto la palabra SOL no se podría formarse por sincronización en fase de las neuronas individuales de S, O y L, ya que las redes de las tres palabras deben ser distintas, no pueden ser idénticas, ya que se trata de tres letras que no son idénticas, son distintas entre sí. Su concurrencia temporal en este caso particular y en otros similares deberá producirse por otro mecanismo de correlación neuronal que haga posible esa concurrencia temporal pero que no consista en la sincronización en fase.

La sincronización en fase que sí es útil como mecanismo de integración en otros casos, como al dar el cerebro la orden de contraer, por ejemplo, el músculo bíceps del brazo para rascarse una oreja, pues en este caso gracias a la sincronización en fase el bíceps sí puede ser efectivo como un todo a escala macroscópica. SOL, en cambio, no.

¿Dependerá la emergencia de la subjetividad de la complejidad del sistema?

Para que emerja la subjetividad el sistema debe alcanzar, supuestamente, cierto grado de complejidad, dado que la emergencia de propiedades y objetos en un sistema depende de su complejidad, parece ser. En primer lugar, para que emerja la subjetividad hay que suponer que ha de haber un número mínimo de neuronas necesario para que el sistema sea lo suficientemente complejo como para cruzar el umbral de emergencia de la subjetividad. En segundo lugar, para que emerja la subjetividad, las neuronas posiblemente han de hacer algo que no hacían hasta entonces al interaccionar de manera peculiar mediante su transmisión de potenciales de acción en las sinapsis; ha de haber un número suficiente de neuronas y con una forma de organizarse peculiar.

¿Tendrá que ver la emergencia de la subjetividad con el entrelazamiento cuántico?

   



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